Estoy sonriendo mientras tengo mi cabeza reposando en el pecho de él. —Fue hermoso y no podía parar de hacerlo...—digo mientras juego con su camisa.
Arturo ríe. —Me encantó, tú das las órdenes y yo obedezco. Lo único que me preocupa es cómo reaccionará tu madre... llegaremos tarde y creo que sospechará—comenta mientras estamos a punto de llegar a mi casa.
Bufo. —Inventaré algo. Y no importa... lo disfrute y valió la pena... así que cualquier castigo vale la pena... quizás luego tendrás que irme a visitar a una torre—depósito un beso en sus labios, es el comienzo de un beso de pasión, duradero y amoroso. Hasta que el Uber informa que hemos llegado a nuestro destino.
Suspiro y sonrío. —Me haré frente a mi destino—levanto mis cejas y bajamos del vehículo. Caminamos hacia mi casa.
Llevo mi mano a la manija, para entrar. Escucho que mi novio suspira. Parece que le mata el miedo, ya ni yo... que soy a quien castigarán.
Una vez abro la puerta, ingresamos. Separados y no tomados de la mano...
Mi mamá es la primera en asomarse, parecía que ya me esperaba desde antes de entrar. —Sofía...—me lanza una mirada molesta, puedo sentirlo.
Arturo sonríe. —Hola—se limita a decir mientras ingresa conmigo.
—Perdón, mami. Ya sabes... a veces el tiempo pasa volando. Y pues estuvimos caminando, y pasando el rato... el tiempo vuela cuando te diviertes—comentó. —Pero Arturo ya me trajo a casa. Como prometió—agregó con una sonrisa mientras le observo de reojo.
Mi madre solo me escucha, no sonríe. Pero en sus expresiones se puede ver que no me cree nada de lo que le digo, y lo entiendo, siempre he tenido ese toque para mentir.
—Se nos hizo tarde, pero la cuide y la traje a salvo. Pido una disculpa por ser impuntual, no volverá a pasar—explica con seriedad y firmeza.
Hasta yo me sorprendo con su tono de voz y firmeza al decirlo.
Un silencio incómodo inunda la entrada de nuestra casa. Arturo solo se limita a sonreír.
Suspiro. —Bien. Creo que ya puedes irte... solo quería que mi madre me creyera—le tomó del hombro y le empujó para que salgamos y ya afuera pueda retirarse.
Siento la mirada intensa de mi madre detrás de mi espalda. —Cuídate, Arturo. Linda noche—dice con un timbre tranquilo.
Camino hacia la cera que está afuera de mi casa, el Uber ya viene. Volteó hacia tras mío para corroborar que mi madre no me esté espiando. No está en la puerta, quizás volvió a la sala y allí me esperara.
—Creo que ese es mi auto—exclama mientras confirma los datos de su smartphone. —Rayos... tu quisiste llegar tarde y yo intenté ayudarte, pero...
Niego. —No importa... me encantó y lo volvería a hacer—sonrió traviesamente. —Me encantas...—agregó mientras intento acercarme a él, sin que se vea tan obvio.
El auto se estaciona frente a nosotros. Con mi mano le detengo antes que se vaya. —Un besito de despedida...
Se ve confundido. —Pero si tú madre...
Le veo con molestia y centro mi vista en él.
Sonríe y me lanza su mirada dulce. —Está bien...—se acerca y me pongo de puntas para darle un beso. Sintiendo un poco su respiración en mi rostro... y un beso corto, pero con amor. Mientras se aparta, intento morderle el labio pero parece causarle terror.
Sonrió al ver como escapa de que le muerda el labio. —Te amo—le digo mientras camina al auto.
Voltea a verme mientras se sube al auto. —Yo más. Te aviso cuando llegue, cariño—finaliza y veo cuando el auto arranca. Veo como continúa su camino, yo doy la vuelta y vuelvo a mi hogar.
Recordando los momentos vividos hoy. Sin duda de los mejores y los que van directo a mi eterna cajita de recuerdos en mi mente. Simplemente es: Perfección que dura para siempre.
Camino y cierro la puerta de mi casa, coloco el seguro y vuelvo de mi paraíso... mi mundo especial... Para escuchar a mi madre.
—Sofi...—se escucha una voz algo molesta, por no decir que bastante.
—Sí, mamá... ya lo sé—respondo con una voz enfadada y cansada. Camino un poco hacia las escaleras.
Levanta sus cejas. —No te vayas. Ven cuando te hablo... ¿No dirás nada?—inquiere.
Niego. —Ya te dije lo debías saber. Se nos pasó el tiempo, nos quedamos charlando... tú sabes, el ciclo se pasa volando... compramos algo caliente y entramos en calor—sonrió y trató de suavizar mi voz, para zafarme.
Ella ríe. Eso es bueno, ya está feliz. Quizás comprende y le recordé a algo de su pasado.
—¿Me prometes que me dices la verdad?—pregunta mientras su semblante cambia.
Camino a ella. —Mami, solo quería disfrutar el día de hoy... lo que te digo es la verdad, créeme—le lanzó una mirada tierna.
Ella suspira. —Está bien... creo que exagere. Ven, siéntate para que me platiques sobre tu cita—hace un ademán para que le siga a la sala. Yo avanzo, ya me libre del problema... su actitud cambio enormemente.
Ella veo que toma su smartphone y busca algo. —¿Entonces compraron algo para calentarse? porque afuera hace mucho frío—finge temblar.
Yo rio y asiento. —Sí, nos calentamos con café mientras charlábamos de cosas sobre la escuela... y mientras disfrutábamos de la noche. Fue hermoso...—veo al horizonte mientras recuerdo lo vivido hace apenas una hora o dos...
Mi madre me regresa a la realidad cuando coloca su smartphone sobre mis piernas. Ella está frente a mí. —Veo que se calentaron demasiado—levanta sus cejas y sonríe mientras me observa. —Supongo que el frío lo ameritaba...—agrega con un tono irónico.
Al ver la pantalla de su smartphone, es una captura de pantalla de mi ubicación. Sale el motel donde estuve hace una hora...
Cierro los ojos y emito un leve quejido. Olvide por completo la localización.