Rechazada por el Alfa. Renací para destruirlo

2 En el patio

El fin de semana me encerré en mi habitación.

No quería cruzarme con Daren dentro de los linderos de la mansión. No quería verlo caminar por los jardines como si nada hubiera pasado, como si no me hubiera arrancado el alma con una sola frase.

Me refugié en mi laptop. Trabajos de la universidad. Lecturas pendientes. Un examen que debía presentar. Cualquier cosa que mantuviera mi mente ocupada.

Cursaba el segundo año de Administración de Empresas. Gabriel Carmesí —tío de Daren y presidente de la embajada— me había otorgado una beca.

Mis padres estaban profundamente agradecidos con él. No solo por mis estudios, sino por el préstamo que había hecho para cubrir el tratamiento de Sara.

Le debíamos demasiado.

Le teníamos respeto… y un poco de temor.

Gabriel podía ser generoso, pero también severo. A veces reprendía a mi padre por cualquier detalle en los jardines. Yo nunca presencié esas escenas, pero sabía que algo había ocurrido cuando papá regresaba a casa con la mirada apagada y la voz tensa.

El lunes, reuní valor para salir.

Estudiaba en la misma universidad que Daren. Por fortuna, él estaba a punto de graduarse en primavera. Yo debía permanecer tres años más.

Me aferré a esa idea como a una tabla de salvación: en unas semanas se iría. Ya no tendría que verlo. Ya no tendría que soportar sus risas ni las miradas de sus amigos.

Hasta entonces… debía aprender a esquivarlo.

Me vestí como siempre: vaqueros, blusa holgada, tenis. Un poco de polvo en el rostro y un labial rosa. Nunca fui vanidosa, pero esa mañana necesité más maquillaje de lo habitual para ocultar el cansancio en mis ojos.

Tomé mi bolso y mi libreta.

Respiré hondo.

Era hora de enfrentar el mundo.

Quería superar lo ocurrido. Seguir adelante. Como en los libros de resiliencia que había leído tantas veces. Aprender la lección. Levantarme.

Me repetía que dentro de mí había una loba fuerte.

Capaz.

Que podría soportarlo.

Aunque por dentro me estuviera muriendo de dolor.

Eso creía entonces.

No tenía idea de lo que se estaba gestando a mis espaldas.

No sabía que mi rechazo no había sido el final de mi desgracia… sino el inicio de algo mucho más oscuro.

Personas con intereses propios, con ambiciones ocultas, ya movían piezas en un tablero donde yo era el peón más débil.

Y estaban dispuestas a destruirme para asegurarse de que Daren y yo jamás volviéramos a estar juntos.

***

Logré llegar ilesa al aula.

La primera hora transcurrió con una normalidad casi irritante. El profesor hablaba de balances financieros mientras yo fingía tomar apuntes. Nadie parecía notar que el mundo se me había derrumbado el día anterior.

Cuando anunciaron el descanso de media hora, Lema y Rachel se giraron hacia mí al mismo tiempo.

—Vamos a la fuente —dijo Rachel, cerrando su cuaderno—. Necesito algo dulce o moriré aquí mismo.

Era nuestro ritual. Siempre íbamos juntas.

Pero esa mañana no podía.

—Vayan ustedes —respondí sin levantar la mirada—. Tengo que repasar para el examen de la segunda hora.

Lema frunció el ceño.

—¿Desde cuándo prefieres estudiar en el descanso?

—Desde hoy.

Intenté sonar ligera.

Rachel se inclinó sobre mi mesa.

—No te vas a quedar sola.

—No soy la única que alguna vez lo ha hecho —respondí, más seca de lo que pretendía.

No podía contarles lo que me estaba pasando.

Mi relación con Daren había sido un secreto. Él insistió en que esperáramos “el momento adecuado” para hacerlo público. Ahora entendía que nunca hubo tal momento.

Lema cruzó los brazos.

—Aurora, algo te pasa.

—No me pasa nada.

Rachel me tomó del brazo con suavidad.

—Vamos. Te vendrá bien despejarte.

La presión en mi pecho aumentó.

—¡Basta! —me solté con brusquedad—. ¿No entienden que no quiero ir?

El silencio cayó de inmediato.

Ambas me miraron como si no me reconocieran.

Yo jamás les hablaba así.

—¿Qué está pasando contigo?

—preguntó Lema, más suave esta vez.

Aparté la mirada.

—No quiero ir… eso es todo. Perdón.

Rachel entrecerró los ojos.

—No nos vamos a mover hasta que nos digas qué sucede.

Sentí el enojo mezclarse con vergüenza. No quería llorar frente a ellas. No quería que supieran que el heredero Carmesí me había utilizado como si fuera desechable.



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En el texto hay: drama, amor, venganza

Editado: 27.02.2026

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