Quiero que vuelvas a mi

Capítulo 33

Sydney 

 

Me sentía aliviada de haber resuelto la situación con respecto a Taylor, pero por alguna razón, después de escucharlo hablar sobre los problemas en su trabajo comencé a tener una sensación incomoda en mi estómago, sobre todo porque pensé en Molly y en sus salidas fortuitas al club de Alex a causa de Edward. No estaba en contra de su relación si él lograba comportarse, pero Edward era otro empleado más, así que, ¿quién cuidaba de Molly cuando estaba ocupado en la barra? Un momento de descuido podía ser la oportunidad de cualquier hombre con malas intenciones.

—Pareces un poco inquieta desde la tarde—comentó Viola mientras limpiaba el mesón isla.

Me tensé por un momento mientras terminaba de fregar los platos. Luego del perturbador tema de conversación que dirigió Taylor, me ofrecí en ayudarla a limpiar la cocina mientras los hombres salían al patio.

—¿Fue algo que hablaste con Peyton? —inquirió.

Cerré el grifo del agua y me volví hacia ella para intentar sonreírle despreocupadamente.

—No es por Peyton. Esa conversación sobre drogas todavía me tiene los pelos de punta. Y… Molly es la hija de una amiga, tiene un novio, y él trabaja en un club nocturno.

Viola dejó de tallar el mesón con la esponja y enarcó una ceja.

—¿Un club como en el que trabajabas antes? Wyatt se puso intenso cuando supo que trabajabas en un lugar de esos.

Sonreí avergonzada esa vez. 

—De hecho, es el mismo club.

—Oh, lo siento. El dueño es un conocido tuyo, ¿no?

Asentí, y la miré comprensivamente. Ya que para ese momento estaba del mismo lado en que estuvo Wyatt, entendía su preocupación. Alex siempre se había asegurado de que todo en su club se mueva tranquilamente, sin embargo, hay cosas que no se pueden controlar cuando la luces están apagadas y la música está muy alta.

—No desconfío del novio de Molly, lo conozco—aclaré—. Es solo que algo podría salir mal y es…

—Preocupante—Viola asintió reflexivamente—. Deberías advertirle entonces, ya tienes el conocimiento de lo que ocurre en la ciudad.

—Eso haré tan pronto como pueda.

—Sí, no queremos tragedias para navidad. Y hablando de tragedias, creo que después de horas y horas rebuscando en internet, encontré el regalo perfecto para Jackson, pero no tengo idea de lo que Peyton pueda querer esta navidad.

—Es una niña muy especial y única, pero Peyton no es vanidosa. Cualquier cosa que le des, lo amará.

—¿Entonces una muñeca?

Me reí por su poca imaginación, por lo que ella también se rió.

—Estoy perdida sobre Peyton, pero creo que tengo el regalo perfecto para Wyatt—declaró Viola—. Le compraré una alarma muy ruidosa que le recuerde cuidar sus bolígrafos.

—¿Por qué?

Viola rodó los ojos.

—Pierde todos los bolígrafos, no importa cuantas veces le grite por eso.

Aquello parecía una tragedia verdadera, pero gracias a ello, tenía mi regalo perfecto para Wyatt. Además, me calmé sobre el tema de drogas y abuso cuando de casualidad recibí un mensaje de Molly en el momento que nos despedimos de Viola y los demás. En el mensaje Molly me pedía pasar por una farmacia comprando pastillas para el dolor de cabeza intenso que Carly tenía en ese momento. Sabiendo que Molly estaba en casa, supe que podría dormir toda la noche sin sentirme al borde de los nervios.

Cuando Wyatt se detuvo en una farmacia de camino a casa, quiso acompañarme, pero le aseguré que sería una compra rápida y precisa. Así que fui directamente hacia el farmacéutico y compré las pasillas que Carly frecuentaba en ese tipo de casos, me decía que compraba a menudo porque la escuela y los padres le ocasionaban mucho estrés a veces.

De vuelta por uno de los pasillos, me detuve junto a una sección que llamó mi atención, pañales, biberones y chupones para bebés. Me pregunté si llegaría el día en que tendría un bebé propio con Wyatt, si las cosas estarían calmadas para cuando ese perfecto momento llegara en nuestras vidas.

Estuve a punto de continuar, pero me sorprendí cuando me di cuenta de lo que había junto a la sección de cosas para bebés. Se trataba de tratamientos anticonceptivos, pastillas, condones y demás. Me pregunté quien había organizado ese estante, ya que parecía un mal chiste haber hecho eso.

Sin embargo, los anticonceptivos me hicieron preguntar si alguna vez Wyatt y yo cometimos la imprudencia de tener sexo sin protección. Dejé de pensar en eso cuando unas lindas manos femeninas con esmalte violeta en las uñas, se acercaron al estante de anticonceptivos para tomar una caja de pastillas del día después. De repente sentí vergüenza de estar ahí, pero eso era algo normal para muchas mujeres.

—¿Sydney? —me llamó la chica a mi lado, por lo que enseguida reconocí su voz.

Cuando me volví hacia Allison sentí un alivio increíble llenarme. De repente tenía otro motivo para poder dormir tranquilamente durante toda la noche. Ella me sonrió y se lanzó para abrazarme.

—Dios, Allison—murmuré, todavía sorprendida de verla justo en esa farmacia—. ¿Estás bien?

Allison con emoción me sonrió cuando se separó de mí, como si no hubiera estado desaparecida desde hace días.

—Estoy bien. ¿Y tú? ¿Cómo vas con mi hermano?

Fruncí el ceño cuando noté que me iba a desviar de lo que era realmente importante si no me concentraba.

—Estamos bien… Bueno, no—corregí rápidamente—. Wyatt ha estado muy preocupado por ti. ¿Por qué no lo llamaste si estabas bien?

Su expresión animada en seguida desapareció, así que la miré con suspicacia.

—Allison, ¿estás bien? —pregunté de nuevo—. Wyatt está a punto de llamar a la policía.

Allison frunció el ceño.

—¿Qué? No puede hacer eso.

—Lo sé, por eso he estado intentando persuadirlo de esa idea. Pero es difícil no apoyarlo cuando ni siquiera atiendes llamadas.




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