Puentes y Promesas

La verdad que espera

Santiago se quedó solo en casa aquella noche. El silencio le resultaba incómodo. Decidió revisar un cajón que llevaba años cerrado. Dentro encontró documentos, papeles antiguos… y una carta.

La leyó despacio. Cada palabra le golpeó como una verdad que había evitado durante demasiado tiempo. No había sido solo el destino lo que los había llevado hasta allí; también habían sido sus silencios, sus decisiones, su forma de huir sin moverse.

Recordó el día en que Ester quiso hablar y él prefirió callar. Recordó haber elegido la estabilidad antes que la sinceridad.

Cuando Ester regresó, Santiago la esperaba sentado en el salón.

—Tenemos que hablar —dijo con voz firme.

Ella se detuvo.

—Sí —respondió—. Ya es hora.

En su habitación, Clara escuchó el murmullo de voces. No entendía las palabras, pero sí el tono. Algo estaba cambiando.

Esa noche, cada uno se acostó con pensamientos distintos, pero con la misma certeza:
seguir ignorando la verdad ya no era una opción.




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