Quiana “secretos, pasión y vino”

27 BIENVENIDA A LA CIUDAD ETERNA

11:56 p.m.

Aeropuerto Leonardo Da Vinci, Roma

«Ava fue asesinada el 24 de octubre de 2013 a las afueras de Karea, Grecia».

«Su cuerpo apareció en la entrada del Santo Monasterio de San Juan, a tres kilómetros de la città».

Las palabras resuenan en mi cabeza, una y otra vez.

«Estrangulamiento».

«ADN de Astor debajo de sus uñas».

«Estuve dos años con un asesino».

Asesino, asesino, asesino.

Desde hace dos horas mi mente es un torbellino imparable. Fabrizio comenzó cavando en el diminuto pozo de mi historia con Astor, pero encontró un oscuro y frío laberinto del cual yo misma apenas conozco un cinco por ciento.

Releo el último mensaje de Dulce antes de que el avión perdiera señal:

«¿Tienes bien en claro que pudiste haber sido tú la siguiente?» Un escalofrío me recorre la espalda. «De solo pensar que mamá le dio hasta las llaves de la hacienda, me dan ganas de vomitar. Lo mejor será que me quede con Sebas y resistir hasta que podamos viajar a Roma».

—Ragazza, hemos aterrizado y ni cuenta te diste —murmura Fabrizio, acariciando mi cabello—. Hey, Quiana, stai bene? (¿Estás bien?)

—No puedo, Fabrizio —exhalo, guardando el teléfono con manos temblorosas—. No puedo dejar de pensar en que yo pude haber sido la siguiente víctima de Ferrer, en que estuve a punto de hacer una vida con él… y en que mi madre lo idolatra como si fuera un santo de parroquia.

Abro la diminuta botella fría de Perrier y bebo un buen trago, intentando apaciguar el nudo de ansiedad en mi estómago.

—Toda acción tiene una consecuencia, pero… ¿esto? —bajo la voz al ver a los pasajeros moverse lentamente hacia la salida—. ¿Qué clase de hombre asesina a su esposa y sigue viviendo como si nada hubiera pasado?

—Un cobarde, un psicópata —responde él, apretando mi mano con firmeza—. La sorella (hermana) de Ava fue la única que se atrevió a señalar a Ferrer en el funeral, pero tampoco le fue bien.

—¿Qué? Ay, Fabrizio, por favor, no me digas que a ella también la mató porque mi ansiedad no lo resistiría.

—No, no. Está viva. Pero quedó viuda, con dos hijos y sin un solo euro en su cuenta de ahorros por las deudas de su difunto marido —suspira, preocupado—. Ragazza, creo que no fue buena idea haberte metido en todo esto…

—No —lo interrumpo, entrelazando mi mano con la suya—. Contármelo fue lo mejor que pudiste hacer. Te agradezco con el alma que te tomaras el tiempo de investigarlo —intento sonreír, pero siento que mis labios apenas se mueven—. Es un shock, claro. Pero al menos ahora sé que mi intuición nunca falló. Siempre hubo algo podrido en su corazón… solo que nunca pude llegar hasta allí.

—No entiendo cómo es que vive en México y nadie ha investigado su historial criminal —resopla con frustración—. Vigliacco. (Cobarde).

—La corrupción existe en todos lados, y mi país no es la excepción —arrugo la nariz—. Astor maneja demasiado dinero en Guadalajara. Todo el mundo lo ve como el magnate automotriz exitoso que siempre consigue lo que quiere. Supongo que por eso aparece en revistas como TV y Notas.

—Yo también salgo en revistas.

—¿Posando como modelo o algo así? —alzo una ceja, algo confundida—. Porque si es así, me encantaría una de esas gacetas italianas.

Él suelta una risa baja y se pone de pie para sacar su maletín del compartimiento superior. Luego me extiende una revista envuelta en una bolsa de plástico.

—Mira esto y dime qué opinas.

Sujeto la revista con curiosidad y, al ver la portada, se me escapan un par de carcajadas.

—¡Dios! ¡Conozco Grazia, la leo de vez en cuando! —mis ojos se fijan en la foto de Fabrizio bajándose de una moto roja—. Fabio Girardi viaja a Buenos Aires. ¿Nuova conquista? Wow. Quiero esta foto.

—Para la farándula romana soy el apuesto y rico mujeriego que no deja presa viva —dice, divertido, pero hay algo en su mirada que delata otra emoción—. Voglio (quiero) que tengas en mente que esta clase de gente a veces puede ser cruel.

—¿Y eso qué significa? —frunzo el ceño.

—No quiero que salgas lastimada si escuchas algún comentario desagradable… o si alguien intenta molestarte mientras estés en Roma —sus ojos, preocupados, buscan los míos—. Quiana…

—Número uno, eres Fabrizio Alessandro Girardi, no Fabio —señalo las letras en negritas—. Segundo, entiendo que tu viaje a Argentina fue una oportunidad para expandir tu negocio, pero también un escape perfecto para olvidar a esa mujer de la que no quiero hablar ahora porque ya tuve suficiente con Ferrer —sonrío a medias—. Y tercero, la farándula es una basura. Tú eres más de lo que estas revistas muestran, y me siento afortunada de empezar a conocer al verdadero Fabrizio.

Aviento la revista a un costado del asiento y lo miro fijamente.

—Dime, ¿qué clase de hombre se arriesga e invita a una mujer que conoció en un aeropuerto a vivir el sueño de su vida? ¿Un mujeriego? ¿Un empresario desinteresado y egoísta como te pintan?

Él entrecierra los ojos, su mirada se oscurece con algo que no logro descifrar del todo.

—No —baja la voz—. Un hombre que se está empezando a enamorar… y que no tiene la más mínima idea de cómo llegó al punto de darle paso al amore —muerde su labio, sin apartar sus ojos de los míos—. ¿Ya te había dicho lo bien que te sienta ese labial rosa? —sonríe con esa maldita seguridad suya—. Mi togli il respiro (Me quitas el aliento).

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