No podía dejar de mirar la pantalla.
La fotografía seguía allí.
Blake y yo sentados en el banco del parque.
Nuestras manos entrelazadas.
Su mirada sobre mí.
Era una imagen demasiado íntima para que alguien pudiera haberla tomado por casualidad.
—Emily.
La voz de Blake me hizo levantar la cabeza.
—¿Qué pasa?
Le mostré el teléfono.
Su expresión cambió inmediatamente.
Tomó el móvil y observó la fotografía.
—¿Quién la tomó?
—No lo sé.
—¿Cuándo te llegó?
—Ahora.
Blake volvió a mirar la imagen.
—Hay alguien que nos está siguiendo.
Sentí un escalofrío.
—¿Y si sabe dónde vivimos?
—No pienses en eso.
—¿Cómo no voy a pensarlo?
Blake me devolvió el teléfono.
—Vamos a averiguar quién es.
—¿Cómo?
—Primero guardamos todos los mensajes.
—¿Y después?
—Se lo contamos a un adulto.
Lo miré sorprendida.
—¿A quién?
—A tus padres. A los míos. A alguien del instituto. A quien sea necesario.
—No quiero que esto se haga más grande.
Blake tomó mi mano.
—Emily, ya es grande.
Tenía razón.
Esa noche apenas dormí.
Cada vez que cerraba los ojos veía la fotografía.
Alguien había estado allí.
Observándonos.
Esperando.
A las dos de la madrugada, mi teléfono vibró.
Me incorporé de golpe.
Número desconocido.
"¿Ya tienes miedo?"
Sentí que el corazón se me aceleraba.
No respondí.
Un segundo mensaje apareció.
"Deberías."
Bloqueé el número.
Pero inmediatamente llegó otro mensaje desde un número diferente.
"Bloquearme no hará que desaparezca."
Dejé caer el teléfono sobre la cama.
No podía respirar.
Entonces llamé a Blake.
Contestó al segundo tono.
—¿Emily?
No dije nada.
—¿Emily, qué pasa?
—Me escribió otra vez.
Su voz cambió.
—¿Dónde estás?
—En mi habitación.
—Quédate ahí. Voy a llamarte por videollamada.
—Blake...
—No estás sola.
La llamada cambió a vídeo.
Apareció su rostro en la pantalla.
—Mírame.
Lo hice.
—Respira.
Intenté hacerlo.
—Otra vez.
Respiré.
—Eso es.
Poco a poco conseguí calmarme.
—Tengo miedo —admití.
—Lo sé.
—No quiero que te pase nada.
Blake sonrió suavemente.
—No va a pasarme nada.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque voy a tener cuidado.
Lo miré en silencio.
—Blake.
—¿Sí?
—Gracias por estar aquí.
—Siempre.
Me quedé mirándolo.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras.
—¿Cuándo te enamoraste de mí?
Blake sonrió.
—¿Ahora quieres saberlo?
—Sí.
Pensó unos segundos.
—Creo que fue una noche en la que tú ni siquiera te diste cuenta.
—¿Qué noche?
—La fiesta de cumpleaños de Lucas.
Fruncí el ceño.
—¿Hace cuánto?
—Dos años.
Abrí los ojos.
—¿Dos años?
—Sí.
—Pero yo estaba con Lucas.
—Lo sé.
—¿Y nunca dijiste nada?
—Te quería demasiado como para arruinar tu felicidad.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Pensabas que era feliz?
—Sí.
—No lo era.
Blake se quedó callado.
—Ahora lo sé —dijo finalmente.
Sonreí.
—¿Y ahora?
—Ahora sé que quiero intentarlo contigo.
Mi corazón volvió a acelerarse.
—Yo también.
Blake sonrió.
—Entonces prométeme algo.
—¿Qué?
—Que no vas a dejar que alguien que ni siquiera conocemos decida por nosotros.
Asentí.
—Lo prometo.
Al día siguiente llegamos juntos al instituto.
No nos escondimos.
Blake tomó mi mano frente a todos.
Algunas personas nos miraron.
Otras comenzaron a murmurar.
Pero por primera vez no me importó.
—¿Segura? —preguntó Blake.
—Sí.
Sonrió.
Entramos al edificio.
Pero apenas llegamos a nuestros casilleros, Lucas apareció.
—Tenemos que hablar.
Blake soltó mi mano.
—¿Qué pasó?
Lucas miró alrededor.
—No aquí.
Los tres nos alejamos hacia un pasillo vacío.
Lucas sacó su teléfono.
—Anoche alguien me escribió.
Me mostró la pantalla.
Sentí que se me helaba la sangre.
El mensaje decía:
"Tu mejor amigo está enamorado de tu ex. ¿Cuánto crees que tardarán en destruirte?"
—¿También te están escribiendo? —pregunté.
Lucas asintió.
—Desde ayer.
Blake frunció el ceño.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque quería saber si era algo relacionado contigo.
—¿Y?
Lucas miró a Blake.
—Creo que sí.
—¿Por qué?
Lucas abrió una fotografía.
Era otra imagen.
Blake y yo hablando en el parque.
Pero esta vez se veía claramente a la persona que había tomado la foto.
Estaba escondida detrás de un árbol.
No podía distinguir su rostro.
Pero reconocí la chaqueta.
—Esa persona...
Lucas me miró.
—¿La conoces?
Negué lentamente.
Blake tomó el teléfono.
—Yo sí.
Lo miré.
—¿Quién?
Blake levantó la mirada.
Su rostro había perdido todo rastro de tranquilidad.
—Ethan.
Lucas asintió.
—Eso mismo pensé.
Sentí un escalofrío.
—¿Por qué haría esto?
Blake no respondió.
Lucas guardó el teléfono.
—Porque no quiere que ustedes estén juntos.
—¿Y cómo sabes eso? —pregunté.
Lucas me miró seriamente.
—Porque Ethan estaba obsesionado con Emily.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
Blake apretó la mandíbula.
—Nunca te lo conté porque pensé que no importaba.
—¿Qué no me contaste?
Lucas respiró profundamente.
—Ethan estuvo enamorado de ti durante años.
Miré a Blake.