Prohibido desear al hijo de mi padrastro

Capítulo 4: Demasiado cerca

No dormí.

Y no era porque la cama fuera incómoda.

Ni porque la casa siguiera sintiéndose ajena.

Era por él.

Otra vez.

Sebastián Varela.

Cerré los ojos con fuerza.

Error.

Porque lo único que conseguía era recordar.

"Mientras ella hablaba… yo pensaba en ti."

Idiota.

Maldito idiota.

Me giré sobre la cama por décima vez.

Dos de la mañana.

Dos y cuarenta.

Tres quince.

Perfecto.

Ni siquiera dormir podía hacer bien últimamente.

A las cuatro me rendí.

Me levanté.

Necesitaba despejar la cabeza.

Bajé las escaleras en silencio.

La casa estaba oscura.

Tranquila.

Demasiado.

Abrí la nevera.

Agua.

Solo quería agua.

—¿Insomnio?

Casi dejo caer el vaso.

Giré inmediatamente.

—¿Qué demonios haces aquí?

Sebastián estaba sentado en la sala.

Sudadera gris.

Cabello despeinado.

Y una expresión cansada que nunca le había visto.

—Vivo aquí —dijo tranquilo.

—Deberías avisar cuando apareces así.

—¿Así cómo?

—Como un fantasma.

—Interesante comparación.

—No estoy de humor.

—Lo noté.

Me giré otra vez.

—Buenas noches.

—No son buenas.

Lo ignoré.

O lo intenté.

—No pudiste dormir.

No era pregunta.

Era afirmación.

—Sí pude.

—Mientes horrible.

—¿Siempre haces eso?

—¿Qué cosa?

—Creer que lo sabes todo.

Se levantó lentamente.

—No todo.

—Qué alivio.

—Pero sé algunas cosas.

—No me interesa.

—No dormiste por mí.

Silencio.

Mi mano apretó más fuerte el vaso.

—No eres tan importante.

—Ya lo dijiste antes.

—Porque es verdad.

—Claro.

Lo odiaba.

Lo odiaba demasiado.

Porque siempre parecía tranquilo.

Como si nada lo afectara.

Como si yo fuera la única perdiendo el control.

—¿Por qué haces esto? —pregunté finalmente.

—¿Hacer qué?

—Provocarme.

Por primera vez dejó de sonreír.

—Porque tú también lo haces.

—Yo no—

—Sí.

Se acercó.

No mucho.

Lo suficiente.

—Y lo sabes.

Mi respiración empezó a volverse más lenta.

Más consciente.

Otra vez.

Siempre otra vez.

—No todo gira alrededor de ti.

—Nunca dije que sí.

—Entonces deja de actuar como si—

—¿Quieres saber algo?

Me quedé callada.

Error.

—Intenté mantener distancia.

Parpadeé.

—¿Qué?

—Desde que llegaste.

—No te creo.

—No necesito que lo hagas.

Lo observé.

Por primera vez parecía distinto.

Más serio.

Más real.

—No eres lo que esperaba —dijo finalmente.

—Tú tampoco.

Silencio.

Pesado.

Extraño.

—Nicole me preguntó por ti.

Sentí algo incómodo.

Molesto.

—No me importa.

—Le caíste mal.

—Qué tragedia.

—Y eso me hizo gracia.

—Qué bueno por ti.

—¿Quieres saber por qué?

—No.

—Porque creo que entendió algo antes que tú.

No respondí.

Porque no quería escuchar.

Porque no quería saber.

—Buenas noches, Sebastián.

Intenté pasar a su lado.

No pude.

Su mano sostuvo mi muñeca.

Suave.

Pero firme.

Y el aire volvió a sentirse diferente.

—Sebastián—

—Mírame.

—No.

—Mía.

Maldita sea.

Lo hice.

Error.

Error enorme.

Porque estaba demasiado cerca.

Y porque esa mirada…

esa mirada iba a terminar destruyéndome.

—Suéltame.

—No hasta que respondas.

—No tengo que responder nada.

—¿Por qué te molestó Nicole?

—No me molestó.

—Mientes.

—No—

—Mía.

Mi nombre.

En su voz.

Tan bajo.

Tan peligroso.

—No juegues conmigo.

—Nunca he estado jugando.

Mi corazón golpeaba fuerte.

Demasiado fuerte.

—Esto está mal.

—Lo sé.

—Entonces aléjate.

No lo hizo.

Por supuesto que no.

—Sebastián—

—Dime que no sentiste nada.

No pude.

Porque estaría mintiendo.

Y él lo sabía.

—Dilo.

—No.

—¿Por qué?

—Porque no quiero.

Silencio.

Pesado.

Intenso.

Y por primera vez…

algo cambió en sus ojos.

Algo más vulnerable.

Más humano.

—Ese es el problema —susurró.

—¿Cuál?

—Que yo tampoco quiero.

Y por primera vez desde que llegué…

sentí miedo.

No de él.

De mí.

Porque ya no estaba segura de poder seguir alejándome.

Y eso…

eso era peligroso.

Muy peligroso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.