Febrero, 2025
-No me gusta Isabel. -dijo Mason por tercera vez en menos de cinco minutos, claramente agotado de escuchar las mismas insinuaciones de sus amigos.
Samuel y Alexia intercambiaron una mirada cómplice. Ninguno de los dos parecía dispuesto a creerle.
-¿En serio? -preguntó Samuel, arqueando una ceja-. ¿Ni un poquito?
-Se conocen desde niños -añadió Alexia con una sonrisa divertida mientras la pelirroja ladeaba la cabeza intentado descubrir a su amigo-. Han estudiado juntos prácticamente toda la vida. No puedes decirnos que nunca has sentido nada por ella.
Mason dejó escapar un suspiro.
Sin responder de inmediato, levantó la vista hacia la otra punta de la cafetería.
Allí estaba Isabel.
Sentada junto a sus amigas, reía con esa facilidad que siempre parecía contagiar a cualquiera.
Qué risa tan insoportable.
En cuanto sus ojos se cruzaron con los de Mason, ella le dedicó una sonrisa cálida y levantó ligeramente la mano para saludarlo desde la distancia.
Mason sintió aquel cosquilleo tan familiar en el estómago.
Desvió la mirada casi de inmediato.
-No me gusta Isabel. -repitió, esta vez más despacio.
Sin saber si estaba intentando convencerlos a ellos
O convencerse a sí mismo.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
A unos cuantos metros de distancia, Isabel continuaba conversando con sus amigas sin imaginar que era el tema principal de otra mesa.
-Oye... -preguntó Vicky de repente-. ¿No se supone que tú conocías a Mason desde que eran niños?
Isabel levantó la vista de su telefono.
-Sí.
-¿Y no se odiaban?
La pregunta quedó suspendida unos segundos en el aire.
-¡Es cierto! -intervino otra de sus amigas-. La otra vez dijiste que cuando eran pequeños no podían ni verse.
Isabel soltó una pequeña risa por la nariz.
Bajó la mirada hacia las páginas abiertas frente a ella y pasó un dedo por una línea que ni siquiera estaba leyendo.
-Éramos niños... -respondió finalmente-. -No era para tanto.
Dijo, restándole importancia a la conversación.
Agosto/2017
El gimnasio de la escuela estaba lleno de carteles, maquetas y proyectos de ciencias.
Mason acomodó por quinta vez el cartel de su exposición.
No estaba torcido.
Nunca lo había estado.
Pero quería que todo saliera perfecto.
Con apenas diez años, llevaba semanas preparando aquel experimento. Mientras la mayoría de sus compañeros habían construido volcanes de bicarbonato o maquetas hechas con ayuda de sus padres, él había decidido investigar los patrones de las hojas durante el otoño.
Los colores.
La temperatura.
La velocidad del viento.
Todo seguía un ciclo.
Y Mason estaba convencido de que aquellos cambios influían directamente en la energía y el crecimiento de las plantas.
Era la mejor idea que había tenido hasta ese momento.
Y estaba orgulloso de ella.
Sonrió al imaginar la enorme A que seguramente recibiría.
Entonces escuchó un grupo de voces al otro lado del gimnasio.
Varios profesores rodeaban uno de los proyectos mientras no dejaban de felicitar a la persona que lo presentaba.
La curiosidad pudo más que él.
Se abrió paso entre algunos estudiantes hasta que logró ver el puesto.
Primero reconoció el cabello castaño oscuro despeinado.
Después escuchó aquella voz.
Y finalmente la vio.
Isabel Tremblay.
-...estos patrones en las hojas de otoño no solo afectan a las plantas -explicaba con seguridad-, también parecen coincidir con ciertos cambios en el comportamiento de las personas y con la energía del ambiente.
Los profesores intercambiaron miradas de sorpresa.
-Qué observación tan original.
-Excelente razonamiento.
-Muy creativo, Isabel.
Mason sonrió por un instante.
"Está usando nuestra idea."
Pero la sonrisa desapareció casi tan rápido como había llegado.
"Nuestra."
No.
Nadie hablaba de él.
Nadie sabía que aquella idea había nacido durante una conversación entre ambos.
Nadie sabía que él había pasado tardes enteras explicándole los patrones que había descubierto.
Los aplausos llenaron el gimnasio.
Y, por primera vez, Mason sintió algo que nunca había sentido hacia Isabel.
Traición.
Apretó los puños con fuerza.
Ese día tomó una decisión.
Nunca volvería a compartir una idea con Isabel.
Y, mucho menos...
Volvería a confiar en ella.
Era irritable, muy gritona y parlanchina. ¿Cómo sus padres la pueden soportar?
-Odio a Isabell-