Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 32. EL PESO DE LA CORONA

El coche oficial se detuvo frente a las imponentes puertas de cristal de las Empresas Del Vecchio exactamente a la una y cuarenta y cinco de la tarde. El sol de la planicie refractaba contra la fachada espejada del rascacielos, haciéndolo lucir como una fortaleza infranqueable pero para Ángela, ese edificio ya no era el laberinto donde Ciara se escondía, era el territorio que venía a reclamar.

El chofer se apresuró a abrir la portezuela trasera, Ángela descendió del vehículo con una fluidez milimétrica el traje sastre verde botella de lana fría se ceñía a su silueta con una severidad aristocrática y sus tacones de aguja repiquetearon contra el granito de la entrada con la cadencia de una marcha militar. Ignacio bajó justo detrás de ella, luciendo su habitual traje oscuro, pero esta vez su postura había cambiado por completo, ya no caminaba tres pasos por delante se aseguraba ir al ritmo de Ciara para que ella se mantuviera a su lado, con la mirada fija en el perfil de su esposa, custodiando su avance con una mezcla de orgullo y posesividad silenciosa.

Al cruzar las puertas giratorias del vestíbulo principal, un silencio súbito barrió el lugar.

El rumor de los teléfonos, los teclados y las conversaciones de los analistas se extinguió en un segundo. Los empleados del área de recepción y seguridad se quedaron estáticos. Los rumores sobre lo ocurrido en la gala de la noche anterior ya habían corrido como la pólvora por los canales internos de la corporación, el despido fulminante de Bianca, la humillación pública de la amante del jefe y la aparición de una Ciara Del Vecchio que hablaba alemán y manejaba a los tiburones de Milán como si fueran principiantes. Verla entrar ahora, radiante con una mirada fria que exigía subordinación instantánea, confirmó que el mito era real. La "modelo de folletos de supermercado" había muerto y en su lugar, una monarca exigía su trono.

Ángela no miró a nadie, mantuvo la vista al frente, dirigiéndose directamente hacia el banco de ascensores privados de la presidencia. Los empleados se apartaban a su paso de forma instintiva, inclinando levemente la cabeza, un gesto de respeto que la antigua Ciara jamás había recibido en toda su existencia en esas oficinas.

Al llegar al piso presidencial, las puertas doradas del ascensor se abrieron con un susurro metálico. El pasillo principal estaba sumido en una tensión insoportable. En el centro exacto, el pequeño escritorio de madera barata que Ángela había ordenado instalar seguía allí, despojado de todas las pertenencias de Bianca. El vacío de ese puesto era el recordatorio físico del primer cadáver político de la nueva administración.

La secretaria ejecutiva de Ignacio, una mujer hermosa que había servido a la familia Del Vecchio durante una década, dio un paso al frente con las manos temblorosas, sosteniendo una tableta corporativa.

  • Señor Del Vecchio, señora... - carraspeó, intentando modular su voz - El doctor Benavídez ya envió las copias digitales del acta notarial. Toda la junta directiva ha sido notificada del traspaso del cincuenta por ciento de los derechos de voto en la división "Renacimiento". Los directores de área ya están reunidos en la sala de juntas ejecutiva, tal como ordenó.
  • Gracias, Marta - respondió Ángela y su voz aterciopelada y firme hizo que la secretaria diera un paso atrás por la sorpresa, era la primera vez que Ciara la llamaba por su nombre de pila con esa seguridad - Modifica el acceso biométrico de la oficina de la esquina este a partir de este momento, ese espacio es mi despacho privado. Nadie entra sin mi autorización digital, incluido el departamento de sistemas.
  • Por supuesto, señora Del Vecchio. Se hará de inmediato.

Ignacio observaba la escena apoyado contra el marco de la gran puerta doble de su oficina una sonrisa de lado, oscura y fascinada, dibujó sus labios. Ver a su esposa tomar el control del piso presidencial con esa parsimonia quirúrgica le provocaba una mezcla indescifrable de frustración y un deseo devorador. Ella se movía bajo sus propias reglas y el hecho de que hubiera rechazado mudar sus cosas a su habitación esa misma mañana solo hacía que él tuviera más hambre de romper su resistencia.

Ángela caminó hacia la sala de juntas, deteniéndose justo ante las pesadas puertas de caoba. Se giró hacia Ignacio, ajustándose el puño del traje verde botella.

Ignacio acortó la distancia entre ambos, deteniéndose a escasos centímetros de su rostro. El aroma a sándalo de su piel volvió a invadir los sentidos de Ángela, recordándole la intensidad de la madrugada.

  • ¿Lista para reinar y ponerlos a tus pies? - susurró Ignacio y su mano buscó de nuevo el contacto de su cintura, una presión firme que no admitía réplicas ante la mirada discreta de la secretaria + Quiero ver en primera fila cómo los leones de mi junta se dan cuenta de que la mujer que lleva mi apellido es la criatura más peligrosa de este edificio. Además, tu contrato de seis meses dice que somos socios y a mí me gusta vigilar de cerca mis inversiones.

Ángela sostuvo la mirada, controlando el pulso que amenazaba con acelerarse ante su cercanía y empujó las puertas dobles con firmeza. El primer día del nuevo régimen corporativo estaba por comenzary la junta directiva de los Del Vecchio no tenía idea de la tormenta de fuego que estaba a punto de entrar por esa puerta.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.