¿ Quién eres, mi prometido ?

Capítulo 44

Capítulo 44

No tuvieron una boda como tal. Simplemente firmaron en el registro civil y se convirtieron en marido y mujer. Ostap puso en el dedo de Inga la alianza con las iniciales "I" y "O" que la joven había encontrado tiempo atrás en la caja fuerte. Era el regalo de él, que ella no se había atrevido a ponerse entonces (vacilando, sin estar segura del todo de si lo deseaba), pero que ahora aceptaba con alegría. En cambio, el brazalete con las letras "I" y "A", que le recordaba al odiado Artem, terminó en la basura.

Unos días después, Inga recibió otra buena noticia que celebró junto a Ostap. Resultó que su conocido, Iván Nepyyvoda, había superado todas las rondas clasificatorias del famosísimo reality internacional "¡Vive o huye!". Y ahora participaba en él. Cada noche emitían los directos de las etapas del juego, e Inga y Ostap animaban a Iván de todo corazón.

Y hoy, mientras un tranquilo atardecer de otoño descendía sobre la mansión y Nazarchyk dormía plácidamente en su cama, Inga se acurrucó junto a Ostap en la sala, donde el fuego crepitaba suavemente en la chimenea, y encendió el televisor. Justo emitían el último programa especial del juego, donde se decidiría el finalista y ganador.

En la pantalla, entre paisajes montañosos hostiles, dos hombres exhaustos intentaban encender un fuego. Cada uno estaba en una ubicación distinta. Iván se encontraba en una pequeña hondonada donde el viento soplaba con menos fuerza, mientras su oponente, por alguna razón, intentaba prender la hoguera en un terreno abierto.

— "¡Vive o huye!" —leyó Ostap el título en la pantalla—. Qué nombre tan extraño para un juego. Entiendo que es de supervivencia en condiciones difíciles, pero ¿por qué "huye"?

Inga, sin apartar la vista de la imagen, explicó:

— Porque también hay animales salvajes. Hay que huir de ellos. Todos los participantes aceptaron las condiciones. Si hay una amenaza real para la vida y no logran escapar, deben pulsar el botón rojo. ¡Mira! ¡Es Iván! Caray, cuánto le ha crecido la barba y qué delgado está, pero su mirada sigue siendo la misma: firme y decidida.

En la pantalla mostraron el rostro de Iván, curtido por el viento y cansado, pero realmente resuelto. Metódicamente, sin pánico, sacaba chispas con el pedernal, protegiendo la yesca de las ráfagas de viento.

— Decía que era una prueba para el cuerpo y la mente —susurró Inga, recordando aquella noche en el bosque—. Contaba que las etapas eran cada vez más difíciles. Primero los dejaron en unos pantanos llenos de nubes de insectos y sin camino conocido. ¿Recuerdas que uno de los participantes casi se ahoga en el fango? Luego tuvieron que cruzar a nado un río helado por su cuenta...

— Ajá, y ahora tienen que sobrevivir una noche en las montañas teniendo solo un cuchillo y un pedernal —añadió Ostap, leyendo los subtítulos—. Es una locura. ¿Y todo esto por dinero?

— Quizás alguien esté allí por el dinero. Seguramente. Pero Iván está allí por una oportunidad —respondió Inga con convicción—. Decía que quería demostrarse a sí mismo que no se había quebrado, que podía lograrlo...

En ese momento, el segundo participante, a quien mostraban en una ventana contigua de la pantalla, no aguantó más; maldiciendo, arrojó su pedernal al suelo y empezó a pisotearlo. Luego sacó del bolsillo un pequeño dispositivo y pulsó el botón rojo de la baliza de emergencia. Se rindió.

La cámara cambió al instante a Iván. El hombre, según las reglas, recibió una señal acústica en su dispositivo —todos los espectadores oyeron el pitido, pues los participantes llevaban micrófonos y cámaras en directo—, pero no comprendió de inmediato lo que pasaba. Finalmente logró encender su pequeña llama y, con cuidado, iba añadiendo ramitas. El fuego creció con brillo e Iván, satisfecho, empezó a calentar sus manos entumecidas por el frío. Solo cuando un helicóptero se cernió sobre él y un foco iluminó su figura, levantó la cabeza.

— ¡Iván! —tronó la voz del presentador por los altavoces—. ¡Es usted el ganador del juego "¡Vive o huye!"! ¡Enhorabuena!

Inga se tapó la boca con la mano y Ostap la abrazó con más fuerza. Miraron en silencio cómo subían a Iván a bordo del helicóptero.

La siguiente escena ya era en el plató del estudio. Iván, limpio y afeitado (aunque algo incómodo con su traje nuevo), estaba en el escenario. Su rostro aún conservaba huellas del cansancio, pero sus ojos brillaban.

— ...¡Y usted recibe el gran premio! —anunció el presentador entre aplausos—. ¡Quinientos mil euros!

Iván tomó el enorme cheque simbólico y sonrió ampliamente a las cámaras.

— Lo ha conseguido —susurró Inga con lágrimas en los ojos—. Pudo lograrlo.

— Es un auténtico guerrero —asintió Ostap con respeto.

— ¡Pero tenemos una sorpresa más para nuestro ganador! —sonrió el presentador—. ¡Aquello por lo que, según dijo, decidió participar!

De entre bastidores salió de repente una mujer, seguida de un niño pequeño, de unos cinco años.

— ¡Papá!

Iván se volvió. Pareció olvidar el dinero y las cámaras. Se hincó de rodillas y el niño se lanzó directamente a sus brazos abiertos. El hombre estrechó a su hijo contra sí con tanta fuerza como si temiera que fuera a desaparecer. Su esposa se acercó y, sin contener las lágrimas, los abrazó a ambos. La cámara hizo un primer plano de sus manos entrelazadas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.