Puedo Verte 2

UNO —en la voz de Aitana—

 

  Aunque imaginé que pasados los segundos de sorpresa, vendría corriendo detrás mío, Matías no lo hizo.

  El primer sonido que escuché, luego de mi declaración, fue el ruido que la puerta de su estudio hizo al cerrarse e instintivamente el siguiente en resguardarse fue mi corazón.

  Desde el día en que nos mudamos juntos a la nueva casa, Matías me había dicho que no deseaba tener hijos y yo había aceptado su negativa. No lo hice pensando en que éramos jóvenes, ni que con el tiempo él cambiaría de opinión, sabía de dónde venía su decisión y la había aceptado. Sin embargo, la vida nos planteó otra realidad que pensé, erróneamente, sería bien recibida.

  No volvió a salir del taller, ni yo volví a buscarlo. 

  Llegada la noche, preparé algo para picar, aunque sentía el estómago cerrado, me obligué a comer algo por el bien del bebé que habitaba mi vientre.

  Se dignó a salir cuando yo levantaba de la mesa lo que había utilizado, le di la espalda incapaz de enfrentarlo sin largarme a llorar y me puse a lavar los platos.

  —¿Ya cenaste? —preguntó detrás mío.

  —Cada día más agudos tus sentidos —repliqué mordaz.

  —Aitana, lo lamento.

  —No más que yo —le aseguré.  

  —Estuve pensando en las posibilidades que tenemos, vos sabés que yo no quiero ser padre.

  —Sí, lo supe desde siempre, pero hoy se nos presenta otra realidad, nunca imaginé que nos ibas a rechazar.

  —¡Jamás te rechazaría! Te acabo de pedir que te cases conmigo, mi amor. Te quiero en mi vida para siempre, el problema es… —no lo dejé terminar, si lo escuchaba decir lo que sabía que venía, Matías se habría ganado mi odio. 

  —¡Ni se te ocurra referirte a mi hijo de esa manera! 

  —Aitana, no tenés un hijo todavía, es apenas…

  —El amor de mi vida y no me importa lo que tengas para decir. Te libero de tus responsabilidades, desde este momento estás fuera de mi vida —le dije mientras depositaba el anillo de compromiso, que horas atrás me había llenado de felicidad, en la mesa frente a él.

  —¡No!.. No, no. Esperá, por favor —suplicó mientras tomaba mi mano y me acercaba a su cuerpo— No hagas esto, no me dejes.

  Matías me estrechó fuerte contra su pecho, no pude relajarme. Se movió hasta dar con el anillo y lo colocó en mi dedo, yo le negaba la mirada.

  —Mi amor, lo vamos a solucionar. Vamos a encontrar la manera de superar esta situación.

  —No imagino cómo lo haríamos, Matías. Yo no voy a ceder y sé que vos tampoco. Sólo te pido que por respeto a nuestro amor no se te ocurra insinuar nada que dañe a mi bebé, porque allí estarías aniquilando el ya minúsculo vínculo que nos une —me zafe de su abrazo y me metí al baño con la intención de ducharme para demorar un nuevo encuentro.

  Volví a la cama y le di la espalda, en segundos lo tuve pegado a mí, con su pecho brindando el calor que necesitaba para no derrumbarme pero que a la vez provenía de la persona que me estaba dañando de manera irreversible.

  —Lo vamos a solucionar —me habló sobre el oído— sólo te pido que no te alejes de mí.

  Me quedé callando la verdad, yo ya me había empezado a alejar. Por la mañana las náuseas matutinas me atacaron, Matías corrió tras de mí y me sostuvo el cabello mientras las arcadas me doblaban en dos. Mi molestia más grande era su presencia, lo rechazaba.

 




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