Principe Del Hielo

21.- PREMIO DOBLE (DOS RUBIOS)

Voy de camino a la pista de hielo, y todavía recuerdo claramente cómo terminó todo en la noche anterior. Por suerte, no tuve que quedarme solo con Killian mucho tiempo: poco después de que saliera a la calle, llamé a Calan para contarle lo que pasaba, y llegó en cuestión de minutos. Entre los dos logramos cargarlo hasta su coche, y fue él quien finalmente se encargó de llevarlo hasta su departamento, ya que estaba demasiado borracho para sostenerse en pie, mucho menos para conducir.

Durante el trayecto de regreso a mi casa, me cruzó por la cabeza una duda: ¿cómo amanecerá? Pero enseguida aparto ese pensamiento. Conociendo el estilo de vida que lleva, lleno de fiestas, copas y noches interminables, supongo que debe estar más que acostumbrado a despertar con dolor de cabeza y la boca seca. No es algo que le vaya a causar problemas de verdad… o al menos quiero creerlo.

Hoy, sin embargo, no vengo a pensar en él. Tengo que enfrentarme a la otra Ashford: Keyla. Quedamos de vernos aquí una hora antes de que lleguen Landon, Saúl y Elías, para tener tiempo de hablar sin interrupciones y dejar todo claro desde el principio.

Y ya he tomado mi decisión: voy a aceptar su propuesta.

La verdad es que ya no me quedan muchas opciones. Con el tiempo que llevo aquí, he aprendido a conocer bien a los Ashford. Aunque Keyla no es igual de arrogante ni directa que su hermana menor, Perla, o incluso que el propio Killian, todos comparten algo en común: cuando quieren algo, encuentran la forma de conseguirlo, usando cualquier recurso que tengan a mano. Así como Killian logró convencerme —o, mejor dicho, obligarme— a ser asistente del equipo de hockey, Keyla ha logrado que me vea en la situación de tener que volver al patinaje.

No estoy seguro de si realmente habría cumplido con su amenaza de revelar quién soy si me negaba, pero tampoco tengo la menor intención de averiguarlo. Lo único que le pido a cambio es una cosa: que me ayude a mantener la mentira de que apenas estoy aprendiendo a patinar. Archie Windsor era conocido en el mundo del deporte por ser una promesa en el hockey sobre hielo, no en el patinaje artístico. Si hago como que me cuesta trabajo, que me caigo o que tengo que aprender los movimientos desde cero, nadie relacionará a ese chico del pasado conmigo. Y si Keyla colabora en esa farsa, será mucho más fácil mantener mi identidad oculta.

Aunque tenga que reconocerlo, y me cueste admitirlo en voz alta, no todo es obligación ni resentimiento. Por más que me haya repetido mil veces que ya no extrañaba esta parte de mi vida, que esa etapa había terminado y que estaba mejor lejos del hielo… la realidad es otra. Extrañaba estar sobre él. Extrañaba la sensación de deslizarse, de sentir el frío en la cara, de que el cuerpo responda a la música sin pensarlo. Y ahora que se me presenta la oportunidad de volver, aunque sea en unas circunstancias que no elegí, no puedo evitar sentir una emoción que me recorre todo el cuerpo.

Eso no significa que haya dejado de estar enojado, claro. Sigo molesto por la forma en que me presionó, por las amenazas y por haberme hecho volver cuando yo había decidido mantenerme alejado. Aunque, pensándolo bien, ¿qué esperaba? Al final, es hermana de Killian. La forma de actuar corre por la sangre en esta familia.

Cuando entro a la pista, el aire frío me recibe de inmediato, igual que siempre. Recorro con la mirada las gradas vacías y la veo: Keyla, sentada en uno de los primeros asientos, con las manos cruzadas sobre las rodillas y la espalda recta, esperándome. Me acerco con la misma distancia y formalidad que he usado con ella desde que nos conocimos. No voy a fingir que somos amigos ni a crear un vínculo que no necesito. Si con el tiempo nos llevamos bien, perfecto; si no, no me preocupa. Al fin y al cabo, solo la ayudaré hasta que su novio se recupere y pueda volver a competir, y entonces yo me alejaré de nuevo.

Aunque en cuanto pienso eso, me doy cuenta de que probablemente es una mentira que me estoy contando a mí mismo. Me conozco demasiado bien. Una vez que pise el hielo y empiece a entrenar, ¿seré capaz de dejarlo otra vez?

El patinaje ha sido mi vida desde que lo descubrí, y no creo que pueda volver a dejarlo tan fácil.

Keyla me saluda con la misma seriedad con la que me mira. Pero la primera pregunta que me hace me toma totalmente por sorpresa:

—¿Cómo está mi hermano? ¿Killian llego bien a casa?

Me quedo desconcertado. No recuerdo haberla visto en la fiesta de anoche, así que no entiendo cómo sabe que yo terminé ayudándolo. Aun así, respondo con sinceridad:

—La última vez que lo vi, ya iba camino a su departamento. Calan se encargó de llevarlo, así que supongo que ahora estará durmiendo o despertando con una resaca monumental.

Ella exhala un suspiro largo, como si le quitara un peso de encima, y me da las gracias:

—Me quedo mucho más tranquila sabiéndolo. A pesar de todo lo que paso entre ustedes, me da alivio saber que tiene a alguien que se preocupa por él.

La corrijo de inmediato, con claridad:

—No somos amigos, Keyla. Al principio, Killian me caía realmente mal, y no le tenía ninguna simpatía. Ahora, simplemente hemos aprendido a convivir. Ya no nos peleamos, podemos hablar sin que termine en discusión y hasta llevarnos relativamente bien, pero no hay nada de amistad entre nosotros.

Ella me mira y esboza una sonrisa muy particular, de esas que dicen claramente: no te creo ni una palabra. Pero no insiste en el tema, solo repite su agradecimiento una vez más.




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