Prohibido Enamorarme De Ti

Capitulo 30

Habían pasado tres meses desde aquella noche.

Tres meses desde que el Proyecto Bennett dejó de existir.

Tres meses desde que nuestra vida dejó de ser un secreto.

Y, aunque todavía había días en los que todo parecía irreal, finalmente podíamos respirar.

Sin amenazas.

Sin archivos secretos.

Sin personas siguiendo nuestros pasos.

Éramos libres.

De verdad.

Estaba sentada frente al lago cuando escuché unos pasos detrás de mí.

No necesitaba girarme para saber quién era.

—Llegas tarde.

Blake se sentó a mi lado.

—Solo cinco minutos.

—Siete.

—¿Los contaste?

—Por supuesto.

Sonrió.

—Me extrañaste.

—Un poco.

—Mentira.

Lo miré.

—Mucho.

Blake tomó mi mano.

Durante unos segundos nos quedamos en silencio.

Ya no necesitábamos llenar cada momento con palabras.

Después de todo lo que habíamos vivido, aquel silencio se sentía como un regalo.

—¿Has pensado en lo que vas a hacer después de terminar el instituto? —preguntó.

—Sí.

—¿Y?

—Quiero estudiar literatura.

Blake sonrió.

—Sabía que dirías eso.

—¿Y tú?

—Arquitectura.

—¿En serio?

—Sí.

—Nunca me lo habías contado.

—Porque antes no sabía si tendría futuro.

Lo miré.

—Ahora sí lo tienes.

Blake entrelazó sus dedos con los míos.

—Ahora lo tenemos.

Sonreí.

A unos metros, nuestros amigos estaban preparando una pequeña celebración.

Ethan y Chloe discutían sobre quién había comprado más comida.

Lucas intentaba encender una pequeña fogata.

Olivia se reía mientras lo veía fracasar.

Por primera vez, todos parecíamos normales.

No éramos los hijos de un proyecto.

No éramos nombres dentro de un archivo.

No éramos piezas de un experimento.

Éramos simplemente nosotros.

—¿Sabes qué es extraño? —dije.

—¿Qué?

—Hace unos meses pensaba que enamorarme de ti era lo peor que podía pasarme.

Blake arqueó una ceja.

—¿Y ahora?

Sonreí.

—Ahora creo que fue lo mejor.

Blake se acercó.

—Entonces tu título estaba equivocado.

—¿Cuál?

—"Prohibido enamorarme de ti."

Me reí.

—Era una advertencia.

—Y no la obedeciste.

—No.

—Yo tampoco.

Nos besamos.

Un beso tranquilo.

Sin miedo.

Sin secretos.

Cuando nos separamos, apoyé mi frente contra la suya.

—Te quiero, Blake Bennett.

Él sonrió.

—Te quiero, Emily.

Esa noche recibimos una última visita.

Mi madre.

Había decidido entregarse y contar toda la verdad sobre su participación en el proyecto.

Cuando se acercó, sentí una mezcla de emociones.

Dolor.

Rabia.

Pero también algo que no esperaba.

Paz.

—¿Cómo estás? —preguntó.

—Aprendiendo.

Ella sonrió tristemente.

—Siempre fuiste más fuerte de lo que imaginé.

—No soy fuerte todo el tiempo.

—No tienes que serlo.

Nos abrazamos.

No solucionó todo.

No borró el pasado.

Pero fue un comienzo.

—Te perdono —le dije.

Mi madre comenzó a llorar.

—Gracias.

—Pero no voy a olvidar.

Ella asintió.

—No quiero que lo hagas.

Porque olvidar habría significado fingir que nada había ocurrido.

Y yo ya había pasado demasiado tiempo viviendo entre mentiras.

Más tarde, cuando todos se fueron, Blake y yo permanecimos junto al lago.

Las estrellas brillaban sobre nosotros.

—¿En qué piensas? —preguntó.

—En el principio.

—¿La fiesta?

—Sí.

—Parece que fue hace una vida.

—Lo fue.

Blake sonrió.

—Si pudieras volver atrás, ¿cambiarías algo?

Pensé durante unos segundos.

—Quizá habría confiado más en mí misma.

—¿Y en mí?

Sonreí.

—En ti también.

—¿Solo eso?

—Y habría aceptado antes que estaba enamorada de ti.

Blake soltó una pequeña risa.

—Eso habría sido divertido.

—No te emociones.

—Demasiado tarde.

Lo miré.

—Blake.

—¿Sí?

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por quedarte.

Él acarició mi mejilla.

—Te dije que no pensaba irme.

—Lo sé.

Lo abracé.

Y mientras permanecíamos juntos, comprendí que por fin había dejado de tener miedo al futuro.

Porque el futuro ya no pertenecía a nuestros padres.

Ni a Mason.

Ni al Proyecto Bennett.

Nos pertenecía a nosotros.

Antes de regresar a casa, Blake sacó algo de su bolsillo.

Era una pequeña fotografía.

La miré.

Era una foto nuestra.

La primera que nos habíamos tomado juntos.

—¿De dónde la sacaste?

—Lucas la encontró entre los archivos.

—¿Y por qué la tienes tú?

Blake le dio la vuelta.

En el reverso había escrito algo.

"Ellos intentaron escribir nuestra historia."

Debajo había otra frase.

"Pero nosotros decidimos cómo terminarla."

Sentí lágrimas en los ojos.

—Me gusta.

—A mí también.

Guardé la fotografía.

—Entonces esta es nuestra historia.

Blake sonrió.

—No.

—¿No?

—Esta es solo la primera parte.

Lo miré sorprendida.

—¿Primera parte?

—Tenemos toda una vida para escribir lo demás.

Sonreí.

Lo besé.

Y esta vez no hubo miedo.

Porque había aprendido algo que nadie podía quitarme:

El amor no tenía que ser perfecto.

No tenía que estar planeado.

No tenía que ser aprobado por nadie.

Solo tenía que ser elegido.

Y yo lo elegía a él.

Una y otra vez.

Todos los días.

Fin.




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