Me obligué a levantarme, a lavarme la cara y a decirme a mí mismo que tenía que estar mejor. No podía pasarme la vida encerrado entre cuatro paredes, dándole vueltas al pasado, ahogándome en recuerdos que ya no podía cambiar ni borrar. Tenía que seguir adelante, tenía cosas que hacer, responsabilidades que cumplir, y esa fue la mejor forma que encontré para dejar de pensar en todo lo que le conté a Phoebe.
Y hablando de ella… me siento increíblemente aliviado de que las cosas entre nosotros sigan igual. Pensé que después de saber todo lo que sabe, de escuchar esa parte tan oscura y dolorosa de mi historia, la forma en que me vería o me trataría cambiaría. Pero no. Sigue siendo mi amiga, sigue estando ahí, y aunque debo admitir que no le conté toda la verdad, ni le dije cómo terminé exactamente alejándome de mi familia y convirtiéndome en quien soy ahora, el simple hecho de haber podido sacar todo eso me ha quitado un peso enorme de encima.
Ella se ofreció a prestarme su tableta para que pudiera trabajar, pero yo decidí que ya era hora de tener la mía propia. Fue una gran decisión, sin duda; ahora puedo trabajar mucho más rápido, tener todo organizado y no depender de nadie para hacerlo. Y para mantenerme la mente ocupada, lejos de pensamientos peligrosos, me puse manos a la obra con los diseños para el equipo femenil.
Ya terminé de digitalizar todos los bocetos, se los envié a las chicas y, para mi alegría, los aceptaron tal cual. Ahora estoy en la etapa de desarrollar todo el contenido para la campaña: fotos, grabaciones, ideas para publicaciones, todo lo necesario para que cuando todo empiece, esté listo. Anna, su capitana, me pidió específicamente que la campaña se lanzara justo después de su primer partido oficial, que será el 18 de febrero. Así que tengo una fecha límite clara y eso me ayuda a concentrarme. También ya envié todo lo relacionado con los uniformes, detalles, colores y materiales, así que eso ya está cerrado.
En cuanto a los chicos… volví a la pista durante la semana. Fue bueno regresar. Landon, Saúl, Elías, Raphäel, Mark y Calan fueron los primeros en acercarse, diciéndome que me habían extrañado y preguntando por qué no había ido ese dia. Les dije simplemente que había sido por un chequeo médico, que me dolía mucho la cabeza y que no me había sentido bien, y fue suficiente. No hicieron más preguntas, y agradezco que no hayan insistido.
Lo que más me sorprendió fue encontrar el vestuario y todo el material organizado. Bueno, no estaba perfecto, como si yo lo hubiera hecho, pero sí lo más ordenado que se puede esperar de ellos. Todo estaba en su lugar, nada tirado, nada roto. Así que no tuve casi trabajo administrativo, solo me dediqué a lo que realmente me gusta: trabajar con el hielo, revisar las marcas, los movimientos, preparar todo para los entrenamientos.
Killian también estuvo ahí, claro. Ese día, apenas llegué, se acercó lo justo y necesario para preguntarme, con esa voz suya que a veces no sé descifrar:
—¿Cómo sigues? ¿Ya estás mejor?
Le contesté que sí, que estaba bien, y desde entonces… casi no hemos hablado. Apenas unas palabras necesarias, indicaciones del entrenamiento, cosas breves. Nada de esas conversaciones raras, ni de esa cercanía que me desequilibraba. De hecho, me he dado cuenta de que ahora es él quien parece huir de mí. Es él quien se va a otro lado si yo me acerco, quien desvía la mirada, quien mantiene la distancia.
Y, por un lado, me digo a mí mismo que es mejor así. Me siento más tranquilo, más seguro, más dueño de mí mismo. Porque la verdad es que no me gusta para nada esa sensación de comodidad, de familiaridad, de confianza que a veces empiezo a sentir cuando estoy cerca de él. No debería sentirme así. Debería tratarlo como lo que es: el chico que me hizo daño, el chico que me quitó todo. Cuanto más lejos esté, menos riesgo corro de olvidar eso.
Aunque… creo que sé por qué está así, por qué está más distante, más serio y más irritable que de costumbre. Falta cada vez menos para el primer partido de la temporada. Se nota que está nervioso, tenso, con los nervios a flor de piel, y eso lo pone de mal humor. Es obvio que la presión de ser el capitán, de ganar, de representar a la escuela, lo está consumiendo un poco. Y aunque me diga que me da igual, lo veo, y lo noto.
Pero hoy, por estos instantes, solo me concentro en mis diseños, en mi trabajo, en tener la mente en blanco… Ahora mismo estoy aquí, con el equipo femenil, terminando de grabar el contenido que les he estado preparando. El ambiente es bueno, relajado, y trabajar con ellas siempre es agradable.
Arizona se acerca hasta mí, con esa sonrisa suya que ilumina todo, y me pregunta con curiosidad:
—¿Qué tal salió esa última toma? ¿Se me vio bien?
Le acerco la pantalla de la tableta para que ella misma vea lo que acabo de pasar de la cámara, y en cuanto lo hace, exclama encantada:
—¡Salí divina! Me encanta, Nathaniel.
—Obvio que sí —le respondo con total naturalidad—. Si tú eres guapísima, es imposible que salga mal cualquier foto o video que te haga. Tengo todo a favor.
Ella se ríe, encantada con el cumplido, y me dice con sinceridad:
—No es solo eso, y tú lo sabes. Es que tienes un talento increíble para esto. Parece que tienes el don de capturar siempre lo mejor de las personas, lo más bonito que hay en ellas.
Me río, un poco avergonzado, y le doy las gracias.
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Editado: 27.07.2026