Recordarnos

Capítulo 1

Capítulo 1

Tyler

 

Miranda pone un plato de polietileno rebosando de ensalada frente a mí y toma el suyo para empezar a comer. Me parece increíble que seamos amigos de nuevo luego de todo lo que ocurrió el año pasado, pero supongo que el que me alejara de Megan influyó para que, un día hace unos meses, viniera a pedirme perdón. 

Fui reacio a perdonarla, tenía miedo de que lo hiciera con la creencia de que podría surgir algo entre nosotros de nuevo, pero luego me presentó a su novio y mis miedos murieron. Ahora todo es como lo era antes de que iniciáramos una relación que nunca debió iniciar. 

Lo único que no ha cambiado es que Megan sigue siendo persona no grata para ella, aunque no puedo culparla si ni siquiera le hablo a Megan a no ser por el trabajo. 

—Esta ensalada césar es mi favorita de toda la ciudad —comenta, metiendo una cucharada en su boca—. Fui con Jack hace un par de días a ese restaurante y tuve que ponerlo en mi lista de mejores sitios a los qué ir a comer en la ciudad. 

Asiento, comiendo en silencio. La dejo rellenar los espacios silenciosos mientras como porque a Miranda le encanta hablar, sobre todo desde que volvimos a ser amigos. 

Sé que se rumora que volvimos a nuestras antiguas andadas, rumores que ninguno de los dos se ha molestado en aclarar, y sé que es rastrero de mi parte admitirlo, pero lo hacemos para ver si Megan reacciona de alguna manera. 

No lo ha hecho, es como si no le importara lo que hago, y me duele. Sigo amándola, y sospecho que nunca voy a dejar de hacerlo. 

—Johan Nelson va a casarse en un par de semanas —vuelve a hablar Miranda—. ¿Te invitó? —Asiento en respuesta—. A mí también. ¿Vas a ir?

—Todavía no lo sé. 

—Si decides ir, tengo una amiga que podría ser tu acompañante. —Me tenso y Miranda sonríe—. No tienes que invitarla a salir luego, puede solo ir contigo como un favor. Si decides que te gusta, invítala. 

Dejo la ensalada sobre el escritorio. 

—Sabes que no quiero salir con nadie en este momento. 

—Y nadie te obliga, solo digo que lo intentes. —Suelta un suspiro—. No puedes guardarle fidelidad a una mujer que no te quiere. 

Aquí vamos. La falta de sentimientos de Megan por mí es el tema favorito a discutir de Miranda y ya me está hartando. 

—No le guardo fidelidad, me parece injusto salir por ahí sabiendo que quiero a una en específico, una a la que no voy a dejar de querer nunca. 

Miranda aprieta los labios, queriendo continuar pero con la certeza de que esta conversación va a terminar igual que las veces anteriores: yo enojado porque me está empujando a cosas para las que no estoy preparado. 

—Si no lo intentas no lo sabrás. 

Frunzo el ceño, dejándole saber que está entrando en terreno peligroso. 

—No quiero, Miranda, ya te lo he dicho. —Mi voz firme es suficiente para que se detenga y lo agradezco. 

Terminamos de comer en silencio, creo que se ha enojado, pero me tiene sin cuidado. Sabe que ese es un terreno en el que no quiero ahondar, pero sigue presionando y me hace perder la paciencia. 

—¿Has hablado con Charlie?

Mi mal temperamento se esfuma al instante al escuchar el nombre de mi hijo. 

Desde que lo conocí hemos entablado una amistad a la que me he aferrado con tanta fuerza que temo que, si algún día la pierdo, voy a acabar mucho peor que cuando su madre me dijo que no me iba a perdonar. 

—No desde ayer por la noche, Annie regula su uso del móvil. 

Annie es una buena madre para él, no pudo tener a alguien mejor que lo criara, pero me niego a llamarla la madre de mi hijo en voz alta. Ese puesto, en mi mente, es solo de Megan. 

—Por cierto, tu gran amor no ha llegado aún a trabajar. Rylie no puede contactarse con ella. 

De inmediato me preocupo, incluso cuando una voz en mi mente me dice que no es asunto mío lo que le pase a Megan, pero siempre voy a estar pendiente de ella, es lo que tiene amar a alguien. 

—¿Intentaron llamar a su familia?

Miranda pone los ojos en blanco. 

—No es una niña, ya es momento de que sea responsable. 

Pongo mala cara. 

—Megan nunca ha dejado de lado sus responsabilidades aquí, no dejes que tu rabia hacia ella te haga decir mentiras. 

Aprieta los labios y sé que se está conteniendo de decir algo más. Ya sabe que debe callar cuando se trata de Megan, aunque no me lleve bien con ella en este momento no significa que voy a permitir que diga mentiras sobre ella. 

—Saltas a defenderla cuando a ella ni siquiera le importas. 

Pongo los ojos en blanco, sabiendo que hay la suficiente confianza para que no se enoje por ello. 

—¿Vamos a discutir por esto cada vez que se te pase por la cabeza? —mascullo—. Porque estoy cansado. 

Hace una mueca y empieza a recoger todo. 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.