Febrero, 2025
El timbre que anunciaba el final de la clase apenas consiguió opacar el ruido habitual de la facultad. En cuestión de segundos los pasillos se llenaron de estudiantes caminando en todas direcciones. Algunos corrían porque iban tarde a la siguiente clase; otros aprovechaban el hueco del horario para sentarse a comer o simplemente perder el tiempo.
Mason salió del salón de Matemáticas Financieras con la mochila colgada de un solo hombro.
El profesor Daniels acababa de dejar otro taller para la semana siguiente.
Nada nuevo.
Si había algo que caracterizaba al hombre, además de su puntualidad enfermiza, era su capacidad para convencer a media clase de cancelar la materia antes del primer parcial.
Cancelar nunca había sido una opción para Mason.
Había trabajado demasiado para pagar ese semestre como para rendirse por culpa de un profesor.
Suspiró mientras avanzaba entre el pasillo lleno de gente hasta detenerse frente a su casillero.
Lo empujó una vez.
Nada.
Lo intentó otra vez.
Tampoco.
-Vamos... -murmuró entre dientes.
En el tercer intento, la puerta cedió de golpe con un chirrido metálico tan fuerte que varias personas giraron la cabeza.
Mason cerró los ojos durante un segundo.
Perfecto.
Justo lo que necesitaba.
Llamar la atención.
-Casillero de mierda... -refunfuñó mientras guardaba el libro de Finanzas.
-¿Otra vez peleando con esa chatarra?
Mason levantó la cabeza.
Isabel.
Llevaba una carpeta abrazada contra el pecho y una sonrisa que parecía completamente fuera de lugar para alguien que acababa de salir de clases. ¿Por qué su sonrisa a veces le irrita y al mismo tiempo le provoca alivio?
-¿Podrías dejar de aparecer de la nada? -preguntó con un tono de sarcasmo típico de el.
-¿Podrías aprender a abrir un casillero?- Le respondió ella con una burla pasiva de su parte.
Mason soltó una risa por la nariz.
Muy pequeña.
Casi imperceptible.
-No tiene gracia.
-Para ti no. Para mí muchísimo.
Ella se acercó unos pasos hasta observar el casillero con curiosidad.
-¿Y por qué no lo cambias?
-Porque el único que queda libre está al lado del baño.
-¿Y?
Mason la miró como si acabara de hacer la pregunta más absurda del mundo.
-¿En serio me estás preguntando eso?
Isabell asintió.
-Nadie quiere que sus apuntes huelan a cloro todo el semestre.
Ella soltó una carcajada.
Siempre hacía eso.
Se reía de las cosas más simples cuando Mason se quejaba.
Y, por alguna extraña razón, él nunca conseguía molestarse demasiado.
-Cambiando de tema... -dijo Isabel cuando por fin dejó de reír-. Vicky y Tara quieren ir esta noche al bar que queda frente a la universidad.
Mason terminó de acomodar los libros.
-Ajá.
-Dicen que invites a Samuel y Alexia.
-Eso ni siquiera hace falta preguntarlo.
-¿Van a ir?
Mason cerró el casillero de un golpe.
-Samuel vendería un riñón si con eso le regalaran una cerveza.
Isabel volvió a reír.
-No seas malo.
-No estoy siendo malo.
-Un poquito.
-Estoy siendo realista.
Los dos comenzaron a caminar por el pasillo casi al mismo tiempo, sin darse cuenta.
Era una costumbre.
Ninguno esperaba al otro.
Simplemente, terminaban caminando juntos.
-¿Y tú vas a ir? -preguntó Mason.
-Si tú vas.
-¿Y si no voy?
-Entonces me tocará convencerte.
Mason negó con la cabeza.
-Qué fastidio eres.
-Pero sigues hablándome.
Él sonrió de lado.
No respondió.
Porque, después de tantos años, había aprendido que discutir con Isabel era una batalla que nunca iba a ganar.
El bar estaba tan lleno como todos los jueves.
El sonido de los vasos chocando entre sí se mezclaba con las risas, conversaciones imposibles de entender y la música que salía del pequeño escenario de karaoke. En una esquina, una pareja apenas prestaba atención al resto del mundo mientras se besaba; en otra, un grupo de universitarios competía por ver quién aguantaba más tragos.
Y luego estaban ellos.
Probablemente el grupo más escandaloso de todo el lugar.
-♪ Uptown girllllllll... She's my uptown girl♪
Alexia sostenía el micrófono como si estuviera dando un concierto frente a miles de personas. Cantaba completamente desafinada, pero eso parecía importarle muchísimo menos que al resto del bar.
Samuel no dejaba de grabarla con el celular.
-¡Eso! ¡Dales otra, Ali! -gritó entre carcajadas.
Alexia respondió levantando una mano al aire, convencida de que realmente estaba haciendo una presentación digna de un show.
Mason observaba la escena desde la mesa mientras negaba lentamente con la cabeza.
¿Por qué acepto venir?
Todavía le parecía extraño haberse hecho amigo de alguien tan... Alexia.
La había conocido el primer semestre.
Durante dos semanas enteras creyó que la chica estaba siendo amable con él.
Hasta que Samuel le explicó que, en realidad, Alexia había intentado coquetearle desde el primer día.
Ella terminó rindiéndose cuando descubrió que Mason tenía la misma capacidad para captar indirectas que un idiota.
Y, contra todo pronóstico, terminaron siendo mejores amigos.
La canción terminó entre aplausos dispersos.
Alexia hizo una exagerada reverencia, haciendo mover su melena pelirroja despeinada.
-¡Muchas gracias, público! ¡Nos vemos en mi próxima gira mundial!
Dejó el micrófono sobre el escenario y regresó a la mesa como si acabara de llenar un estadio.
-Eres un desastre cantando -comentó Tara apenas volvió a sentarse.
-Eso se llama talento incomprendido.
-Se llama desafinar.
-Envidiosa.
Vicky soltó una risa mientras le acercaba una cerveza.