✿`°¤,¸.•*´¯♥♥
Juan Pablo
La música retumba en los parlantes.
Las luces se mueven sobre la pista.
Las risas se mezclan con el sonido de los vasos chocando.
Y yo sigo aquí.
Sentado en la misma mesa desde hace horas.
Solo.
Con un vaso de whisky en una mano y otro esperando turno frente a mí.
No vine a buscar compañía.
No vine a buscar conversación.
Mucho menos una mujer.
Solo vine a dejar que la noche transcurra sin tener que escuchar mis propios pensamientos.
El problema es que esos malditos pensamientos siempre terminan encontrándome.
Apuro otro trago y el líquido arde al bajar.
Bien.
Necesito que arda.
Necesito sentir algo que no sea este cansancio extraño que llevo años arrastrando.
Mis ojos recorren el lugar.
Hay parejas bailando.
Otras besándose.
Algunos grupos de amigos celebran quién sabe qué.
Todos parecen felices.
O al menos aparentan serlo mejor que yo.
Una mujer se acerca a mi mesa. Es morena, bonita. y con sonrisa fácil.
Demasiado perfume.
—¿Puedo sentarme?
Le sonrío por simple educación.
—No.
La sonrisa se le congela con mi respuesta, se encoge de hombros y se marcha.
Minutos después aparece otra.
Y después otra más.
Algunas reconocen mi rostro.
Otras solo ven a un hombre solo en un bar.
Da igual.
Las rechazo a todas.
Esta noche no quiero escuchar historias.
No quiero nombres.
No quiero promesas.
No quiero despertar junto a alguien preguntándome por qué demonios sigo sintiéndome tan vacío.
Solo quiero beber.
Beber hasta que la música se vuelva distante.
Hasta que las luces se conviertan en manchas borrosas.
Hasta que el mundo desaparezca por unas horas, y creo que voy consiguiendo mi objetivo porque mi mente se va nublando con tantos vasos de licor invadiendo mi estómago… Bebo tanto que llega un momento que ya no sé ni dónde mierda estoy; acomodo mi cabeza, cierro los ojos y, sin más, mi cerebro se apaga. Hasta que…
—Señor, vamos a cerrar, debe irse…
Escucho la voz que me llama, unas manos sujetarme fuerte cuando mi cuerpo tambalea a pararme…
—Yo me encargo de él… —Dice una voz feminia muy sexy.
La detallo y es una de las mujeres tantas mujeres que intentaron coquetear conmigo.
—Hay un hotel cerca ¿te animas? —propone coqueta.
Mi yo borracho no piensa en pros ni contra. No analizo que puede ser una embaucadora, una asesina que en mi estado de ebriedad le quedará facil exterminarme. No pienso en peligros, solo… en esta necesidad de encontrar un desahogo aunque sea por unas cuantas horas…
Solo una noche, con una desconocida y despues cada quien por su lado… Justo asi llevo mi vida hace años porque nada ni nadie me importa…
✿`°¤,¸.•*´¯♥♥
Despierto con la sensación desagradable de que algo me está aplastando el pecho. La cabeza me duele como un demonio.
Durante unos segundos permanezco inmóvil, mirando el techo extraño sobre mi cabeza mientras intento recordar dónde demonios estoy.
Una lámpara moderna.
Cortinas beige.
Una botella de whisky vacía sobre una mesa.
Mi ropa tirada en el suelo.
Y un perfume femenino impregnándolo todo.
Cierro los ojos.
Maldición.
Otra vez.
Giro la cabeza y ahí está una mujer que duerme a mi lado, completamente ajena al fastidio que me provoca despertar en situaciones como esta.
Parece bonita.
Cabello largo y rubio.
Piernas interminables.
El tipo de mujer que cualquier hombre señalaría como un premio.
Y aquí estoy yo sin saber ni quién es.
Ni siquiera estoy seguro de dónde la conocí.
Anoche.
Un bar.
Tragos.
Muchos tragos.
Y después...
Nada.
Vacío.
Un enorme agujero negro en mi memoria.
Exhalo lentamente mientras aparto las sábanas.
No hago ruido.
No quiero despertarla.
Las mujeres siempre dicen lo mismo al final.
“Llámame.”
“Quiero volver a verte.”
“La pasé muy bien contigo”
“Esto puede funcionar.”
Como si una buena noche fuera suficiente para inventarse sentimientos donde no existen.
Detesto esas conversaciones, no porque ellas tengan la culpa.
La culpa es mía.
Siempre es mía.
Porque ninguna merece descubrir a la mañana siguiente que compartió la cama con un hombre incapaz de recordar siquiera su nombre.
Termino de acomodarme la camisa mientras miro de reojo la habitación desconocida donde estoy.
Veo un vestido rojo en un sofá, tacones negros abandonados en el suelo y sábanas revueltas.
Veo todo y en el proceso siento esa sensación familiar de vacío que siempre queda después de momentos sin sentido.
Termino de acomodarme el cinturón, me pongo los zapatos, el reloj, recojo las llaves, el móvil y la cartera.