Quiero enamorarte

Fresa

Lo primero que hace al despertar es buscar su celular. Hace tiempo que no sentía la necesidad de revisar la pantalla tan temprano. No busca en sus redes sociales, si no en su galería. La mañana es importante para Alicia, y cuando la inspiración la visita, le interrumpe el sueño, haciéndola levantar a las seis en punto. Sonríe al ver las fotos, tiene clara la idea que quiere bosquejar. Hace mucho no se había atrevido a diseñar ropa de hombre, pero luego de conocer a Rylan, su imaginación vuela sobre nuevos estilos. Desesperada, busca  lápiz y papel, necesita captar la idea cuanto antes. 

Arruga el papel de nuevo, y lo lanza con resignación al centro de la sala. Su mano no puede dibujar lo que tiene en la cabeza. Le parece aberrante lo que proyecta en la hoja. «Estúpida anatomía» dice en su mente. Desliza sus manos hacia su frente. No entiende porque le cuesta tanto captar la silueta, y sin definir esa postura que quiere no puede plasmar las prendas. Pasa sus manos hacia la nuca, jala un poco su cabello en señal de frustración. «Necesito verlo» piensa, mira hacia el techo, como si ahí se encontraran todas sus respuestas. Sabe que necesita ese toque de rudeza en su vida, todo lo que hace luce femenino, y no entiende porque le cuesta tanto representar lo opuesto. ¿Qué tan difícil puede ser? es la pregunta que le da vueltas una y otra vez. 

—¿Tú vas a recoger ese berrinche no? —dice Ana apenas sale de su cuarto, refiriéndose a las bolas de papel lanzadas por la sala de estar—. Necesito tu ropa sucia —continúa, al no recibir respuesta—, creí que este alquiler incluía lavandería pero no, ahora tenemos que buscar una, por suerte Nando tiene carro.

—Nando… —repite Alicia sin apartar la mirada al techo.

Ana se preocupa un poco ante la reacción de su amiga, tenía tiempo que no la veía tener una crisis. Toma una bola del suelo, y desdobla el papel para mirar. Suspira, volviendo a arrugar la hoja.

—¿En serio? —pregunta incrédula—. Tienes miles de ideas en pausa, hay muchas blusas que quiero usar de tu estúpido catálogo, ¿y ahora te vas a poner a inventar con ropa de hombre? —Le lanza el papel a la cabeza.

—Es que no entiendes —responde al salir del trance—. Esto es un reto, algo nuevo, y en mi mente se ve maravilloso.

—Pero no conoces el cuerpo del hombre —hace una mueca de disgusto. 

—A ver, estudié anatomía de dibujo, claro que lo sé.

—Creo que te falta observar más —ríe por los bocetos—. Y quizás tocar.

—Ya estás echándome en cara la maldita soltería que llevo encima. —Se levanta molesta—. No quiero escuchar más. —Cierra la puerta del cuarto. 

Revisa su cara en el espejo. Quizás no tuvo que levantarse directo a la acción. Ahora se siente mal por dejar a un lado su rutina de cuidado. Pensó que sería un sacrificio provechoso, y terminó por ser un gran fracaso, ni consiguió sacar el boceto, ni tampoco cuidó su piel y cabello. Así que, resignada, procede a comenzar su proceso de belleza y salud. Con el sol que hace, debe tener cuidado, no quiere dañar el cutis perfecto que tanto le costó tener. 

Ana sale en busca de una lavandería. Y Alicia decide salir después de ella. No quiere estar sola en casa, y de seguro una vuelta podría ayudarla. Anoche se acostó tarde buscando y vagando entre los videos de la banda. Y encontró uno viejo, donde Rylan canta solo, para un evento de su colegio, al momento le pareció tierno verlo de joven. Pero ahora le molesta que nada de ese material sea suficiente. Camina de un lado a otro mientras se hunde en sus pensamientos. El pueblo mantiene colores vivos y hermosos, los residentes son muy cuidadosos con las flores, y eso le saca una sonrisa. Respira profundo los aromas esparcidos en el viento. Olores de flores y postres de panadería, son los que más percibe. Le hace recordar que no comió nada por culpa de su estrés. Ya no le provoca un café a estas horas, detesta la idea de sudar. Hace calor, pero se mantiene fresca con buena actitud. Así que decide ir por algo igual de fresco, una fruta.

Revisa indecisa las estanterías sin saber qué llevar. Se debate si comprar algo dulce o cítrico. Resopla indecisa y toma medio kilo de duraznos y mandarinas. Sonríe al ver a Rylan, no esperaba encontrarlo. 

—¿También compras frutas? —deja caer las bolsas sobre la caja. 

—A veces —responde sorprendido. Mira de un lado a otro, la tienda está vacía.

—¿Y quién atiende aquí? —dice ella echando un vistazo a su alrededor. 

—Yo. —Da la vuelta y se sienta frente a la caja registradora.

—¿Trabajas aquí?

Asiente y procede a pesar las frutas. Alicia presiona sus labios incómoda. Siente otra vez el rechazo. La sensación la llena de amargura, mientras lo mira en silencio. No se le ocurre un tema para conversar, está convencida que no le contestará. Saca su celular y revisa por inercia sus redes. Se cruza con el viejo video de Rylan, ahora no deja de aparecer en bucle. Sonríe y deja el aparato a un lado para sacar el efectivo. El chico reconoce el escenario en el móvil.

—Pero, que… ¿De dónde salió eso? —dice confuso.

Alicia se sorprende y esconde su celular. 

—Internet —sonríe nerviosa, y ruega porque no piense mal de ella, o al menos que no la trate peor.

—¿Cómo?... —Rylan queda sin palabras. Y luego recuerda las fotos que le tomó anoche. —¿Por qué? —decide confrontarla con esta sencilla pregunta, que acompaña con una mirada penetrante.

—Busqué información, es mi trabajo si voy a dirigir las redes sociales de la banda —responde nerviosa.

—¡¿Qué?! —grita—. No, no, tú no puedes manejar eso.

—Nando me autorizó —excusa, no sabía que se alteraría por eso.

—Pero ¿cómo se atreve, sin comentarlo a nadie más?

—No entiendo qué tiene de malo, tienen muchos videos sueltos, de las personas que los han visto.

—Es muy diferente, videos regados que no pueden darnos un nombre, a que vengas tú con cierta cantidad relevante de seguidores —dice calmado.




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