Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 8. EL MAPA DE LAS HERIDAS

Ángela cerró la puerta con llave y se dejó caer contra la madera, con el corazón martilleando contra sus costillas, la adrenalina del enfrentamiento con Ignacio empezaba a ceder, dejando espacio a un miedo mucho más profundo y abstracto, el olvido.

Se miró las manos en el tocador, rran las manos de Ciara, pero la voluntad era la de Ángela. Sin embargo, ¿Cuánto tiempo podría sostener esa dualidad? El mundo de Cadenas de Oro era una trampa de papel y tinta que empezaba a cerrarse sobre ella. Buscó desesperadamente en los cajones hasta encontrar un cuaderno de cuero italiano, impecable, con las páginas en blanco esperando las quejas de una esposa abandonada. Ángela tomó una pluma y, con una caligrafía que luchaba por no temblar, escribió en la primera página:

"Mi nombre es Ángela Ferreti. Soy modelo. Mi esposo, Marco, me vendió. Morí en un choque con un camión. No soy Ciara Del Vecchio. Este cuerpo es una armadura, no mi identidad."

Necesitaba anclar su realidad antes de que los recuerdos de Ciara, sus miedos, sus debilidades y su amor patético por Ignacio empezaran a filtrarse en su mente como humedad en una pared.

Ángela se detuvo, con la pluma suspendida sus propios recuerdos de su vida como modelo en Milán empezaban a sentirse como escenas de una película que vio hace mucho tiempo, mientras que el olor del perfume de Ciara en las cortinas se volvía cada vez más real.

  • No voy a desaparecer - susurró a la habitación vacía - No voy a ser un personaje secundario en la historia de este hombre ni en la de ninguno otro de nuevo.

Comenzó a anotar los puntos clave de la novela que recordaba, Ángela deslizó la pluma sobre el papel, pero antes de escribir sus planes, se obligó a registrar las escenas de la novela que recordaba con más nitidez. Necesitaba revivir esas humillaciones para que la furia no se apagara, para recordar que este cuerpo que ahora habitaba había sido un saco de boxeo emocional.

Cerró los ojos y las imágenes de Cadenas de Oro saltaron como proyecciones fantasmales en su mente

- La cena del 25 de mayo, anotó con trazo firme

Recordó el capítulo donde la madre de Ignacio, la fría Constanza Del Vecchio, organizó una cena benéfica. Ciara había pasado semanas eligiendo un vestido, solo para que Constanza la mirara de arriba abajo frente a los invitados y le dijera: "Cariño, el rosa es para las debutantes o para las criadas en su día libre; tú ya no eres ninguna de las dos. Por favor, ve a cambiarte antes de que alguien piense que te hemos comprado en una liquidación"

Lo peor no fue el insulto, sino la reacción de Ignacio, él ni siquiera levantó la vista de su copa de vino. "Haz caso a mi madre, Ciara. Sabes que tu gusto siempre ha sido... cuestionable" . Ciara subió las escaleras llorando mientras las risas de las amigas de la familia la perseguían como hienas.

- El incidente del despacho con Bianca, escribió Ángela, apretando los dientes.

En el libro, hubo una escena donde Ciara entró al despacho de Ignacio con un café, esperando un gesto de cariño. Encontró a Bianca sentada en el borde del escritorio, con la falda subida más de lo necesario, revisando unos papeles con Ignacio.

Bianca no se movió. Solo miró a Ciara con una lástima fingida y dijo: "Oh, Ciara, qué dulce pero Ignacio y yo estamos en medio de algo que requiere inteligencia, no azúcar. Deja la bandeja y cierra la puerta por fuera, ¿quieres? No dejes que se enfríe tu propia cena... otra vez" .

Ignacio, en lugar de defender a su esposa, simplemente dijo: "Ya la has oído. No interrumpas" .

Ángela se detuvo, con la respiración agitada, podía sentir el dolor fantasma de Ciara en su pecho, ese nudo en la garganta de quien se sabe invisible.

  • La usaron como un mueble - susurró Ángela a la habitación vacía - La usaron como un espacio vacío para llenar sus egos.

Anotó un último recuerdo, el más amargo: el día que Bianca derramó accidentalmente vino tinto sobre el vestido de novia de Ciara, que ella guardaba con tesoro. Bianca se limitó a sonreír y susurrarle al oído: " De todos modos, nunca te quedó bien. Las manchas de sangre del desprecio de Ignacio se notaban más que el vino“.

Ángela cerró el diario con un golpe seco. Ya no era solo su propia venganza contra Marco lo que la movía ahora era la deuda de sangre que este mundo tenía con Ciara.

  • Mañana - sentenció mientras se desataba el cabello - la familia Del Vecchio va a descubrir que la muñequita ha aprendido a romper huesos.




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