Quererte Fue Quedarme

Capítulo 1

A veces la vida nos juega un poco rudo.

Entré a la preparatoria con las manos escondidas en los bolsillos de mi chamarra. Hoy hacía frío; estaba lloviendo así que decidí llevar el cabello suelto, dejando que mi ondulado natural se notara. Un poco de máscara de pestañas y labial eran más que suficientes, nunca me gustó maquillarme demasiado.

Llevaba un outfit cómodo: una chamarra de color azul cielo, una blusa rosa, jeans claros, tenis blancos y unos aretes colgantes en forma de corazón que me hacían sentir un poco más alegre sin que nadie lo notara.

El frío de la mañana todavía lo sentía en la piel. Los pocos vellitos que tenía en mis manos se me erizaron.

Cuando entré rumbo a mi casillero, había risas por todos lados, voces muy fuertes que hacían que me enterara de todos los chismes de la escuela y paso apresurados de quienes iban tarde a clases. El lugar olía a limpiador de pisos con aroma a lavanda.

Yo no era la típica chica sociable. Era demasiado tímida. Me costaba hacer amigos y no tenía muchos. Pero algo en mí decía que debía cambiar para agradarle a los demás. O tal vez era porque toda mi vida algunos familiares me repetían que, si no cambiaba mi forma de ser, me quedaría sola para siempre, que nadie se fijaría en mí.

Esos pensamientos rondaban por mi mente.

¿Y si de verdad nadie iba a quererme por ser tímida?

¿Tenía que cambiar solo para gustarle a alguien?

Estaba tan distraída que no me di cuenta cuando alguien chocó conmigo.

—Tierra llamando a Mariel. ¿Mariel estas ahí?

Me volteé. Era Ethan, mi mejor amigo.

Ethan era alto, seguro de sí mismo, con esa apariencia de chico malo. Vestía una chamarra negra, una camisa tan pegada que marcaba sus abdominales, jeans oscuros y botas negras; tenía una actitud que muchos confundían con misterio y rebeldía.

—Ah… hola, Ethan —respondí con voz apagada.

—¿Qué pasó ahora?

—Nada… es solo que…

—¿Solo que qué?

Me miró con expresión confundida.

—No tuve un buen día ayer. Solo eso — dije, forzando una sonrisa.

—¿Solo eso? Mar, dime la verdad.

Antes de que pudiera seguir interrogándome, sonó el timbre. Por suerte teníamos clases separadas; si no, era capaz de hacerme preguntas hasta que le dijera lo que estaba pasando.

Eran las 8:30 am, tenía clase de algebra.

Cuando entré, el salón estaba calientito. Las paredes eran blancas, las mesas cafés con sus sillas negras, algo desgastadas.

Cuando la clase comenzó, entró una cara que ya conocía.

Derek.

Mi antiguo amigo de la secundaria.

Él era que muchos podrían llamar como un guapo promedio: sonrisa fácil, ojos azules como el agua, alto, cabello rubio, vestía bien siempre y tenía esa forma de hablar que hacía sentir escuchado a cualquiera.

En cuanto me vio, se sentó a mi lado.

—Hola, Mar.

—Hola…

No tenía ganas de hablarle.

—Mar, ¿me explicas esto? No le entiendo a álgebra.

—Ajá…sí —respondí con frialdad

No estaba enojada por la clase. Estaba molesta por él.

Su novia, celosa, me había mandado un mensaje tiempo atrás:

Si quieres evitarte problemas, deja a mi novio en paz.

Confundida, le escribí a Derek de inmediato. Me dijo que no sabía por qué lo hacía. Según el, ella le contó que yo la había insultado y amenazado para que lo dejara.

Irónico, cuando en realidad fue ella quien empezó todo.

Y él… le creyó.

—Mar, por favor. Hablemos.

Justo entonces sonó la campana.

Gracias a la bendita campana escolar, pude librarme de él.

Me siguiente clase era Arte. Ahí me encontré con Ethan. No dijo nada; Simplemente entramos los dos juntos.

—Bien, chicos —dijo el profesor—. Hoy harán un dibujo libre, pero para el fondo debe llevar la técnica de difuminado que vimos.

—Maldita sea—murmuré.

No porque estuviera molesta, sino porque esa técnica se me dificultaba mucho.

Traté de dibujar un perrito, inspirándome en el que tenía en casa: blanco y de tamaño mediano.

Cuando terminé y estaba a punto de mostrarlo, alguien escribió mi nombre en la hoja.

Ethan.

—¿Por qué hiciste eso? —dije moleta.

—Está obra es original de Mariel Brooks. Necesitabas firmarla.

—Cállate —le di un pequeño golpe.

Cuando el profesor vio el dibujo sonrió.

—Señorita Brooks, vaya que le quedó bonito ¿Ya se cree una artista profesional? Hasta autógrafo le puso.

Ethan soltó una carcajada. Yo lo miré fulminándolo.

Salimos de la clase rumbo a la cafetería. Y para mi mala suerte… ahí estaba Derek.

—Hola, Derek —saludó Ethan animado

Derek lo ignoró.

—Mar, ¿podemos hablar?

—Déjame en paz, idiota—. Respondí molesta.

Sin pensarlo, Derek tomó mi mano y me llevó al patio.

—¿Qué quieres ahora? —pregunté

—Decirte algo importante…

—¡¿Qué?!

—Termine con mi novia.

—¿Y eso qué?

—Hablamos. Estaba muy celosa de ti. Pensó que me gustabas…. y en parte era cierto.

Guardé silencio.

— No me gustó como te hablo ni cómo te trato. No quería perderte. Siempre quise algo contigo, pero tuve miedo de arruinar nuestra amistad —dijo con voz triste—. Intenté buscarte muchas veces.

Mi mente estaba hecha un caos.

—Reflexioné todo este tiempo. Por favor, Mar… ¿Quieres intentarlo?

—¿Intentarlo después de que le creíste todo? —repliqué—. No puedo creer tu descaro.

—Era mi novia, Mar. Tenía que creerle… Pero cuando supe la verdad me arrepentí. Nunca deje de pensar en ti.

—Aja, claro.

—Solo dime que lo pensarás, por favor.

Suspiré.

—Está bien, Derek… lo pensare

—Gracias —dijo sonriendo y me dio un beso en la mejilla.




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