Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 20. LA ARMADURA DE SEDA Y VENENO

Ángela cerró la puerta de su habitación con un clic metálico que resonó como el seguro de un arma. El encuentro con Ignacio le había dejado un sabor de tristeza y melancolía en la boca, pero está vez no se escondería, no buscaría rincones ni fingiría ser invisible. La mujer que le devolvía el reflejo jdd aquél espejo tenía la mirada de quien sabe que está a punto de reescribir el destino.

Se sentó frente a la peinadora y dejó que el silencio la envolviera, el temblor en su mano ya no existía, Ángela Ferreti, la mujer que había dominado las pasarelas de Milán y París, no permitiría que las sombras de los miedos de Ciara dictara sus movimientos. Si en la novela original esta gala era el cadalso de la protagonista, en su versión sería el nacimiento de una deidad.

Sacó su teléfono personal y marcó un número con prefijo internacional, no necesitaba buscarlo estaba grabado en su mente como parte de su arsenal profesional.

  • ¿Pronto? - la voz al otro lado era profunda, con la aspereza de quien ha fumado demasiados cigarrillos en los talleres de costura de Italia.
  • Teodhoro, habla Ciara Del Vecchio - dijo ella en un italiano fluido y elegante, despojado de cualquier rastro de la timidez que la antigua Ciara solía mostrar.

Hubo un silencio al otro lado de la línea, Teodhoro Galy, el director de G&V y un hombre que despreciaba la mediocridad, tardó unos segundos en procesar que la mujer que había decidido apagar su luz ahora le hablaba con la autoridad de una condesa.

  • Signora Del Vecchio - respondió Teodhoro, su tono cambiando instantáneamente de la indiferencia al respeto - Me sorprende su llamada pensé que estaríamos hablando a través de sus asistentes... o de la señorita Bianca.
  • Bianca ha sido reubicada, Teodhoro. A partir de ahora cualquier decisión en relación a mi vestuario sera solicitada exclusivamente por mi - Ángela se reclinó en su silla, observando su reflejo en el ventanal - Necesito un vestido para la gala anual pero no quiero ni algo de catálogo y mucho menos que sea con los estilos anteriores, no quiero el lujo seguro que Bianca suele elegir para que yo pase desapercibida.
  • ¿Qué tiene en mente? - preguntó Teodhoro, ahora genuinamente intrigado. El instinto del artista se había encendido.
  • Quiero una armadura, Theodhoro. No un vestido quiero algo que grite que he regresado del infierno y que el fuego me sienta bien - Ángela cerró los ojos, visualizando la escena en la gala - Seda líquida en color medianoche, pero con un brillo metálico un corte que desafíe la gravedad y una espalda tan descubierta que haga que Ignacio olvide cómo respirar. Quiero que cuando entre en ese salón, las mujeres dejen de murmurar porque tengan miedo de que mi mirada las convierta en piedra.

Teodhoro soltó una risa ronca, una muestra de deleite puro.

  • Bellisimo. Usted no quiere un vestido, quiere una declaración de guerra. Tengo una pieza en el taller de Milán que fue diseñada para una musa que nunca llegó. Un tejido experimental que cambia de tonalidad según la luz, de un negro abismo a un azul eléctrico. Se llama "Cenizas de Fénix".
  • Envíalo en un vuelo privado hoy mismo -ordenó Ángela.- Y Teodhoro... envía también a tu mejor sastre, no aceptaré ni una arruga fuera de lugar. Mañana no solo represento a los Del Vecchio estoy estableciendo un nuevo orden mundial.
  • Estará allí hoy mismo, Signora. Es un placer ver que finalmente ha decidido ocupar el trono que le pertenece.

Ángela colgó, una pequeña chispa de satisfacción brilló en sus ojos. Conocía perfectamente el guion de Bianca, la asistente pensaba usar un vestido rojo carmín, diseñado para ser el centro de atención mientras que para Ciara había preparado un modelo en tono pastel, lánguido y sin forma, que la haría ver enferma y desdibujada bajo las luces amarillas del gran salón.

Ángela se puso de pie y salió hacia el salon, al pasar frente al pasillo vio a Bianca y se detuvo. La mujer estaba allí, sola con una expresión de amargura que envejecía su rostro.

  • Bianca - dijo Ángela con una frialdad quirúrgica.
  • ¿Sí, señora? - respondió Bianca entre dientes, sin levantar la vista.
  • Cancela el pedido de la boutique que hiciste para mí, esel vestido rosa de tul no lo quiero. Es más, puedes quedártelo tú. Creo que encaja perfectamente con tu nueva posición, algo que intenta ser importante pero termina siendo simplemente... decorativo.

Bianca levantó la vista, sus ojos inyectados en sangre por la rabia.

  • Ese vestido fue elegido siguiendo el protocolo de Ignacio para tu imagen de recuperación, Ciara. Él no aprobará que cambies los planes a última hora.
  • Ignacio ya no decide mi vestuario, Bianca y tú ya no dictas nada - Ángela se inclinó invadiendo el espacio de la otra mujer - Hoy llegará un envío de Milán y como supongo que no te moverás de aqui no lo tocarás, no lo abrirás, si veo una sola huella de tus dedos en esa caja, el cambio de mi estado civil que le mencioné a Ignacio será el menor de tus problemas ¿He sido clara?

Bianca asintió débilmente, asfixiada por la presencia dominante de Ángela.

Ángela continuó su camino sabía que la noticia del cambio de vestido llegaría a oídos de Ignacio en cuestión de minutos y eso era exactamente lo que quería, quería que él estuviera inquieto, quería que el hombre que siempre lo controlaba todo sintiera por primera vez, que estaba casado con una desconocida que conocía sus debilidades mejor que él mismo.

Mientras salia al jardín Ángela evoco los recuerdos leidos. En la novela original, Ciara terminaba la gala llorando en un baño en esta realidad, Ángela iba a asegurarse de que el único cristal que se rompiera esa noche fuera el de las expectativas de todos los que se atrevieron a subestimarla.

La preparación había comenzado ya no era solo una transmigrada tratando de sobrevivir era una arquitecta del caos preparando su obra maestra.




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