Era sábado por la noche.
Casi las 9 PM.
Y la transmisión en vivo de Danza del Amor VIP: edición escritores estaba a punto de empezar.
Tomás sudaba.
Sofía temblaba.
Teté comía pochoclo como si estuviera en la final del mundial.
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En el camarín:
—¿Por qué aceptamos esto? —preguntó Sofía mientras le ajustaban una chaqueta con lentejuelas.
—Porque te amo y porque siempre quise bailar cumbia romántica vestido como Luis Miguel de barrio.
—Eso no responde nada.
—¿Y si ganamos?
—¿Y si me caigo?
—¿Y si te caes y ganás igual? Como esa vez que tropezaste con una heladera y terminaste publicando tu primer libro.
—Tenés razón. El ridículo es mi zona de poder.
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Los presentadores del programa, dos influencers que hablaban como si tomaran cinco energizantes por hora, presentaron:
—¡Desde la ciudad del amor, los escritores más divertidos y torpes del mundo! ¡¡Sofía y Tomás!!
🎶 Música de fondo: “Tu cárcel” versión salsa remix
La coreografía había sido pensada con pasos simples.
Pero claro.
Tomás improvisó.
Y Sofía le siguió el juego.
Resultado:
—Una pirueta mal hecha.
—Un codazo involuntario a una planta decorativa.
—Y una caída en cámara lenta donde terminaron en el piso… riéndose a carcajadas.
El público explotó.
No por la técnica.
Por el show.
Y porque Teté, desde la tribuna, gritó:
—¡ESE CULO ES HERENCIA MÍA!
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Los jueces hablaron:
Juez 1 – Exbailarín de tango con bigote fino:
—Técnicamente… un desastre. Emocionalmente… me hicieron llorar. 8.
Juez 2 – Influencer con 5 cirugías visibles:
—Me encantó el look. Y el chico es igualito a Ricardo Cifuentes. ¿Sos vos? ¡Sos vos! 9.
Juez 3 – Crítica literaria malvada:
—No entendí la coreografía. Pero la historia de amor me llegó.
Y esa caída fue mejor que varios libros que he leído. 10.
TOTAL: 27 puntos.
¡Y primeros en el ranking!
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Cuando pensaban que todo había terminado…
El conductor preguntó al aire:
—¿Alguna palabra para el público, Sofía?
Ella, aún jadeando, tomó el micrófono:
—Nunca pensé que el amor me haría bailar en TV nacional.
Tampoco pensé que sobreviviría a este short con brillos.
Pero acá estoy.
Viviendo lo incómodo.
Con el tipo que hace que todo valga la pena.
Tomás le quitó el micrófono suavemente.
—Y yo quiero decir algo… que no estaba en el guion.
Público: ooooohhhhhh
Sofía lo miró.
Tomás se puso serio.
Y dijo:
—Sofía, te amo.
Te amo más que a la pizza, a los memes y a las siestas largas.
Y si algún día querés seguir haciendo el ridículo juntos…
decime que sí.
Silencio.
Música suave.
Una cámara enfocó a Teté, que estaba llorando mientras comía maní.
Sofía se rió.
—¿Estás…?
—No es una propuesta formal —dijo él rápido—. Es solo una idea. Una sugerencia… loca. Una especie de…
—Tomás.
—¿Sí?
—Sí.
Aplausos.
Gente llorando.
Gloria (la conductora del otro programa) tuiteando en vivo:
> “SOY TESTIGO DE ESTA LOCURA MARAVILLOSA.”
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Esa noche, no hubo gala de eliminación.
Porque el programa decidió que el amor, la caída más elegante del siglo, y el discurso de Tomás, habían ganado todo.
Y mientras volvían a casa, descalzos y con brillantina hasta en las cejas…
Sofía dijo:
—¿Seguimos bailando?
Tomás respondió:
—Solo si prometés no patearme de nuevo.
Sofía sonrió:
—No prometo nada.
Y siguieron bailando.
En el pasillo.
Con música imaginaria.
Y una historia que, lejos de acabarse, recién empezaba.
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el amor de dos personas diferentes, el amor no existe para mi, el reencuentro con verdadero amor
Editado: 01.11.2025