Puedo Verte 2

DIECISÉIS —en la voz de Aitana—

 

  Matías estuvo en el hospital una semana más, volvimos a casa con varias recomendaciones por los puntos que todavía no iban a quitarle.   

  Lo que más me había preocupado a mí, era que no pudiera refugiarse en la pintura luego de lo que habíamos vivido pero mi novio me sorprendió gratamente en su actuar calmo y alegre. 

  Tomás nos visitaba a diario en compañía de Victoria, las reuniones eran agradables y nos distraían hasta que una tarde enganché a mi futuro esposo con los ojos clavados en la novia de mi hermano.

  Estoica me mantuve en silencio, con la sonrisa en los labios hasta que los invitados se retiraron, antes de dormir debía realizarle las curaciones.

  Matías indiferente a lo que estaba sintiendo, no me quitaba la mirada de encima mientras preparaba las vendas nuevas y el desinfectante que le habían recetado, me molesto notar cierta lujuria en sus ojos cuando minutos atrás miraba a mi cuñada. Me tomó de la muñeca cuando quise acercarme, le mantuve la mirada por puro orgullo.

  —Esa pancita te sienta muy bien —me soltó, liberando su mano para apoyarla en mi trasero y atraerme hacia él.

  —Te has salvado de milagro, ¿Crees que podés dar guerra? 

  —Probame.

  —¡No! —la ira empezaba a dominarme.

  —No pensabas lo mismo la última noche en el hospital cuando me dejaste acariciarte y eso que todavía tenía el suero puesto.

  —¡Callate! —lo increpé y solté las gasas para salir rauda del espacio que compartíamos.

  —¿Qué es lo que pasa? —me habló al oído, ya que se había ubicado detrás mío, mientras yo me lavaba las manos en el baño.

  —¿Crees que no me di cuenta? —pregunté con la voz entrecortada, mirándolo a través del espejo.

  —Estoy perdido, Aitana, explicame.

  —Ví cómo mirabas a Victoria, Matías. 

  Demoró unos segundos en comprender y asintió lentamente con los ojos clavados en mí.

  —¿No te parece que hay algo extraño en ella?

  —Sí, que es una diosa suprema y vos babeas por la novia de tu mejor amigo —puntualicé para que no cambiara el tema.

  Sonrió y me provocó sinceras ganas de golpearlo.

  —La única diosa ante la que yo me inclino es la que lleva a mi hijo en su vientre —explicó salamero.

  —Matías, no me quieras engañar, sé bien que te has inclinado ante varias —repliqué haciendo alusión a su pasado.

  —Pero ninguna era la diosa que tiene mi corazón en sus manos.

  —Soltame —me removí con fuerza para que me diera espacio y poder salir del reducido recinto.

  —¡Ay! —Se quejó de dolor, provocando mi preocupación inmediata.

  —¿Te hice daño?

  —Sí, acá —señaló posando su mano sobre el corazón.

  Bufé iracunda, Matías río ignorando lo que una mujer en estado de embarazo es capaz de hacer.

  —¡Valorá tu vida! —le advertí.

  —Aitana, —empezó a explicar— Victoria tiene algo que no puedo explicar.

  Sollocé produciendo un extraño sonido que me avergonzó, no podía creer lo que escuchaba, en verdad me iba a confesar que le gustaba la novia de mi hermano, estando yo embarazada de él. Sin pensarlo, lo abofeteé, salí de allí y me encerré en la habitación.

 




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