Prohibido para ambos

Capítulo 38

Muerdo mis labios nerviosos mientras tres pares de ojos me miran con absoluta sorpresa, supongo que ninguno de ellos esperó que yo realmente tomara una decisión así, pero creo que ya era hora de que ellos lo sepan. Diana, mamá y Romeo no dicen absolutamente nada, veo que contienen las ganas de hacer preguntas, pero creo que ellos mejor que nadie comprenden el porqué de mi elección. Ahora solo espero que ellas me apoyen porque está siendo muy difícil esta decisión, pero se trata de sanar completamente y siento que aquí no lo podré, necesito estar alejada un tiempo y conocerme para dejar que luego ellos me conozcan.

Quiero que cada parte de mí misma me pertenezca, quiero ser capaz de darlo y entregarlo todo sin miedos, quiero algún día correspondientele de manera sincera a Jasper, porque, aunque estoy ignorando los sentimientos que me atacan en cuanto lo veo, no desaparecerán. Simplemente los ignora porque hacerles caso hará las cosas mucho más difíciles para ambos.

Retomé las terapias, mi terapeuta ya está hablando con un colega para cuando me marche, estaráé una temporada en Francia. Allá Eva Lewis tiene una sucursal en la cual podrá trabajar. Solo deberá hacer mi transferencia, eso lo he estado pensando y sé que ella me ayudará. He sido buena empleada, espero que pueda lograrlo.

—¿Estás segura de esto Allen?—pregunta mamá mirándome fijamente. No hay dudas en mi mirada por lo que asiento, ella suspira y se acerca a mí para acariciar mi rostro—si estás segura quiero que sepas que te apoyaré cariño, todo lo que te haga bien o te haga feliz tendrá mi bendición. Quiero que sanes cariño y si eso lo lograrás alejándote tienes todo el derecho, lo que has vivido por media década es algo horrible que ninguna mujer debe experimentar y tú lo has enfrentado como toda una guerrera, si quieres descansar estoy de acuerdo con eso—le sonrío con tanto afecto porque mamá es una de mis anclas y me siento feliz.

—Sabes que cuentas conmigo, aunque te voy a extrañar mucho—le sonrío a Diana quien toma mi mano sonriéndome—espero que te haga bien alejarte Allen, solo quiero que sepas que estaremos aquí esperando tu regreso con ansias, pero tomate todo el tiempo que líneas correctas. No se trata de nosotros, se trata de ti y de lo que te puede hacer feliz—ella me guiña un ojo antes de limpiar sus humedecidas mejillas debido a las lágrimas de antes.

—Gracias Diana—lo digo de todo corazón.

Mi mejor amiga, la que ha secado mis lágrimas en más de una ocasión, la que me dijo palabras de aliento, la que me animaba a dar el paso al cual me negaba. Diana ha estado allí conmigo, aguantando la furia cuando sabía lo que él me hacía, tratándome de lo más dulce cuando lo necesitaba. Ella es otra de mis más fuertes anclas, esta castaña se ha convertido en alguien vital en mi vida y no me la imagino no estando en ella.

—Todos te apoyamos hermana—habla Romeo y le regalo una enorme sonrisa, me siento una mujer muy afortunada—aunque te extrañaremos, estamos aquí para darte mucho apoyo—mamá asiente y los tres me abrazan con fuerza—ahora limpiamos nuestras lagrimas que Jasper debe estar por llegar—dice Romeo lanzándome una mirada picara que me hace sonrojar un poco—el novio de Allen—dice en tono juguetón.

—¡Romeo!—chillo sonrojada y él se ríe.

—Pero es cierto, él te mira como bobo hermanita—dice riéndose—¿cierto Diana?—miro a Diana con suplica y ella comienza al silbar sin responder a la pregunta.

—Eso no es cierto, no me molestas—le digo y él se ríe un poco más.

—A ti también te gusta, te sonrojas cada vez que él está cerca o habla de él, eres muy mala en ocultar lo que sientes—hago un pequeño puchero que lo hace reír aún más. Olvidaba que cuando Romeo no era un niño súper dulce era uno terriblemente molesto, pero sería mentira si digo que no disfruto estos momentos que años al lado de Benjamín me han robado. Se siente como un sueño del cual pase lo que pase no quiero despertar.

—Eso es mentira—él rueda los ojos y el timbre suena. Romeo de inmediato va a la puerta y la abre. Jasper entra con su habitual sonrisa recorriendo el lugar luego de saludar hasta darme. Sus ojos grises me observan con tanto sentir que me quedo simplemente sin palabras. Me gusta en la misma medida que me asustan mis sentimientos hacia él.

—Hola hermosas damas—mamá sonríe mirándolo y luego dándome una mirada que podría traducirse como: Romeo tiene la razón—Allen—mi nombre en sus labios es tan… dulce, tierno y Dios. No sé cómo podría describir cómo reacciona mi corazón ante su voz cerca de mí—nos podemos ir cuando quieras—dice él con una sonrisa. Trago en seco dándome cuenta de que no he hablado nada y me pongo de pie caminando cerca de él.

—Hola Jasper—él se agacha y besa mi mejilla cuando llego a su lado sonrojándome de manera furiosa—podemos irnos cuando gustes—susurro abochornada con la situación. Siento los ojos de todos en mí, juego con mis manos de manera nerviosa.

—Siendo de esa manera podemos irnos ahora, de esa manera no tendremos sorpresas por si salen antes—dice él mirando su reloj—vamos a un tiempo justo—comenta y les regala una sonrisa a los presentes—lamento que el tiempo sea tan corto, Será un placer compartir con ustedes en otra ocasión—dice con ese encanto en él. Giro el rostro lejos de su rostro para que no descubras cuan nervioso me encuentro.

Me despido de los presentes y como se le va siendo costumbre, él toma mi mano y entrelaza nuestros dedos y siento mi cara volverse roja con furia. De reojo veo a Jasper quien tiene una sonrisa en los labios, parece complacido de mi reacción. Cuando cierra la puerta de mi departamento él gira a mirarme.

—Me encanta verte sonrojada—murmura y yo trago en seco.

—Jasper—susurro y él sonríe.

—Vamos, tenemos cosas que hacer—me guiña un ojo, pero no suelta mi mano. Él me mantiene sujeto.

 

Jaspe

 

Adoro ver sus mejillas sonrojadas, me parece tan tierna, tan dulce que controlo las ganas de besarla como llevo desde hace días. Coloco música mientras conduzco con su aroma en mi interior. Dios, adoro todo lo que tenga que ver con Allen. Ella parece que evita mirarme con la vergüenza reflejada en el rostro. Por lo que se dedica a ver por la ventana.




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