Llegamos al lugar indicado poco antes de las ocho.
Era una pequeña cafetería alejada del centro.
Sarah estaba sentada junto a la ventana.
La reconocí inmediatamente.
No porque hubiera visto muchas fotografías suyas.
Sino porque había algo en sus ojos que me resultaba familiar.
Demasiado familiar.
—Emily.
Su voz hizo que me detuviera.
Blake tomó mi mano.
Sarah se levantó lentamente.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Has crecido muchísimo.
No supe qué responder.
—¿Por qué nunca viniste a buscarme?
Sarah bajó la mirada.
—Porque tu padre me hizo prometer que permanecería lejos de ti.
—¿Y aceptaste?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque creí que era la única forma de mantenerte viva.
Sentí un nudo en la garganta.
—Todos dicen lo mismo.
Sarah asintió.
—Lo sé.
Blake se acercó.
—¿Tú sabes quién creó realmente el Proyecto Bennett?
Sarah lo miró.
—Sí.
—¿Quién?
Sarah tardó unos segundos en responder.
—Mi hermano.
Blake frunció el ceño.
—¿Mason?
—Sí.
—Pero él dijo que el proyecto ya existía antes.
—Era cierto.
Sarah respiró profundamente.
—Pero Mason no lo creó para proteger a nadie. Lo transformó.
—¿En qué?
—En un sistema para controlar familias.
Sentí un escalofrío.
—¿Y por qué nosotros?
Sarah me miró.
—Porque nuestras familias tenían algo que Mason necesitaba.
—¿Qué?
—Información.
—¿Sobre qué?
Sarah sacó un sobre.
—Sobre el origen del proyecto.
Lo dejó sobre la mesa.
—Este documento demuestra quién lo comenzó realmente.
Blake lo abrió.
Leímos juntos.
Había una fotografía antigua.
En ella aparecían varias personas.
Mis padres.
Los padres de Blake.
El padre de Ethan.
Y una mujer.
Sarah.
Pero había alguien más.
Una persona que no reconocíamos.
—¿Quién es él? —pregunté.
Sarah miró la fotografía.
—El fundador original.
—¿Cómo se llama?
Sarah tragó saliva.
—Daniel Carter.
Lucas, que nos había seguido hasta la cafetería, se quedó inmóvil.
—¿Carter?
Sarah lo miró.
—Sí.
Lucas palideció.
—Ese es mi apellido.
Sarah asintió.
—Daniel Carter era tu abuelo.
Lucas dio un paso atrás.
—No puede ser.
—Tu familia fundó el proyecto.
Lucas parecía incapaz de hablar.
—Entonces mi padre...
—Continuó el trabajo de tu abuelo.
Lucas se llevó las manos a la cabeza.
—Dios mío.
Sarah sacó otro documento.
—Pero hay algo más.
Lo colocó sobre la mesa.
Era un registro de nacimiento.
El mío.
Mi nombre aparecía escrito.
Emily Carter Bennett.
Fruncí el ceño.
—¿Por qué aparece Carter?
Sarah me miró.
—Porque ese era el apellido que figuraba originalmente en tu registro.
—¿Por qué?
—Porque tu padre quería proteger tu identidad.
Blake tomó el documento.
—¿Y quién decidió cambiarlo?
Sarah respondió:
—Mason.
—¿Por qué?
—Porque quería que tu existencia permaneciera oculta incluso para quienes estaban dentro del proyecto.
Me quedé mirando el papel.
—Entonces toda mi vida...
—Fue construida sobre secretos.
Sarah tomó mi mano.
—Lo siento.
La miré.
Por primera vez pude observarla de cerca.
No sentí rechazo.
Solo tristeza.
—¿Por qué siento que te conozco?
Sarah sonrió entre lágrimas.
—Porque quizá una parte de ti siempre me recordó.
No pude evitar abrazarla.
Sarah me rodeó con los brazos.
Lloramos en silencio.
Después de unos minutos me separé.
—Quiero preguntarte algo.
—Lo que quieras.
—¿Qué pasó realmente con mi padre?
Sarah miró hacia la ventana.
—Tu padre descubrió que Mason estaba utilizando el proyecto para controlar a las familias.
—¿Y qué hizo?
—Intentó destruir los archivos.
—Pero no pudo.
—No.
Sarah negó.
—Antes de conseguirlo, descubrió algo peor.
—¿Qué?
Sarah me miró.
—Mason había creado una lista.
—¿Una lista de qué?
—De los niños que serían utilizados para continuar el proyecto.
Sentí un escalofrío.
—Nosotros.
Sarah asintió.
—Tú, Blake, Ethan, Lucas, Chloe y Olivia.
Blake apretó mi mano.
—¿Y qué querían que hiciéramos?
—Que ocuparan el lugar de sus padres.
—¿Y si nos negábamos?
Sarah guardó silencio.
—¿Qué?
—Entonces Mason utilizaría la información que tenía sobre sus familias para destruirlas.
Blake negó.
—Eso es chantaje.
—Sí.
La puerta de la cafetería se abrió.
Todos nos giramos.
Mason entró.
Sarah palideció.
—No...
Mason sonrió.
—Me alegra verlos a todos juntos.
Blake se puso delante de mí.
—No te acerques.
Mason levantó las manos.
—No quiero hacerles daño.
—Mentiroso —dijo Ethan.
Mason lo miró.
—Tu padre te enseñó bien.
—¿Dónde está mi madre?
Mason sonrió.
—Más cerca de lo que imaginas.
Ethan se quedó inmóvil.
—¿Qué significa eso?
Mason no respondió.
En cambio, miró a Lucas.
—Y tú.
Lucas retrocedió.
—¿Qué quieres de mí?
—Lo mismo que quería tu padre.
—¿Qué?
Mason sacó un documento.
—La última llave.
Lucas palideció.
—No la tengo.
—Sí la tienes.
—No.
Mason sonrió.
—La tienes desde que eras niño.
Lucas negó con la cabeza.
—No sé de qué hablas.
Mason miró hacia mí.
—Entonces quizá Emily pueda ayudarte a recordarlo.
Sentí un escalofrío.
—¿Cómo?
Mason sonrió.
—Porque tú estabas allí.
—¿Dónde?