Quédate en mi vida

Manicomio…

✿`°¤,¸.•*´¯♥♥

Ana

El silencio es peor que toda la odisea que viví con cierto personaje porque ahora puedo pensar en mis problemas.

No llegué a la entrevista.

No tengo trabajo.

No tengo dinero.

Trago saliva mientras se hace un nudo en la garganta al recobrar mi sentido de la realidad.

Los ojos me arden por reconocer que a mis veinticuatro años no tengo nada. Tengo las manos totalmente vacías y solo es mi culpa. Únicamente mi culpa, por haber puesto toda mi confianza y mi futuro en las promesas de amor de un hombre que no merecía mi entrega y mi lealtad.

—No voy a llorar. No puedes llorar…

Ni siquiera estando sola tengo permitido llorar porque botar lágrimas no va a remediarme la vida.

Mi perrito se me acerca, se me acurruca dándome calor y lo abrazo.

—Vamos a salir de esta, Firu, esto no nos quedará grande, ¿cierto? Dime que este episodio de nuestra vida es pasajero… —Le pido al perrito peludo que me mira con esos ojitos hermosos y suelta un ladrido como si me respondiera.

—Lo sé, mi amor. Sé que soy fuerte, solo que una a veces tiene el corazón apachurrado… —¡Oye! ¿Te puedo contar algo? —le digo.

El peludo sigue mirándome y levanta las orejitas, como si estuviera ansioso por escuchar el chisme.

Me siento ridícula por lo que le voy a decir, pero mi perrito me guardará el secreto más tonto de mi vida.

—Ayer conocí a alguien. Es un imbécil, te juro que sí lo es… Es frío, prepotente, malhumorado, egocéntrico, pero…

Suelto un suspiro.

—Creo que movió el piso. —Susurro— No sé qué le vi… Pero el muy canalla me hizo temblar el corazón. ¿Por qué me sentí así si solo pasamos una noche en el calabozo juntos? Fue un infierno lo que me hizo vivir; hasta el muy abusivo se durmió pegado a mí sin mi permiso… —Me quejo. —Tu madre está loca, Firu. Porque una sola noche con ese idiota y siento mucho silencio en esta habitación porque de alguna forma extraño esa voz tan molesta peleando conmigo.

Sigo contándole a mi perro y él parece entenderme porque se pone en sus cuatro patitas muy firmes frente a mí como un general, me mira directo a los ojos y vuelve a ladrar más fuerte como si me regañara.

—Lo sé. Lo sé, mi Firu. Mamá perdió la razón. No puedo extrañar a alguien que conocí por mero accidente, que no volveré a ver nunca más y que solo me causó problemas… —No soy tan tonta, así que deja de regañarme.

Hablo de mis locuras con un perro mientras pienso en quien no debo.

—Lo odio. De verdad… Siento que lo odio porque el muy idiota ayer en la mañana, cuando me dejaron salir de la estación de policía, me estaba esperando afuera solo para decirme en mi cara que fui una pesadilla para él.. —Me sumerjo en mis pensamientos recordando el fin de un encuentro que siento nunca debió pasar…

Mi mente se eleva recordando esos ojos y esa voz ronca decirme adiós…

“Estaba a punto de soltar el llanto que tanto me negaba a dejar salir, pero me sentí tan humillada porque dejaron salir al señor perfecto solo por ser importante y a mí me consideraban tan poco que pensé que me mandarían directo a la silla eléctrica.

Casi lloro, estuve a nada de hacerlo.

Pero de repente las rejas volvieron a abrirse de inmediato, me dijeron que estaba libre y que tenía un minuto para salir de la estación o volverían a encerrarme.

Las manos me picaban por las ganas de darle un buen golpe al infeliz del guardia por ser tan cretino, pero decidí tragarme la rabia y guardarme el orgullo porque no quería pasar otra noche en ese lugar, así que… salí afanada.

Por desdicha, lo primero que encontraron mis ojos al salir fue el prospecto de Adonis, parqueado afuera.

Sus iris intensos no dejaban de mirarme; por un momento pensé que me esperaba porque estaba preocupado, pero aterricé y me dije:

Si el maldito de tu exprometido te falló después de tres años de un supuesto amor y mil planes juntos, ¿qué carajo te hace pensar que un aparecido pueda preocuparse por ti? —me obligué a aterrizar.

Sin dejar de mirarlo, por un impulso caminé hacia él, empiné mis pies para poder quedar un poco a su altura. Agarre el cuello de su camisa con fuerza con mis dos manos y me acerqué mucho, pero mucho, tanto que juro que mi corazón saltó en ese momento en que sus ojos conectaron con los míos y su boca estuvo tan cerca de la mía…

—Asumiré que este encuentro solo fue mal juego del destino y que nunca sucedió. ¡Porque esta página de mi vida jamás sucedió! —fui la primera en hablar, mientras sus ojos me analizaban.

—Yo asumiré que fuiste solo una pesadilla que rogaré nunca más volver a experimentar —murmuró, acercando aún más su rostro.

Ese susurro ronco erizó mi piel. Y no sé si pude disimularlo, o notó que mi cuerpo entero reaccionó a su cercanía, a su calor.

—Hasta nunca, Juan Pablo Sarmiento —dije segura.

—Hasta nunca, Ana Paris —dijo muy bajito, con una dosis fuerte de arrogancia.

Solté su cuello y di dos pasos hacia atrás para alejarme un poquito y él se aflojó la corbata con brusquedad.

Se pasó una mano por el cabello; parecía realmente harto. Me miró por unos segundos más, se subió en el auto que lo esperaba para llevarlo a su palacio, y yo… Simplemente di la vuelta y me fui a paso lento por el lado contrario del andén.

Por alguna razón que no entendía, mis pies no avanzaban de prisa. Y… como la idiota más grande de este mundo, giré mi rostro hacia atrás, solo para ver a ese egocéntrico por una última vez.

Y… lo vi…

Una vez más encontré sus ojos enfocados en mí… Un segundo, solo un segundo, esos iris oscuros me miraron, porque cuando su mirada se conectó a la mía, subió rápido el cristal polarizado de la ventanilla de su coche y se largó…”

—¿Puedes creerlo? Me dijo que fui una pesadilla… —Le cuento indignada al perrito que me regaña con sus ladridos —Sí, lo acepto. Yo fui la primera en decirle que fue una desgracia conocerlo. La primera en decirle hasta nunca. Pero es que estaba enojada y no me aguanté —aclaro —. El muy idiota se fue como si nada de la celda y no le importó dejarme encerrada. Eso me dolió mucho. No entiendo por qué, pero me dolió verlo alejarse sin mirar atrás…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.