A medida que los días se convertían en semanas, Fabiana sintió que su vida se sumía en un ciclo monótono y tenso, con la incertidumbre acechando como un depredador al acecho. Después de la inquietud generada en su última consulta con Gracia, se concentró en fortalecer su relación con Camilo. Sabía que no podía permitirse la duda, pues su vínculo era lo único que aún le daba sentido al torbellino de su vida.
Una fría tarde de otoño, mientras las hojas caían de los árboles como recuerdos olvidados, decidió sorprender a Camilo con su platillo favorito, un risotto de setas que solía hacer en las noches más especiales. La cocina se impregnó de un delicioso aroma, y cada ingrediente que agregaba era como una súplica silenciosa al universo: “Por favor, que todo salga bien”.
Cuando Camilo llegó a casa, el brillo en sus ojos al ver la cena preparada fue un alivio para Fabiana. Se sentaron a la mesa, y aunque intercambiaron risas y risas, en la mente de Fabiana seguía el eco de su frustración. Durante la cena, no pudo evitar preguntar:
—¿Cómo te va en el trabajo?
Camilo le contó sobre un proyecto que le había dado muchos dolores de cabeza, pero Fabiana sintió que su propio corazón latía más rápido que de costumbre. Las palabras de Gracia resonaban: "Estoy aquí para ayudarte." Una voz maliciosa en su mente cuestionaba si realmente su matrimonio estaba a salvo, y la idea de que Gracia pudiera estar tramando algo se afianzaba más y más.
Al terminar de cenar, Fabiana decidió romper el hilo cortante de silencio que se había vuelto habitual entre ellos. —Hubo algo que me perturbó en la consulta de hoy —dijo, recogiendo lentamente su plato y llevándolo a la cocina.
—¿Qué fue? —preguntó Camilo, cerrando el libro que había comenzado a leer, y acercándose a ella.
Ella se obligó a volver su mirada hacia él, y mientras lavaba los platos, se sintió debilitada. —Gracia… mencionó que ya te conocía… y… que es encantadora. No puedo dejar de concentrarme en eso.
La mención de Gracia parecía encender una chispa de entendimiento en los ojos de Camilo. —No tienes que preocuparte por eso, Fabiana. Es solo una doctora; me encuentro con personas así todos los días.
—Lo sé —respondió Fabiana, en un tono que trataba de ocultar su lucha interna—. Pero a veces es difícil no pensar que ella se interesa más de lo que debería.
Camilo se acercó a ella, dándole la espalda a la pileta con el agua jabonosa. —Nosotros somos un equipo. No dejes que una persona ajena ponga en duda lo que tenemos. Estoy aquí por ti, no por nadie más.
Las palabras de confort fueron una caricia en su alma, pero la desconfianza seguía latente. Decidida a tomar el control, Fabiana pensó en formas de proteger su matrimonio. Podía ser más observadora, más proactiva. Se comprometió a indagar, conocer mejor a Gracia y tomar decisiones informadas.
Durante la siguiente consulta, decidió que no se quedaría de brazos cruzados. Mientras escuchaba a Gracia hablar sobre los tratamientos, su mente tejía una estrategia. Anotaba las palabras clave, buscando cualquier indicio que pudiera reforzar su confianza o las dudas sobre la doctora.
—¿Cuánto tiempo dura el tratamiento? —preguntó Fabiana, cuya voz sonó más firme de lo que se sentía.
—Dependiendo del caso, pueden ser meses —respondió Gracia, tan compasiva como siempre—. Pero lo importante es mantener la esperanza y ser pacientes.
Fabiana sintió que la última palabra resonaba en su interior con dualidad. “Esperanza”. En ese momento, decidió que también sería proactiva en su propia salud emocional. Hablando con Camilo, planearían actividades que los acercaran más, fortalecerían su amor, transformando la inseguridad en conexión.
Cuando llegó a casa esa tarde, Fabiana le sugirió a Camilo que planearan un fin de semana lejos. —Busquemos un lugar tranquilo donde podamos olvidarnos del mundo —propuso con entusiasmo.
—Suena genial, ¿dónde te gustaría ir? —respondió Camilo, su rostro iluminándose.
—Quizás una cabaña en el bosque, rodeados de naturaleza, lejos de todo —sugirió Fabiana , sintiendo que la idea podría ser un respiro necesario para ambos.
Con esa pequeña chispa de entusiasmo, comenzaron a planear un viaje que prometía ser una escapatoria del estrés y la presión. Pero Fabiana entendía que esa escapada también sería su última oportunidad para revisar su relación, para descubrir si su amor era lo suficientemente fuerte como para enfrentar las sombras que amenazaban con introducirse en sus vidas.