CAPITULO 14. EL ENIGMA DE LA CRISÁLIDA
Las sombras en el despacho de Ignacio parecían cobrar vida propia, retorciéndose en las esquinas como espectros mudos mientras el humo de su habano dibujaba espirales perezosas en el aire denso Habían pasado solo pocos dias desde que Ciara regresó del hospital, horas en los que el orden natural de su universo se había desmoronado por completo.
El teléfono encriptado vibró sobre la pulida madera de caoba, Ignacio lo tomó antes del segundo timbrado.
- Informe - ladró con frialdad.
- Señor Del Vecchio, hemos peinado Europa - la voz del investigador, un hombre apodado El Perito por su obsesión enfermiza con el detalle, sonaba exhausta - No hay hermanas ocultas, no hay primas lejanas, ni siquiera una doble en el mercado del espionaje industrial, no existe una otra.
Ignacio cerró los ojos, sintiendo el latido violento en su sien. Él ignoraba que el alma original de su esposa ya no habitaba ese cuerpo, desconocía que una mente brillante y ajena, la de Ángela había transmigrado al contenedor de carne y hueso de Ciara para Ignacio, el misterio era puramente terrenal y por ende, enloquecedor.
- Dime algo que no sepa - exigió Ignacio, apretando la mandíbula -Nadie nace sabiendo cómo armar una estrategia de mercado frente a tiburones como los de Élite. Nadie hace que se arrodillen ante ella de la noche a la mañana.
- Ese es el problema, señor - continuó el perito - He hablado con sus antiguos maestros del internado en Suiza, dicen que Ciara era brillante pero apagada. Tenía notas perfectas, pero evitaba destacar. Una profesora de literatura recordó algo curioso, parecía que siempre estaba esperando permiso para hablar. En cuanto a su breve paso por el modelaje antes de conocerlo a usted... hablé con el fotógrafo que le hizo su último test, un tal Marcus Thorne.
- ¿Y? - preguntó Ignacio, impaciente.
- Él al igual que muchos estaba furioso de que ella lo dejara todo, dijo que Ciara tenía lo que él llamaba un talento y una curiosidad peligrosa, no solo posaba, preguntaba sobre la iluminación, los contratos y los márgenes de las agencias pero entonces, pero entonces según Thorne, Ciara lo conoció a usted. Sus palabras exactas fueron, sabía que la llama se apagaria en cuanto firmara ese contrato matrimonial, ella se convertiría en un maniquí de cera.
Ignacio guardó silencio, él recordaba a ese maniquí, era dócil, predecible y facil de moldear, la mujer que dormía ahora en el otro ala de la mansión era fuego envuelto en seda. No lograba comprender cómo la sumisión absoluta se había transformado en una astucia implacable.
- Hay un detalle, señor - añadió el investigador con cautela - Un pequeño vacío. Durante su recuperación en el hospital tras el accidente, hubo una ventana de tres horas donde no hay registros de visitas ni de cámaras por un fallo eléctrico en el ala sur. Es estadísticamente improbable...
- ¿Insinúas que alguien la cambió en tres horas en un hospital vigilado? - Ignacio soltó una carcajada seca y carente de humor - Es físicamente ella, sus huellas, su ADN, incluso esa pequeña cicatriz en su hombro... todo coincide. Lo que ha cambiado es lo que hay dentro de la caja torácica.
- Tal vez el trauma del accidente activó una respuesta de supervivencia - sugirió el Perito - O tal vez... siempre fue así y solo estaba fingiendo.
Ignacio colgó sin despedirse. La idea de que Ciara hubiera fingido ser una idiota durante años era casi más insultante que la idea de una impostora. No toleraba ser engañado y mucho menos por alguien a quien consideraba su creación.
La verdad detrás de ese cambio radical se le escapaba entre los dedos, estaba obsesionado por descifrar el secreto de la nueva mujer que llevaba su apellido, se sirvió un dedo de whisky puro sintiendo el quemor bajar por su garganta mientras observaba por el ventanal. Ignoraba por completo que la verdadera Ciara se había desvanecido para siempre en la oscuridad de aquellas aguas y que el cuerpo de su esposa albergaba ahora el alma resentida y ajena de Ángela. Lo que presenciaba no era un despertar, sino una usurpación y él, el hombre que controlaba cada aspecto de su vida, estaba a punto de perder el control de su propio hogar.