Narrado por Killian
La verdad es que no tengo ni la más remota idea de qué demonios me está pasando con Nathaniel Malloray. No entiendo por qué acepté compartir habitación con él, ni por qué terminé insistiendo para que durmiéramos en la misma cama. Y lo que es peor: tampoco entiendo por qué, cuando desperté de madrugada y me di cuenta de que lo tenía entre mis brazos, no me aparté de golpe como debía haber hecho.
Al menos me quedé tranquilo de haber abierto los ojos antes que él. Si se hubiera dado cuenta de que era yo quien lo estaba abrazando, como si fuera la cosa más natural del mundo, no habría tenido forma de explicarlo sin quedar como un completo idiota. Así que me quedé quieto, esperando a que el sueño me volviera a ganar o a que mi propio cerebro volviera a la normalidad, hasta que logré separarme con cuidado sin despertarlo.
Simplemente no sé qué me está pasando. Siento que todo esto ya está llegando demasiado lejos.
¿Qué es esto? ¿Una obsesión? ¿Un capricho tonto que se me está yendo de las manos?
No encuentro otra palabra para definirlo. Al principio, hace solo unas semanas, estaba completamente convencido de que esto no duraría nada. Me repetía a mí mismo que, en cuanto pasara el fin de semana o llegara el lunes, volvería a la rutina y lo ignoraría como si nunca hubiera existido. Pensaba que así él se sentiría desplazado, se desilusionaría, me buscaría y todo terminaría ahí mismo. Me repetía una y otra vez que ya era suficiente, que no tenía por qué seguir cruzándome con él ni prestarle atención.
Sin embargo, para mi propia sorpresa, descubrí que era incapaz de cumplirlo. No pude ignorarlo, y mucho menos alejarme. Cada vez que lo tenía cerca, algo en mí se negaba a mantener la distancia. Y no entendía por qué. Me decía a mí mismo que quizá era simplemente que Nathaniel me caía bien. Al final, era un chico inteligente, educado, con principios, y tenía un talento increíble para ver las cosas con una claridad que a veces me faltaba. A pesar de lo difícil que habían empezado las cosas entre nosotros —y aunque sigo sin entender muy bien por qué al principio parecía que me odiaba con toda su alma—, reconocía que era una buena persona. Tal vez, simplemente, estábamos empezando a construir algo parecido a una amistad. O al menos, el intento de una.
Aun así, si solo fuera eso, tampoco tendría explicación lo que hice anoche.
¿Por qué le conté que quería volver al diciembre de 2021?
Ni siquiera a mí mismo me atrevía a decirlo en voz alta, era algo que guardaba para mí, algo que me pesaba en el pecho como una piedra. Y, sin embargo, se lo solté a él con una facilidad absurda, como si llevara años esperando a alguien que me escuchara. Lo más extraño de todo es que él no me preguntó a qué situación me refería, ni yo tuve el valor de profundizar. Simplemente sentí la necesidad de decírselo, y punto.
¿Por qué a él? ¿Por qué no a nadie más?
No lo sé. No entiendo nada. Me siento confundido, agotado y un poco furioso conmigo mismo por no tener el control de la situación.
Escuché cuando se levantó antes del amanecer. Oí sus pasos suaves, cómo habría su mochila con cuidado para no hacer ruido, cómo se cambiaba de ropa y cómo, finalmente, salió de la habitación cerrando la puerta muy despacio. Yo fingí seguir dormido, respirando hondo y manteniendo los ojos cerrados, aunque mi mente estaba completamente despierta y atenta a cada movimiento que hacía.
Me alegré de haber despertado antes y de haber dejado de abrazarlo; si se hubiera dado cuenta, habría sido la vergüenza más grande de mi vida.
Me levanté un rato después, pero desde que salió —debía ser alrededor de las siete de la mañana— no he dejado de darle vueltas a todo. Ya son las ocho o nueve, llevo sentado en el comedor con el desayuno casi intacto frente a mí, y mi cabeza sigue atascada en el mismo asunto. Quiero sacarlo de mis pensamientos de una vez por todas, pero es imposible: en cuanto me distraigo un segundo, aparecen esos ojos azules claros, esa expresión de confusión o de sorpresa, y todo vuelve a empezar.
Ya estoy harto. No quiero seguir pensando en esto. Soy Killian Ashford, sé lo que quiero y sé lo que soy: heterosexual. La posibilidad de que Nathaniel me guste es nula, descartada, imposible.
Entonces, ¿qué demonios me está pasando?
Ya ni siquiera sirve la excusa de que se parece a Archie, o que al principio me confundía. Ahora lo veo claramente: me interesa Nathaniel por ser él mismo, por su forma de ver el mundo, por sus palabras, por esa forma de ser que me saca de quicio y me hace querer saber más. Y no entiendo por qué.
Tampoco entiendo por qué me molestó tanto verlo irse con Gianno Franconi en San Valentín. Aunque, siendo sincero conmigo mismo —algo que no suelo hacer muy a menudo—, admito que lo que más me enojó fue pensar: ¿Qué demonios tiene ese italiano para venir aquí a coquetearle a él? ¿Qué tiene que yo no tenga?
Solo ese pensamiento ya me hacía apretar los dientes y sentir cómo me subía la ira por el pecho.
—¿Estás bien, Killian?
La voz de Enzo me sacó de golpe de mis pensamientos, y sentí cómo su mano se posaba sobre la mía, que descansaba sobre la mesa.
Levanté la vista bruscamente, con el ceño fruncido.
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Editado: 27.07.2026