Al llegar a casa, Fabiana sintió una mezcla de determinación y ansiedad. La charla con Lorenzo había agudizado su deseo de aclarar la situación con Camilo. Era el momento de abordar el elefante en la habitación, y lo haría de forma honesta.
Cuando Camilo llegó de trabajar, ella lo recibió con una sonrisa que ocultaba su nerviosismo. —Hola, amor. ¿Cómo fue tu día?
—Bastante bien, solo reuniones y más reuniones —respondió él, con un aire cansado pero alegre al mismo tiempo.
Fabiana sirvió la cena con una mano temblorosa, y mientras se sentaban a la mesa, tomó una decisión. Tenía que ser clara. —Camilo, hay algo de lo que necesito hablar contigo.
Él levantó una ceja, curioso. —¿De qué se trata?
—Es sobre Gracia. Siento que hay una línea delgada entre lo profesional y lo personal entre ustedes —explicó Fabiana, mirándolo a los ojos con sinceridad.
Camilo suspiró, consciente de la dirección que estaba tomando la conversación. —Fabiana, hemos hablado de esto. Estoy aquí por ti. No hay nada entre Gracia y yo —dijo, sin titubear.
—Lo sé —respondió Fabiana rápidamente—, pero hay algo en su comportamiento que me hace sentir incomoda. A veces siento que sus miradas y la manera en que te habla son… distintas.
Camilo bajó la mirada, su expresión cambiando. —Entiendo cómo te sientes. Pero debo ser honesto conmigo mismo y contigo. Gracia fue una gran ayuda cuando enfrenté todos esos problemas de fertilidad. Ha sido como un pilar, pero no significa que esté interesado en ella.
Fabiana tomó un respiro profundo. —Lo sé, pero eso no elimina la incomodidad que siento. Estoy aquí, te amo y quiero construir nuestra vida juntos. Pero cada vez que pienso en ella, me siento insegura.
Camilo, sintiéndose atrapado, se inclinó hacia ella. —¿Qué esperas que haga, Fabiana? No puedo alejarme de alguien que me ha ayudado tantísimo. Pero te prometo que no hay nada más entre nosotros —dijo, su voz firme pero suave.
Las lágrimas comenzaron a brotar en los ojos de Fabiana. —No estoy pidiendo que te alejes de ella, solo quiero saber que no hay nada que temer. Es frustrante que esto nos separe —sollozó.
Camilo la abrazó, sintiendo su dolor. —Amor, no dejes que el miedo destruya lo que tenemos. Te elijo a ti, siempre.
Esa noche, Fabiana se sintió un poco más en paz, pero la incertidumbre aún la acompañaba. Tenía que descubrir quién era realmente Gracia, y si era necesario, no dudaría en tomar acciones para proteger lo que había construido con Camilo.