Quiero enamorarte

Sigamos así

El cielo amanece nublado. El escaso brillo del día invita a quedarse en casa, y la lluvia amenaza con caer en cualquier momento. Alicia abre las cortinas, esperaba encontrar el resplandor del sol. Ahora mira desanimada por la ventana.

—Cuéntame algo nuevo —susurra, recuerda fragmentos de la canción de Rylan—. Sálvate a ti mismo.

Luce hipnotizada, perdida en sus pensamientos mientras permanece frente al cristal. Sin detallar nada, realmente no está viendo nada. Insegura, cierra las cortinas. Procede a comenzar su rutina de cuidados para su piel. Lista para afrontar un día aburrido encerrada en casa.

Publica una historia de su desayuno antes de tomar el primer bocado. Revisa atenta su celular, rechaza la idea de perder la costumbre de ponerse al día cada mañana. Y junto a su café, navega un rato entre comentarios y noticias.

Suelta un par de risas por el ingenio de las personas, le alegra el día encontrar un par de videos graciosos, los cuales no duda en compartir por mensaje privado a Ana. Pensativa y dudosa de si entenderá el humor, también los envía a Rylan. Le haría ilusión despertar ese tipo de cercanías con él.

—Buenos días —dice Ana—. Disculpa que te aborde así tan temprano, pero necesito tu ayuda. —Se sienta a su lado, muestra la pantalla de su celular—. La decoración de estos bares está inspirada en esta banda, de la que haremos el tributo.

—¿Ya se decidieron? —Toma el móvil entre sus manos para mirar de cerca.

—Necesito que te encargues de la decoración, porfis.

—Pero yo soy diseñadora de modas, no diseñadora de interiores.

—Estoy segura que con un par de ojeadas puedes hacerlo. —Ana sonríe para animar a su amiga, pero no logra una respuesta positiva en la expresión de Alicia—. O por lo menos armar un tablero de inspiración, también nos puede ayudar.

—Está bien.

—Ah, y si ves alguna cosa de madera, puedes añadirlo, que uno de los dos Andres es carpintero. —Vuelve a tomar su celular.

—Oye que genial, siempre me pareció entretenida la idea de trabajar con madera.

—Tú y tus cosas —dice Ana sin prestar atención, responde a un mensaje con urgencia—. Por cierto, Nando y yo saldremos a las tiendas para hacer un presupuesto, ¿no quieres que te dejemos en el bar para que tomes ideas?

—No me agrada la idea de estar ahí sola.

—Rylan está ahí —sonríe—. Estará arreglando algunos detalles, tengo entendido.

—¿Si? —sonríe emocionada.

—No puede ser, no tardaste nada en enamorarte. — Apoya sus brazos sobre la mesa, y deja caer la cabeza sobre sus manos, que forman un arco alrededor de su cara.

—¿Qué dices?, no estoy enamorada, solo me emociona tener una nueva amistad.

—Amigo el ratón del queso.

—Deja de usar las frases de mi madre —reclama, finge molestia.

—Anda, arréglate, que Nando viene en camino —dice al ver la pantalla de su móvil brillar.

Entra al cuarto apresurada. Detesta esta nueva costumbre de su amiga. Alicia siempre ha sido una chica que planifica todo, pero le dejará pasar estos momentos de estrés solo porque están de vacaciones. No estaba en sus planes tanto ajetreo. Y en esta ocasión, ni siquiera es una obligación.

 

Hay tantas cajas que desempacar y organizar en el bar. Rylan todavía no puede creer que el tío de Nando aceptara una remodelación. Fueron muchos años con la misma apariencia. Hasta sabe historias de sus padres, de cómo frecuentaban este lugar en su juventud. No es común que se encariñe con lo material, a excepción de la guitarra, la cual tiene un significado y con la que tiene un fuerte lazo, pero este lugar, de cierta forma, lo ha visto crecer. El pueblo ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Hay lugares y tiendas que ya no recuerda cómo eran. Es una pena que este espacio tenga que sumarse a la ola de cambios. «Todo sea por el turismo» piensa al recordar la charla entusiasta de Alicia. Es importante, a la zona le conviene toda esta transformación, pero a este chico no le gustan los cambios bruscos. Su vida fue marcada por alteraciones rápidas de un día para otro, y detesta cuando ocurre. Una vida tranquila, sin estrés ni drama, es lo único que pide.

Luego de hacer una lista con todas las tareas pendientes, pasa a desenvolver el juego de luces nuevo. Revisa que funcione por completo. Ya está acostumbrado a hacer inventario. Para sus adentro admite que le gusta este local cuando está cerrado. El espacio abierto, y el silencio que lo llena todo, le resulta satisfactorio. Camina de un lugar a otro, entonando una melodía, para verificar el eco del local. Se detiene al llegar a la última mesa, junto a la pared. En el otro extremo del salón se observa la tarima. Mira los instrumentos, y le surge una idea. Regresa con pasos lentos, chasquea sus dedos para marcar el compás que tiene en la cabeza. Conecta la guitarra, con la excusa de probar el sonido. Murmura una canción. Recuerda la letra de una canción romántica, las palabras se hacen más claras , y aumenta el volumen de su voz, al tiempo que toca con más fuerza la guitarra. Con una velocidad moderada, canta y disfruta una nueva melodía.

Alicia entra al local a mitad de la canción. Lo observa cantar desde la entrada.

Y cada vez me encuentro hundido, entre tus brazos me encuentro sumergido —entona Rylan, perdido entre los acordes—. ¡Oh! cariño todo lo hice por ti, contigo puedo ser feliz, si permaneces cerca oh querida, puedo ser feliz. Tú luz me guía hacia un camino sin retorno. Contigo, la marea puede subir y bajar. Contigo cariño.

Alicia aplaude. Sonríe complacida ante el asombro de Rylan, quien interrumpe el espectáculo al verla.

—¿Cómo entraste? —pregunta confundido. Ella le muestra el llavero de Nando.

—Parece que me han dejado a cargo la decoración —dice al estar cerca—. ¿Qué tocabas?

—Nada en particular, solo quería revisar el sonido.

—A mí me parecía una canción, ya sabes, un poquito emotiva. —Muestra con sus dedos una pequeña medida.




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