Prohibido para ambos

Capítulo 6

Ella es desagradable.

La señorita Raisa es una persona realmente desagradable, casi puedo compararla con Frida. Sus largas pestañas me miran a través de los lentes que utilizan no por necesitarlos, sino para verse más elegante con el traje medio formal que lleva. Su pelo en un moño que cualquiera envidiaría.

Ella no ha parado de querer hacerme sacar de mis casillas denigrando el trabajo tan fuerte que llevé para diseñar la nueva línea, ella no se ha detenido a pensar en nada; solo critica con argumentos que no los encuentro tan válidos, pero que Eva escucha atentamente sus palabras.

Quiero que esa mujer se vaya, pero al parecer la veré muy seguida. La señora Eva no parece nada contenta con su estadía es la empresa, pero la soporta porque sabe que es una puerta al mundo internacional. Esta señorita al parecer es la competencia más fuerte que tiene la empresa y por lo cual ambas están entrando en un acuerdo de lanzar una línea juntas para beneficio de ambas.

—Creo que solo debemos retocarla, es cierto que no están completas, pero tampoco están mal—comento al ella detener su parloteo y beber un poco de agua.

—Me estás diciendo que no sé lo que digo?—pregunta un tanto molesta.

—Señorita—ahora me siento nervioso—solo quise dar un poco de mi opinión ya que usted ha dado bastante de la suya—los latidos de mi corazón se escuchan nuevamente.

— ¿Cómo cree usted saber de moda cuando lleva esa ropa tan horrenda?—mi autoestima se denigra un tanto más y suspiro.

—Raisa, su manera de vestir no es tu problema, aquí estamos por asuntos de trabajo y creo que los diseños de Allen son muy buenos y merecen estar en la línea—habla la señora Eva por segunda vez en la reunión, la sala queda en silencio y la chica me mira de manera acusatoria.

—No me parecen, están un tanto anticuados, le falta sensualidad—comenta mirando una vez más la pantalla que proyecta mi trabajo—si lo modificas estarán de acuerdo, de lo contrario, me opongo—no digo nada y solo asiento. Eva no se ve muy contenta.

—Creo que la reunión acaba aquí—respiro hondo recogiendo mis cosas.

—Te puedes ir a casa, Allen—le sonrío un poco a la señora Eva. Sé que Benjamín está para las Vegas por lo que puedo ir a casa y relajarme. Mañana es mi día libre y creo que puedo ir a ver a mi madre, hace tiempo que no la veo y no sé de ella.

Solo espero que de verdad Benjamín no me haya mentido y yo pueda escaparme. Quiero un abrazo de mi madre, ver a mi hermano, sentirme protegida como cuando era una niña. Quiero eso, quiero mi vida de vuelta, aquella que ese bastardo me ha arrebatado, tengo que ser fuerte y luchar, luchar para recuperarla.

Mi cabeza duele un poco con todo este día lleno de sorpresas y emociones. Me levanto de la silla viendo como la señorita Raisa sale del salón de juntas y reuniones.

—Muchas gracias—camino fuera y al salir casi me caigo por el pie de la señorita Raisa.

—Solo te advierto—dice mirándome fijamente—no te interpongas en mi camino o te saldrá caro—arregla su ropa y se aleja contorneando sus caderas de una manera tan sensual que siento envidia. Ella no está dañada, ella no tiene miedo.

Camino hacia el ascensor y Frida sale chocando mi hombro de manera voluntaria. La veo sonreír como tonta por lo que me quedo un poco confundida. Ignoro eso y bajo. No quiero ir a casa porque eso sería sucumbir en recuerdos y pesadillas que no quiero recordar ahora.

Camino sin rumbo alguno, es algo que me gusta, ver como el mundo continúa. Esta es una de las razones por las que sigo de pie. Porque hay muchas personas que continúan su caminar y no se retiran como yo, personas que son fuertes, que no tienen miedo, que viven y hacen a otros vivir.

Soy una cobarde.

Nunca me he dicho eso, pero es lo que soy. No soy capaz de dejar de sufrir, estoy cansada de no luchar, pero si lucho ¿Qué pasaría? Posiblemente muera en el intento, no quiero que sea él quien termine por matar el cuerpo sin alma que utilizó para deambular por este mundo. Quiero ser yo, no que sea alguien más.

Mi mundo es tan extraño. Ya no se quien se refleja en el espejo, desconozco a esa persona y aun así no soy capaz de enfrentarla. Miro al cielo y veo que se está tornando gris.

Quiero luchar.

Creo que nunca lo he hecho.

Lucha Allen.

La voz de Diana llega a mi mente. Si. Creo que debo luchar, si alguien me dio la oportunidad de vivir, debería considerar la opción de luchar por salir de esta oscuridad que me atrapa, creo que al menos debería hacerlo. Lo merezco.

Creo que mi miedo no es por mi familia. Yo le tengo miedo a él, mi terror lleva nombre y es Benjamin. No quiero que me lastime más, quiero de verdad sanar, pero él es mi piedra. Necesito luchar.

Busco en mi bolso una tarjeta que Diana me dio hace meses, pero la cual por alguna razón no había arrojado al basurero. Mi boca se abre. Es un grupo de ayuda para mujeres que sufren violencia doméstica. No. Yo no sufro violencia, Benjamin solo se enoja porque soy una inútil.

Lucha Allen.

Muerdo mis labios. Las personas que escucharon alguna vez algo de lo que digo pensaran que yo lo provoqué y no me ayudaran. Nadie lo hará porque estoy sucia, nadie me va a ayudar porque estoy sucia, sucia, sucia.

Respiro forzadamente y guarde la tarjeta. No creerán que él abusa de mi cuerpo porque soy su mujer. Nadie me va a creer. Nadie lo hará.

Camino hasta la parada del autobús para ir a mi infierno sin satanás por ahora. Todos me dejarán sola, solo Diana me creerá, todos me van a señalar.

El bus pasa y subo en el queriendo huir de mis pensamientos. Queriendo huir de la persona que soy y de la cual no puedo huir, porque estará atrapado con ella de por vida.

Jaspe

—Necesito información de ella—digo y sigo trotando. Santiago me observa curioso y Ben se ríe.

Santiago y Ben. Dos buenos amigos con los que tengo buena relación, en total somos cuatro si incluimos a Benjamín.




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