Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 11. LA CAÍDA DE LA SEDA ROJA

La tensión en la sala de juntas de las Empresas Del Vecchio se podía cortar con un bisturí Ignacio, sentado en la cabecera observaba con una mezcla de náuseas y decepción cómo Bianca, en un intento desesperado por recuperar terreno gesticulaba excesivamente frente a Stefano Valli, director de Élite Milán.

Bianca lucía un vestido rojo carmín, estridente y poco apropiado para una negociación de ese calibre, Ángela por el contrario, entró diez minutos tarde no por descuido, sino por estrategia, llevaba un vestido de seda en tonos gris topo, un corte tan perfecto que hacía que el lujo pareciera un susurro y no un grito, Ignacio siempre la había visto como una figura gris de fondo, pero hoy, ese gris era el color del acero templado.

  • ...creemos que Élite debería considerar una reducción del 30% - continuaba Bianca con voz aguda - Los viáticos de las modelos correrían por cuenta de la agencia, dado que es una oportunidad de exposición inigualable...

Stefano Valli cerró su carpeta con un golpe seco, su rostro era una máscara de desprecio mediterráneo.

  • Del Vecchio, esto es un insulto - dijo Stefano con un acento gélido - No he volado desde Milán para escuchar los delirios de una... asistente de marketing que no entiende la diferencia entre una modelo de renombre y una impulsora de supermercado, nos retiramos.

El pánico inundó a Ignacio, la caída de Bianca era estrepitosa frente a sus ojos, la mujer que creía audaz se deshacía en tartamudeos, viéndose pequeña casi patética.

Fue entonces cuando Ángela se movió, no corrió hacia Stefano caminó con una parsimonia coreografiada hacia la cafetera de plata. Ignacio la observó no era solo el vestido, era la forma en que su cuerpo dictaba el ritmo del aire deteniendo la discusión y también el pulso de Stefano Valli.

Ignacio observó la escena con una opresión creciente en el pecho, cómo el italiano no perdía detalle de cada uno de sus movimientos. Stefano siguió con la mirada el arco elegante de su brazo mientras ella servía el café, el sonido del chorro golpeando la porcelana parecía la única música en la sala, observó cómo Ciara dejaba la cafetera de plata sobre el mármol con una precisión milimétrica sin un solo tintineo metálico y cómo luego se giraba con una fluidez que recordaba a una pantera.

Mientras ella caminaba hacia la mesa, el roce de la seda gris topo contra sus piernas creaba un movimiento líquido que mantenía a Stefano hipnotizado, no era solo curiosidad ni atención profesional, lo que registraban los ojos de Ignacio era una fascinación estética y sensorial que el otro hombre parecía estar viviendo. El italiano recorría con los ojos la línea de su cuello y la seguridad de su paso, una danza de poder que hacía que Bianca, sentada a pocos metros pareciera una mancha de color estridente y desesperada.

  • Stefano, por favor, disculpa a la señorita Bianca - dijo Ángela al llegar frente a él.

El italiano se detuvo en seco al escuchar su nombre pronunciado con la cadencia exacta de alguien que pertenece a su mundo.

Ignacio notó que Stefano ni siquiera parpadeó, el hombre estaba cautivado por la cadencia de su voz y la forma en que ella sostenía la taza como si fuera un cetro, esa mirada de Valli, cargada de una admiración que rozaba lo íntimo disparó una alarma de posesividad en Ignacio que nunca antes había sentido, su esposa ya no era el fondo gris de su vida era el centro de gravedad de la habitación y Stefano Valli estaba orbitando peligrosamente cerca de ella.

  • Es difícil comprender la etiqueta de alta gama cuando la experiencia previa se limita a la gestión de inventarios de mercería.

El ataque fue de una elegancia letal, Bianca abrió la boca indignada, pero Ángela la silenció con una mirada de piedad gélida.

  • Ella ha cometido el error de tratar a la mejor agencia del mundo como a un proveedor barato, una incompetencia que será revisada internamente - Ángela se acercó a Stefano y le puso una mano suave en el brazo - por favor - pronunció señalando nuevamente la silla.

Ignacio sintió una punzada eléctrica, no era solo respeto profesional lo que veía en los ojos de Stefano era una fascinación casi magnética. El italiano no le quitaba la vista de encima, ignorando el resto de la habitación como si solo Ciara tuviera color.

  • Lo que buscamos es una alianza - continuó ella con una sonrisa que Ignacio nunca le había visto, una mueca de cazadora - Queremos exclusividad total de su división Diamond, Del Vecchio cubrirá las tarifas estándar y ofreceremos una participación en las regalías de imagen de la colección cápsula.

Ignacio contuvo el aliento, Ciara acababa de elevar la apuesta a un nivel revolucionario, el contraste era devastador mientras Bianca se hundía en su silla, convertida en un cadáver político, Ciara ascendía como la verdadera estratega, la dueña del tablero.

  • ¿Y quién supervisará esta campaña? —preguntó Stefano, cuya voz había bajado un tono, volviéndose íntima, casi una invitación.
  • Yo misma, por supuesto - respondió Ángela, mirando de reojo a Ignacio.
  • Si tú estás al frente Ciara, acepto —sentenció Stefano, sin soltarle la mano - Te daré a Bella Russo con un descuento de cortesía... solo por el placer de trabajar contigo. Pero solo si tú firmas el acuerdo.

El silencio fue la confirmación de la victoria, Ignacio observó a su esposa dándose cuenta de que el gris que él creía ver no era opacidad, sino el camuflaje de un depredador. Al ver la mirada de deseo y respeto de Valli sobre ella, un sentimiento primitivo y oscuro lo invadió, celos. Nunca la había deseado tanto como ahora que temía no ser el único capaz de ver su verdadero brillo




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