Querer Demás

Capítulo 5

El día del viaje llegó, fresco y soleado, como si el propio universo estuviera apoyando su decisión. En el coche, la música suave de su banda favorita llenaba el aire, y el paisaje que desfilaba ante ellos comenzaba a calmar el torbellino en la mente de Fabiana. Cada kilómetro que recorrían la llenaba de una paz renovada. Sin embargo, la angustia susurrante detrás de su mente seguía intacta.

Al llegar a la cabaña, situada en un bosque denso y majestuoso, Fabiana sintió que la naturaleza la envolvía en un abrazo cálido. La cabaña era sencilla pero acogedora, con una chimenea que prometía noches de intimidad. Ambos se sintieron instantáneamente en casa, ríendo y explorando cada rincón del lugar.

Esa noche, bajo el parpadeo de las estrellas, sus corazones comenzaron a abrirse. Camilo tomó la iniciativa de preparar una cena a la luz de las velas, una forma de reconectar y dejar atrás la carga de la ciudad. Fabiana se dio cuenta de que necesitaban estos momentos, esos pequeños rituales que hacían que todo valiera la pena.

—Fabiana —empezó Camilo, mientras llenaba sus copas de vino—, te agradezco por planear esto. Ha sido un tiempo difícil para ambos, y me encanta que estemos aquí juntos. Te amo.

Esas palabras aliviaron el peso que llevaba sobre sus hombros. —Yo también te amo, Camilo. Siento que necesitábamos esto; quiero que nuestra relación sea siempre nuestra prioridad.

Mientras compartían risas y anécdotas, Fabiana sintió que podía expresarse sin miedo. Habló sobre sus inseguridades, sobre cómo el camino hacia la maternidad había sido doloroso para ella, pero que con él a su lado, cada paso se volvía más llevadero. Cuando mencionó a Gracia, sus palabras fluían con una mezcla de vulnerabilidad y determinación.

Camilo la escuchó atentamente. —Entiendo que puede ser incómodo, pero recuerda que estoy aquí contigo, y que, independientemente de lo que pase, nunca permitiré que alguien se interponga entre nosotros.

Las palabras de Camilo estaban llenas de sinceridad, y Fabiana se sintió más ligera. Esa noche selló con un abrazo lo que había sido una conversación liberadora. Pero, en el fondo de su corazón, una sombra seguía acechando, un eco persistente que le hacía dudar si realmente Gracia sería un obstáculo o, peor aún, una amenaza real.

La noche siguió su curso, con risas resonantes, con promesas y sueños. Sin embargo, Fabiana no podía sacudirse del todo la sensación de que este era solo el calmado antes de la tormenta. Su corazón anhelaba serenidad, pero en su mente, las alertas seguían encendidas. Lo que vendría en el futuro era incierto, pero Fabiana sabía que estaba decidida a luchar por lo que amaba, incluso si eso significaba enfrentar a Gracia una vez más.




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