Reencuentro IncÓmodo

Palabras que curan más que el tiempo

A la mañana siguiente, Sofía fue la primera en levantarse.
La carta de Tomás todavía estaba doblada bajo su almohada, como un secreto que no quería olvidar, pero tampoco enfrentar.

Se vistió sin pensar demasiado: un short de lino, una remera blanca y gafas de sol que más que cubrir el sol, tapaban el reflejo de sus emociones.

Fue directo a la recepción. Pidió un taxi.
Tenía una dirección en mano: la clínica donde estaba internada la madre de Tomás el año pasado.

Y sí, todavía seguía en tratamiento, aunque estable.
Sofía necesitaba respuestas. Pero, sobre todo, necesitaba entender en carne propia la verdad que Tomás nunca se atrevió a contarle.

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—¿Vos sos Sofía? —preguntó una mujer mayor al verla entrar. Canosa, delgada, con una mirada tan parecida a la de su hijo que le dolió.

—Sí. No quiero incomodar, pero… necesito hablar con usted.

La mujer sonrió con ternura.

—Me imaginé que vendrías algún día.

Sofía se sentó frente a ella, en un patio tranquilo, rodeado de plantas que olían a menta y recuerdos.

—¿Él le contó que me dejó sola en mi cumpleaños?

—¿Te dijo por qué?

—Me lo escribió. Pero necesitaba escucharlo de usted.

La señora asintió.

—Ese día fue duro. Se desmoronó. Se quedó en el pasillo de este lugar sin dormir, sin comer, sin hablar. Yo estaba entubada. Los médicos no daban esperanzas. Pero él… no se fue.

—¿Y por qué no me lo dijo?

—Porque no quería que cambiaras tus planes. Siempre pensó que eras luz, y él… sombra.
—Eso es estúpido —dijo Sofía, con la voz quebrada.

—¿Lo amás, Sofía?

Sofía bajó la mirada.
—Eso es lo peor de todo… Nunca dejé de hacerlo.

La mujer le tomó la mano.

—Entonces no repitan los errores de nuestra generación. No escondan el amor detrás del orgullo.

Sofía se quedó en silencio.

Y por primera vez en mucho tiempo… entendió que no todos los silencios son traición. A veces son defensa. O amor mal aprendido.

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Esa noche, volvió al resort.
Lucas la esperaba con dos copas de vino en la terraza de su habitación.

—Pensé que querrías brindar por tu nuevo contrato —dijo él, sonriendo.

Sofía se acercó, pero no se sentó.

—Lucas, te agradezco por estar, por apoyarme… pero no puedo seguir con esto.

Él bajó la copa, su expresión cambiando a una mezcla de dolor y resignación.

—¿Vas a volver con él?

—No lo sé. Pero sé que no puedo empezar algo nuevo si todavía estoy escribiendo la última página de lo anterior.

Lucas suspiró.
—Siempre fue él, ¿no?

Sofía asintió, sin necesidad de palabras.

Él se levantó, la besó en la frente, y dijo con una sonrisa triste:

—Entonces espero que esta vez… se elijan bien.

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Más tarde, Sofía encendió su laptop.
Abrió un documento en blanco.

Título:
“Manual para enamorarse de alguien por segunda vez”

Y escribió la primera línea:

> No todos los errores merecen olvido. Algunos merecen una segunda oportunidad.




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