Quiero un por siempre

6. Sydney

Mientras el ascensor se movía, recordé de nuevo la primera vez que pisé este edificio, todas las experiencias negativas chocaron contra mí. Pero por suerte, algo dentro de mí me hizo recordar que los momentos felices superaban los difíciles. Cuando las puertas del ascensor se abren en el piso de la oficina de Wyatt me siento mejor. Peyton no necesita que yo la dirija, la niña corre por el pasillo ignorando a las personas que están trabajando. Mientras comino con Deisy a mi lado, hago todo lo posible por no voltear hacia mi izquierda y encontrarme con alguna mirada crítica que arruine mi día.

La secretaria suplente de Wyatt nos recibe mientras se levanta de su silla. Ella también me mira como si me odiara. De repente, la irreal perspectiva de que luego de que me case con Wyatt su personal ya no me mire como si quisieran asesinarme, es muy deseada.

—Pueden pasar, el señor Wyatt las espera—nos dice la chica, en un ligero tono mordaz.

Ella señala brevemente hacia las puertas dobles de madera de la oficina. Haciendo caso o miso de su mal comportamiento al no abrirnos la puerta, continúo con Deisy y Peyton.

Las puertas se abren y aparece Wyatt en su escritorio, rodeado de un ambiente tenso. Peyton, inocente ante lo que yo puedo sentir solo con mirar brevemente a su padre, corre hacia él y rodea el escritorio para saltar a sus brazos. Wyatt abrió los brazos antes de que ella lo alcanzara, los dos se unen en un cálido abrazo que logra aligerar, por un momento, la pesadez en su rostro.

Peyton le dice que le trajo dulces, y le entrega la bolsa en sus manos. Wyatt sonríe, aunque sé perfectamente que él no es muy amante de las cosas dulces. Me río un poco, pero vuelvo a notar la nube gris sobre él. No puedo ignorarlo, todo lo que parezca lastimarlo, me lastima a mí de una forma que ni siquiera yo comprendo aún.

Wyatt alza a Peyton en sus brazos y se acerca a nosotras.

—Deisy, ¿no es así? —inquiere él con una sonrisa amigable—. ¿Trabajas en esa boutique de ropa?

Amaba la forma en que Wyatt podía volverse todavía más atractivo cuando era cortés y cálido con las personas que yo quería. Pero cuando Deisy escucha la pregunta de Wyatt sobre su ex trabajo, su sonrisa vacila.

—Sí, soy esa. Pero ya no trabajo ahí.

Wyatt frunció el ceño.

—¿Tus jefes te hicieron algo? ¿Tus compañeras?

—No, no. Yo me llevaba bien con mis compañeras de trabajo. Mi jefe dijo que tenía que hacer recortes de personal—Deisy se encoge de hombros.

Peyton comenzó a moverse en los brazos de Wyatt para llamar su atención.

—Papi, vamos a comer helado.

—Claro cariño, creo que necesito ese helado.

—¿Deisy puede ir también? Quiero que conozca mi lugar favorito para helado.

Wyatt me miró en busca de aprobación. Nuestra comunicación sin palabras se había hecho cada vez más frecuente con el tiempo, incluso ya era natural. Yo asentí, por lo que él asintió también.

—Solo si Deisy quiere ir.

—Por supuesto que quiero conocer el lugar favorito de Peyton—contesta Deisy con una sonrisa hacia Peyton.

Wyatt suelta a Peyton cuando la niña comienza a celebrar.

—Voy al baño, ¿Deisy puede ir conmigo Sydney? —me pregunta la niña.

—Claro que puedo—lanza Deisy rápidamente, con tensión en su voz. Ella se dio cuenta de que hay algo en mí que no me deja sonreír del todo—. Tómense su tiempo. Digo, ya volvemos.

Deisy cierra la puerta detrás de nosotros y finalmente estamos solos. Wyatt vuelve a su escritorio para recoger su chaqueta y su teléfono.

—Háblame de la universidad, ¿todo bien? —me pregunta mientras se coloca la chaqueta del traje.

Quise seguir su conversación inocente antes de adentrarme en lo que verdaderamente me preocupaba. Pero no respondía exactamente a su pregunta.

—¿Qué está te pasando contigo?  

Se detiene a medio camino de guardar su teléfono y me mira solo un segundo. Puedo notar, a través de su expresión austera, que teme que yo descubra algo. Es la primera vez que lo veía así, como si no fuera el Wyatt de carácter seguro que podía enfrentarse a casi todo. Ni siquiera cuando nos separamos, evitó mirarme a los ojos.

—¿A qué te refieres?  

Trago saliva, sintiendo que iba a entrar en pánico cuando recordé lo que Elena y Emma dijeron en el restaurante sobre las parejas que nunca se casan. Nunca me consideré el tipo de chica que se preocuparía por algo así, que tendría celos, que causaría un alboroto por ello, pero en ese momento estaba muy asustada.

—Algo está sucediendo en tu vida y no quieres involucrarme—digo cuando estoy segura de que puedo hablar sin vacilar—. Independientemente de que sea algo difícil de entender, yo debería saberlo, quieres casarte conmigo. ¿O ya no quieres eso?

Finalmente, Wyatt me mira y frunce el ceño. El ambiente cambia por completo y el Wyatt que conozco vuelve. Cruza la oficina y me alcanza para abrazarme, dejando recostar mi cabeza de su pecho.

—Hay muy pocas personas en mi vida que valen realmente la pena. Tú eres una de ellas, y me perdería a mí mismo en un abismo si te perdiera a ti por no haberte protegido de ellos.

Me aparto para levantar mi rostro y mirarlo a los ojos.

—¿De quienes hablas?

—Mis padres—contesta en un tono vacilante.

Frunzo el ceño cuando recuerdo las pocas cosas que sé sobre los padres de Wyatt. Los padres de Wyatt no quieren a Peyton porque fue una hija nacida fuera del matrimonio, y no pudieron aceptar que Wyatt decidiera dedicarse a algo diferente para su vida. Los padres y el hermano de Wyatt estaban tan alejados de nuestras conversaciones o nuestros problemas, que, sin darme cuenta, los convertí en personajes invisibles, como si realmente no existieran.

—¿Hablaste con tus padres? —inquirí.

—Mi madre me llamó hace unos días, y finalmente vino hoy a mi oficina.

—¿Y qué sucedió?

—Nada en ella ha cambiado, pero me dijo que mi hermano mayor murió.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.