Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 1. UN PACTO ENTRE CENIZAS.

Ángela Ferreti no solo era una estrella en ascenso, era la modelo del momento en plena cúspide y mas que eso era el motor económico de Marco, su esposo y manager. Pero esa noche, al regresar temprano de una sesión de fotos, encontró la puerta del despacho de Marco entreabierta.

Sobre la mesa descansaba un contrato, su carrera, su imagen y su libertad habían sido vendidas a un cartel de apuestas para cubrir las deudas de Marco y peor que eso era esa cláusula de "seguro de vida" de una cifra millonaria recién firmada. Él era él único beneficiario, su muerte valía más para él que su éxito.

Su mano tembló al tomar el papel, sintió un ligero mareo y busco el borde de la mesa para sostenerse, escucho el click de la puerta cerrarse y miro en la dirección del sonido y alli estaba parado mirándola y en sus ojos no había culpa reflejada.

  • ¿Me vendiste? - La voz de Ángela salio con un leve temblor.

Él la miro, sin una gota de remordimiento en el rostro.

  • No lo entiendes, Ángela - dijo con una voz dulce que a ella le supo amarga - No es que no seas rentable pero tu "talento" esta perdiendo valor, te estas haciendo vieja y sabes que a este negocio le gusta la carne fresca pero alégrate aún tienes valia para algunos no tienes que sentirte mal - Marco la acaricio con ternura fingida que se sintió como cuchillos desgarrando la piel - eres una moneda de cambio disponible para el mejor postor. Acepta tu destino, eres propiedad privada ahora.

Ángela no gritó, lo miró como quien mira a un extraño diez años no habían sido nada, era "una simple moneda de cambio." El dolor se volvió furia y este era un frío ártico en sus venas, lo empujó con todas sus fuerzas haciendo que golpeara su cabeza. Tomó las llaves del coche y salió corriendo a la tormenta.

"No quiero acabar así" pensaba mientras conducía a toda velocidad, las lágrimas de rabia le nublaban la vista. En el asiento del copiloto estaba el libro que había terminado de leer esa tarde: "Cadenas de Oro". Una novela sobre una mujer, Ciara, que moría trágicamente bajo el desprecio de un hombre poderoso.

  • No... - sollozó Ángela, apretando el volante - No puedo ser como ella. No puedo morir como una víctima de un hombre que me usó. ¡No quiero acabar así! ¡Dame una oportunidad para ser yo quien apriete el gatillo! - rogo a la nada.

En ese instante, las luces del camión invadieron su carril. El impacto fue un estruendo de metal y cristal. El libro salió volando, abriéndose en las página donde Ciara Del Vecchio caía por el acantilado.

EL FIN DE LA MUÑECA

En el camino privado que bordeaba los acantilados de la propiedad Del Vecchio, Ciara conducía a ciegas, con la cara empapada en lágrimas. Acababa de ver a Ignacio en el despacho, ignorando su tercer aniversario como si fuera un trámite molesto.

  • ¿Por qué no me ves? - le había suplicado ella horas antes.
  • Porque no hay nada que ver, Ciara - había respondido él sin apartar la vista de su ordenador - Eres un espacio vacío en mi casa. No me hagas perder más el tiempo, estoy ocupado en cosas que realmente son importantes.

Esa frase fue el golpe de gracia. Ciara, con el corazón hecho pedazos, perdió el control del coche en una curva cerrada. El vehículo voló hacia el vacío. Mientras caía, Ciara cerró los ojos y soltó el volante. «Tómame, mar. Prefiero tu frío que el hielo de sus ojos"

En el vacío entre la vida y la muerte, Ángela sintió un tirón violento. No era el cielo ni el infierno. Era el papel. Era la historia que la reclamaba.

En el plano donde la realidad se dobla, las dos almas se encontraron. El alma de Ángela era una llama roja, vibrante de rabia, de odio y ganas de vivir; el alma de Ciara era un humo gris, agotado y sin voluntad.

No hubo palabras, solo un intercambio instintivo. Ciara quería descansar. Ángela quería vivir, queria venganza, sentimientos fuertes que la reclamaban. El vacío del cuerpo de Ciara, que se hundía en el agua fría, succionó la chispa incandescente de Angela.

Y ASI EMPIEZA ESTA NUEVA HISTORIA DONDE EL AMOR ES REESCRITO DESDE LAS CENIZAS.




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