Quiero que vuelvas a mi

Capítulo 8

Sydney

 

Mientras miraba paralizada la pantalla de mi teléfono, me di cuenta de que lo único que se movía dentro de mí era mi corazón, que latía con tanta fuerza y rapidez que creí que me daría un infarto. Estuve a punto de contestarle, mi dedo estuvo a un centímetro de tocar esa pantalla, pero me detuve. No iba a permitirle derrumbar las paredes que con tanto esfuerzo me costó levantar. Apagué la pantalla de mi teléfono, entonces miré a las chicas.

—Les doy solo una oportunidad para que me expliquen por qué lo hicieron. De todos mis contactos, ¿por qué se les ocurrió llamarlo a él?

—¿A quien llamaron? —preguntó Taylor, apareciendo con la bandeja de nuestros tragos.

En seguida me puse nerviosa, se suponía que acabé de decirle a Taylor que Wyatt estaba fuera de mi vida y no me importaba para nada su mención.

—El plomero—explicó Emma, obviamente iniciando una mentira que seguro no tendría sentido—. Es que, verás. Se rompió una tubería de la cocina. Hay mucha agua.

Taylor frunció el ceño mientras se sentaba a mi lado.

—Las cocinas no tienen tuberías, Emma.

—Es que ella se refiere al lava platos—corrigió Deisy rápidamente.

—¿Cuándo se dañó? Esta mañana me pareció que estaba todo en orden cuando les ayudé a lavar los platos.

—Fue en la tarde—añadí—. Pero ellas llamaron al plomero a estas horas y sentí vergüenza por eso.

Me levanté de la silla y señalé a mis traidoras amigas con la mirada.

—Necesito ir al baño, ¿me acompañan?

Emma y Deisy compartieron una mirada de no quiero ir, pero le lancé otra mirada de advertencia a escondidas de Taylor. Actuaban como unas niñas acusadas, y quería molestarme con ellas y su imprudencia, pero estaban ebrias. Finalmente, ambas se levantaron y me siguieron al baño.

Cuando llegamos al baño, Deisy cerró la puerta con pestillo. Por suerte estábamos solas.

—¿Cómo se les ocurrió hacer eso? —les pregunté, mirándolas con desconcierto—. Es que, Emma tú sabes lo que sucedió. No quiero saber más sobre Wyatt.

—Todo fue mi culpa—confesó Deisy, lo que me sorprendió—. Es que yo no sabía lo que pasó entre ustedes, y entonces Emma me dice que no es así y no le creí. Ella quería demostrarme que sí y una cosa pasó a otra y terminamos insultándolo.

Emma juntó sus manos e hizo una expresión exagerada de remordimiento, juro que no la dejaría beber nuevamente, o por lo menos no dejar mi teléfono cerca de ella.

—Te lo dije Sydney, fui manipulada por ella. Las pelirrojas son peligrosas.

—Deja de acusar a Deisy, tú lo llamaste—la reñí, recordando lo peor de todo eso—, y lo hiciste desde mi teléfono.

Deisy dio un paso y me miró igual de arrepentida.

—Perdóname Sydney, nunca creí que habrían terminado, se veían tan enamorados en la tienda y luego en su casa que… no lo sé, simplemente no podía creerlo—suspiró pesadamente—. No volveré a creer en el amor verdadero si ustedes ya no están juntos.

Emma se cruzó de brazos y rodó los ojos.

—No lo lamentes Deisy, Wyatt es un idiota.

En ese instante llegó un mensaje a mi teléfono. En la pantalla de bloqueo vi la notificación y parte del texto. Accedí a mi bandeja de mensaje y leí el de Wyatt.

Ya que no contestas, voy en camino para el club.

Leí ese mensaje por lo menos cinco veces. ¿Por qué quería venir? Le había dicho claramente en el restaurante que lo quería fuera de mi vida. Cerré los ojos, haciendo todo lo posible por calmar la adrenalina corriendo por mi cuerpo al ritmo de mi frecuencia cardiaca acelerada.

—¿Qué sucede? —preguntó Emma—. ¿Te sientes bien?

Abrí los ojos y miré nuevamente la pantalla de mi teléfono, deseando que ese mensaje hubiera sido una alucinación proveniente de lo profundo de mi mente y mi corazón, donde sabía perfectamente que si seguía encontrándome con Wyatt todo se iba a arruinar, porque lo extraño y desearía que fuera un hombre diferente.

—Wyatt viene para acá.

Emma abrió sus ojos con sorpresa.

—No pensé que vendría.

—¡Emma! —gruñí—. ¿Qué esperabas exactamente?  

—Lo lamento, ¿sí? Él fue quien te dejó. Solo pensé que lo haría pasar un mal rato al despertarlo.

Sentí un nudo en mi garganta y dolor nuevamente al recordar que, en efecto, él fue quien lo terminó todo. Durante días quise convencerme de que lo hizo con una buena intención, las cosas se iban a complicar si seguíamos juntos y él no quería que yo sufriera. Pero tomó esa decisión solo, y entonces pensé que quizá no le importé lo suficiente como para tomar en cuenta lo que yo quería. Así que, me pregunté una vez más por qué quiere venir hasta aquí, si Wyatt estaba tan seguro de lo que hizo al alejarme, ¿entonces por qué no lo deja todo como estaba?  

—¿Saldrás a verlo? —preguntó Deisy.

Ambas me observaron expectantes. Apagué la pantalla de mi teléfono y lo metí dentro del bolsillo trasero de pantalón, mientras pensaba qué hacer.

—Iré—contesté.

Emma frunció el ceño en desacuerdo.

—Sydney, yo provoqué esto, saldré yo.

—Tengo que salir, no conoces a Wyatt, entrará y no se quedará tranquilo hasta que hablemos. Y… no quiero que se encuentre con Taylor.

Daisy me miró con curiosidad.

—¿Por qué con Taylor?

—Tengo un mal presentimiento sobre eso—me encogí de hombros.

Emma sonrió perversamente, cada vez que lo hacía decía algo problemático.

—Sería bueno que lo viera y se diera cuenta de que no es indispensable en tu vida de una vez.  

Rodé los ojos, decidiendo ignorar lo que dijo Emma.

—Hay algo que no entiendo, ¿por qué viene? Una llamada de dos chicas ebrias no significa nada—las miré a ambas suspicazmente—. ¿Le dijeron otra cosa?

En seguida Emma miró hacia otro lado. Pero Deisy asintió.

—Le dijimos que ya lo olvidaste, y que estás saliendo con alguien más.




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