Puentes y Promesas

Un paso adelante

La noche cayó despacio sobre el barrio, envolviendo las calles en una calma engañosa. Clara se miró en el espejo antes de salir de casa. No sabía por qué sentía tantos nervios; no era una cita, se repetía, solo una cena. Pero su corazón no parecía estar de acuerdo.

Javier la esperaba apoyado en su moto, frente al taller. Al verla llegar, levantó la mirada y sonrió con timidez.

—Pensé que no vendrías —dijo.

—Yo también lo pensé —respondió ella.

Caminaron hasta un pequeño bar del centro. El lugar era sencillo, casi vacío. Se sentaron frente a frente, sin prisas. Por primera vez desde que Clara había vuelto, no sentían el peso del pasado entre ellos, sino una curiosidad nueva.

—¿Te quedarás más tiempo? —preguntó Javier mientras jugaba con el vaso.

—No lo sé —admitió Clara—. Pero quiero averiguarlo aquí.

Javier asintió, como si esa respuesta le bastara por ahora.

Hablaron de sueños que nunca cumplieron, de miedos que no sabían nombrar cuando eran jóvenes. Clara se sorprendió riendo con él como antes, aunque ahora todo tenía una profundidad distinta.

Cuando salieron, la noche estaba fresca. Javier se detuvo frente a ella.

—No quiero presionarte —dijo—. Pero tampoco quiero volver a perderte sin intentarlo.

Clara lo miró a los ojos.

—Avancemos despacio —dijo—. Pero avancemos.

Javier sonrió. No hubo besos, ni promesas. Solo un acuerdo silencioso que lo cambió todo.




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