Razones para amarte

Seis.

—Perdona, sé que tienes razón, que debo adaptarme a tus condiciones, después de todo soy solo un aparecido en su vida.

—No se trata de eso, Dan, he podido con mi hija, han sido cuatro años haciéndome cargo de ella, regresé porque este siempre fue mi hogar, si te dije la verdad, fue por ella, por qué de algún modo ambos merecían saberlo, pero no confundas las cosas, entre tú y yo no pasará nada, Dan lo que hubo entre nosotros es pasado.

—No tendría que, si solo me dieras una esperanza, si tan solo existiera en ti el deseo de recuperar el tiempo.

Me miró con asombro, me sentí avergonzado, pero tenía que intentarlo, saber si aún tenía una oportunidad con ella.

—Eres muy cínico Dan, te veo y sigo sin entender qué sucedió con ese chico que solías ser, te pido que no hagas más complicado esto, Dan estoy en una relación, quiero y respeto a Arnold, tú deberías hacer lo mismo, estás casado. Esto es solo por ella.

—Ok, lo siento, lo entiendo, me enfocaré en ganarme un lugar en su vida, en cuanto a Elena, voy a divorciarme, es una falsa, ella no me…

—Dan, no necesito saber detalles de tu vida, a menos que estos tengan que ver con mi hija.

Me quedé en silencio, ella se acercó a Melanie, le organizó mejor el cabello, dejó un beso en su frente.

Su móvil sonó y se sentó frente a ella, hablaba con él. Tuve que soportar que le pasara a mi hija y que ella le contara cosas que debía contarme a mí, pero que no había hecho. Como si mi infierno con Elena, como si el remordimiento de haberla perdido, no era castigo suficiente, tenía que tolerar ver a mi hija tratar como padre a ese tipo.

—Papito, ¿terminas de darme la comida, por favor?

Asentí con la cabeza y me acerqué, Kim se levantó aun hablando por teléfono, se alejó unos cuantos pasos.

—¿Papito tú tienes una familia?

—Sí, tus abuelos, tu tía, tus primos.

—¿Tengo un hermanito? Mami dijo que tenías una familia, que no podías visitarme porque ellos te necesitaban.

—No muñeca, no tienes un hermanito, y si no te había visitado fue por tonto, los adultos cometemos errores y esos errores nos dejan en situaciones complicadas, y estoy en una de esas situaciones, por eso no te había visitado, ¿me perdonas por haber estado ausente? Prometo no volver a dejarte.

Me abrazó.

—Te quiero mucho papito —dejó un beso en mi mejilla.

—Te amo, hija, ven, termina, es la última cucharada.

—Ven amor, vamos a lavarte los dientes y ponerte el perfume —pidió Kim extendiéndole las manos.

Decidí quedarme, apoyé mi codo sobre la mesa, para sobarme la frente, buscando aliviar mi pena.

Mi móvil sonó, suspiré ya sabía de quién se trataba y al comprobarlo, lo ignoré, puse el móvil en silencio y me puse de pies.

Caminé hasta la habitación de mi hija, ahí estaban hablando.

—¿Mami tú vendrás a comer helado con nosotros?

—Lo siento amor, pero tendrá que ser otro día, recuerda que hoy cenaremos con Arnold, recuerda lo que hablamos, tu padre tiene una vida, tú y yo tenemos una vida y debemos ir lento, no queremos que nadie salga afectado, ¿lo entiendes?

—Si mami… ¿Mami por qué papito no va a cenar con nosotros?

—No es posible amor.

—¿Por qué no mami?

—Cosas de adultos, ya estás lista, ven, vamos, ¡Dan…! —exclamó como si mi presencia le hubiera sorprendido.

—Kim lo siento, no recordaba tu cena, ¿qué días no tienen planes?

—Está bien Dan, moveré la cena con Arnold un poco más tarde, si gustas puedo acompañarlos después de recogerla a saludar a tu familia.

—Si no es molesto para ti, por supuesto y lamento el cambio en tus planes, ven hija, te cargaré hasta el auto.

—Dejaré mi auto e iremos en el tuyo, si no te importa, Dan.

—Por supuesto.

Cargué a mi hija y su pequeño morral, ella se subió y la dejé en sus brazos, me subí y no pude evitar revisar mi móvil, muchos mensajes de parte de Elena, amenazas que decidí ignorar.

Conducía escuchando a mi hija hablando con su madre, era muy parlanchina, hacía muchas preguntas. Logré sonreír unas cuantas veces con sus ocurrencias.

Al llegar me pidió ir con ellas, para indicar era su padre, pidieron debía anexar la información correspondiente. Nos despedimos, me quedé unos minutos a ver como se integraba con los demás niños, la vi acercarse con una niña un poco más pequeña en estatura.

—Keidy, él es mi papito.

—¿Tienes dos papás? —preguntó la niña después de analizarme detenidamente.

—Sí, tengo dos papás.

Esa extraña sensación que me estremeció, supe, no sería la primera vez que la sentiría, que debía acostumbrarme a ello.

—Melanie, Keidy, vengan conmigo, es hora de jugar y aprender —dijo una de las mujeres a cargo.

Le di un beso en su frente, la vi alejarse y salí, Kim esperaba, me acerqué.

—Hola, ¿esperas un taxi? Puedo llevarte si no te importa compartir el auto conmigo.

—Gracias Dan, Arnold viene por mí.

—Ok, con respecto a los apellidos de Melanie, ¿crees que pueda llevar el mío cuanto antes?

—Está bien Dan, ella no fue registrada aquí, haré la solicitud y te mantendré informado.

—Ok, te agradezco, supongo que al estar en áreas diferentes no nos veremos con frecuencia en la empresa, y si fuera el caso, presiento que me evitarás. Me avisas cuando vengas a recogerla, así podríamos venir juntos.

Ella asintió y miró su móvil, me quedé a observarlo unos minutos, como la brisa jugaba con su cabello en la parte de su espalda.

—¿Estás bien, Dan?

Fingí una sonrisa, no estaba bien, no lo estaba.

—Sí, si estoy bien, nos vemos, que tengas un lindo día.

Me alejé derrotado, subí a mi auto y la miré por última vez. 

Solía comprar café para mantener el ánimo, aunque en la empresa lo hacían, como siempre me remarcaba Molly, cuando le llevaba el suyo, y esa mañana, aunque lo necesitaba, decidí no comprarlo, mis ánimos estaban por el piso.

—Buenos días, Molly, me alegra verla. Se ve estupenda, ¿la agenda para hoy?




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