Prisionera

4. Malas noticias.

—Estoy cansado, ¿podemos detenernos un momento? —me pregunta mi acompañante y yo no dudo en aceptar, ya que de verdad lo veo muy agotado.

Nos sentamos bajo la sombra de un árbol. Abro el morral que nos han dado las buenas personas que nos cobijaron y me encuentro comida y suficiente agua. Solo esto, puedo hacer que duremos caminando hasta que lleguemos a la civilización, que, a palabras del señor, no estamos lejos.

Decir eso es relativo, ya que para ellos puede resultar cercano, pero para nosotros no porque ya llevamos mucho tiempo caminando y todavía no hay rastro de carretera alguna.

Bebemos agua y comemos algo y ya puedo ver que ambos tenemos un mejor aspecto.

—Debemos continuar, antes de que el cuerpo se enfríe y sea más difícil —indico al ponerme de pie.

—Eres muy valiente, sin ti, tal vez estuviera muerto ya —dice sin levantarse todavía.

—Decía alguien que alguna vez conocí, cada persona llega a tu vida por alguna razón y parece que llegué a ti para salvarte la vida, así que me debes mucho.

—Te pagaré con creces tu ayuda.

—Lo que menos me interesa es el dinero regalado, si de verdad quieres ayudarme; necesito trabajo, uno que pueda ser suficiente para darle una mejor vida a mi hermanito.

—Hablas mucho de él.

—Es mi vida, el motivo de que cada día salga en busca de nuevas oportunidades, Santi es como un hijo para mí.

—Compartimos nombre.

—Tal vez por eso sigo ayudándote.

—¿Sabes que significa el nombre? —Muevo la cabeza en negación—. Dios nos recompensará y ten por seguro que, con ese buen corazón que tiene, tu recompensa pronto llegará.

—No pido nada para mí.

—Eso es lo que te hace una mejor persona.

—Dejemos de hablar y mejor continuemos. —Cambio la conversación porque, la verdad, no estoy muy acostumbrada a tanto alago y prefiero concéntrame en otra cosa.

Thiago se sostiene de mi mano para levantarse y en un segundo se encuentra de pie y con más ánimo de continuar la travesía. Caminamos un par de metros antes de detenerme al ver un palo que le puede servir de bastón.

—Prefiero sostenerme de ti, tú me das seguridad.

A mí tampoco me molesta sostenerlo de la mano, pero es algo que no le voy a decir por qué me da vergüenza aceptar que disfruto de su cercanía.

Me sorprendo del poco tiempo que llevamos conociéndonos y al mismo tiempo, lo cercano que nos hemos vuelto. Una amistad nacida de una tragedia.

Pasado un rato más de camino, al fin nos encontramos con la carretera que las personas nos habían indicado, eso nos da un poco de esperanza. Avanzamos con la esperanza de que algún auto, pase pronto, pero al poco rato nos damos cuenta de que este por aquí todo luce muy solitario, mucho más que cualquier desierto.

—Será mejor que nos sentemos a descansar un poco. —Esta vez soy yo quien lo propone después de resignarme a que todavía falta mucho antes de regresar a casa.

—Mira, por ahí viene una camioneta. —Me asomo y compruebo que es verdad, viene un auto demasiad viejo. Enseguida que se acerca, hago señales para que se detenga. Para frente a nosotros y pareciera que no nos ve, aunque, después de avanzar unos cuantos metros lejos de nosotros, por fin se para.

Corro hasta alcanzarlo, dejando a Thiago en la lejanía.

—Buenas tardes. Buscamos quien nos lleve a algún pueblo donde podamos hacer alguna llamada —digo enseguida que baja el vidrio de su destartalado auto.

—Buenas. Ustedes no parecen de aquí. —Su afirmación la hace al analizarme más de la cuenta.

—No lo somos, por eso necesitamos llamar, para que vengan por nosotros.

Me mira tratando de encontrar verdad. Yo pongo mi mejor cara, esa angelical para poder convencerlo, a este punto, casi estoy dispuesta a cualquier cosa para que nos saquen de aquí, estoy desesperada y si me dice que no, voy a caer derrumbada y no voy a tener ganas de continuar.

—Está bien, suban y que sea lo que Dios quiera.

Ya Thiago se encuentra a mi lado y lo ayudo a subirse, esperando que, esta vez, podamos encontrar un sitio que nos pueda ayudar. El calor es intenso, pero el paisaje es hermoso y prefiero concéntrame en eso para no volverme loca.

El cansancio me está venciendo, mis ojos se cierran y trato de hacer mi mejor esfuerzo para no quedarme dormida, quiero ser consiente de todo y estar preparada para cualquier inconveniente, que, si alguien quiere hacernos daño, pueda tener alerta todos mis sentidos.

—Hasta aquí puedo dejarlos. —Nos informa el buen hombre que nos ha ayudado. Volteo a ver a Thiago para que bajemos y lo veo completamente dormido.   

—Existe alguna comandancia o policía que pueda ayudarnos.

—Sabía que estaban metidos en problemas. Bájense. —Se altera el hombre al oír mencionar la palabra policía.

—No es lo que cree. Por ahora no puedo pagarle con nada más que con esto. —Entrego una tarjeta más que sigue en la bolsa de la camisa de Thiago. Por fortuna es algo que no le quitaron y espero que él en un futuro pueda ayudarlos a manera de contribución por todo lo que han hecho por nosotros.




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