✿`°¤,¸.•*´¯♥♥
Juan Pablo
¡No puede ser ella!
NO.
La detallo bien.
Y si…
Es la locura hecha mujer.
Cabello castaño cayendo sobre los hombros.
Sonrisa descarada y sin nada de vergüenza.
Mirada caótica.
Energía de problema humano.
No puede ser.
No.
—Maldita sea… —Susurro poniéndome de pie, sin poder creer lo que ven mis ojos. Reconocería a esa chica frente a miles.
LA LOCA DEL CALABOZO….
No es una fantasía.
Es Ana París en persona.
De reojo veo cómo los inversionistas empiezan a reír.
No sé si burlándose.
No sé si disfrutándolo.
No sé si la observan fascinados.
Y no sé por qué mierda esas miradas de ese montón de hombres sobre esa mujer me enervan tanto.
Hay otras modelos saliendo y entrando, continuando el desfile, y nadie mira a ninguna otra, solo a ella. Porque mientras todas las demás modelos parecen perfectas,
Ana parece real.
Viva.
Enérgica.
Ella gira riendo suavemente.
El vestido se mueve alrededor de sus piernas.
La seguridad empieza a crecerle en la piel.
Y sin darse cuenta se roba completamente el escenario.
—¡ES PERFECTA! —susurran a mi espalda.
¿Perfecta? ¡No es cierto!
Ella es un desastre.
Un huracán.
Una amenaza pública.
Y aun así no puedo dejar de mirarla.
Porque Ana París no encaja en ese mundo.
Lo destruye.
Y precisamente por eso nadie puede apartar los ojos de ella.
Doy varios pasos para verla más de cerca, para confirmar que no estoy fantaseando con quien juré jamás volver a ver en mi vida ni en una pesadilla.
Ella da vueltas coquetas, camina de regreso a la mitad de la pasarela, sonríe aún con más coquetería, da otra pequeña vuelta moviendo un poco sus caderas, su cuerpo gira suavemente y de repente sus pies se prensan contra el piso cuando nuestros ojos se encuentran.
Siento que dejo de respirar cuando esos iris se enfocan en los míos con la misma sorpresa que siento yo por este reencuentro. Y…
Me quedo aquí, por más segundos de lo que quiero reconocer, fundido en esa mirada.
Me siento un imbécil cuando mis ojos se detienen en ella, solo en ella…
✿`°¤,¸.•*´¯♥♥
No sé en qué momento exacto mi vida perdió completamente el control.
Pero estoy seguro de que todo empezó cuando Ana París decidió existir.
—¡PRECIOSA! —escucho un grito que viene de atrás.
Reacciono con un maldito mal humor que me pone el pulso a mil.
Tenso la mandíbula, recordándome quién es esta mujer y todos los problemas que su sola presencia significa.
Mis ojos vuelven a los suyos, mi mirada la fulmina y en menos de nada ella corta el contacto visual, da media vuelta y rápidamente termina su pasarela y desaparece detrás de las cortinas doradas.
Uno de los inversionistas se me acerca para decirme no sé qué cosa y lo dejo con la palabra en la boca porque salgo furioso.
No.
Furioso, no.
ENCABRONADO.
Porque esa mujer acaba de irrumpir en mi empresa, destruir la formalidad del desfile, desfilar DESCALZA frente a empresarios internacionales y me dejó aturdido por todo ese maremoto de emociones que su ser me hace experimentar.
¡Carajo! ¿Cómo fue que ella terminó aquí frente a mí?
Camino hacia backstage con pasos rápidos y los empleados se apartan cuando me ven llegar con cara de querer mandarlos al infierno a todos.
Cruzo las cortinas doradas; el caos sigue en el camerino, y en medio de todo ese desorden de un desfile que aún no acaba.
Está ella.
Veo a Ana intentando quitarse el vestido mientras pelea con el cierre.
Descalza.
Con las mejillas rojas.
—¡No quiero volver a ver estos zapatos infernales nunca más en mi vida! —reniega furiosa.
—Pero saliste increíble —le dice una chica que intenta ayudarla.
—¡CASI ME ROMPO EL CUELLO, MARGARITA!
—Mi nombre es Laura.
—BUENO, LAURA, TRAUMAS SON TRAUMAS. Por poco me mato, y lo peor es que vi entre los invitados a un idiota que odio… —Le cuenta a la chica.
Cierro los ojos un segundo.
Respira, Juan Pablo.
Respira.
Intento calmarme, pero fracaso miserablemente.
—¿SE PUEDE SABER QUÉ DEMONIOS HACES AQUÍ?
Mi voz atraviesa el backstage completo.
Se hace un silencio absoluto.
Todos se congelan.
Y ella se gira lentamente hacia mí.
—¡USTED!
—¡CLARO QUE SOY YO! ¿QUÉ HACES EN MI EMPRESA?
Ella me mira sorprendida.
—¿SU empresa?
—¡SÍ, MI EMPRESA!
La veo procesarlo.
—Ay, no… ¡No puede pasarme esto a mí! ¿Usted es el dueño de este circo?
—¿CIRCO?
—¡Mire alrededor!
Señala el backstage completo.
Y sinceramente caótico sí está.
—¡No te bastó con todo lo que hiciste contra mi auto y contra mí! ¡También tuviste la brillante idea de ARRUINAR mi desfile! —le reclamo.
—¡¿ARRUINAR?! ¡USTEDES ME SECUESTRARON! —Ella me grita indignada.
Todos los que nos observan contienen el aire por la osadía con la que me enfrenta.
Y la muy atrevida sigue señalándome furiosa.
—¡Me agarraron como delincuente, me desvistieron SIN PERMISO, me metieron en un vestido que me dejó sin circulación y me obligaron a caminar sobre esos zancos infernales!
Levanta los tacones como evidencia criminal y sin más me los lanza.
Soy rápido y logro esquivarlos antes de que esas agujas filosas me apuñalen.
—¡Y AHORA LA MALA SOY YO! ¡NO SEA TAN IMBÉCIL! —Vuelve a gritarme.
Mi paciencia se prende en fuego.
—¡Dañaste el desfile! —¡Arruinaste mi vida, mi empresa y acabaste con toda mi maldita paciencia! —¡Porque eres un desastre! —le replico furioso mientras mis ojos inquietos la recorren, viéndola a medio vestir.
—¡Y usted un patán arrogante!
—¡Interrumpiste un evento importantísimo! ¿En qué demonios estabas pensando? —dejo de escuchar, solo estallo.