Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPÍTULO 35. LA HERENCIA DEL SILENCIO

La mañana del día marcaba otro día de la cuenta regresiva que avanzaba con la precisión implacable de un engranaje suizo. Tras abandonar la habitación del ala oeste donde el aroma a café amargo y el calor residual del cuerpo de Ángela aún flotaban como un desafío, Ignacio se instaló en su santuario de cuero y madera oscura en el piso presidencial.

Faltaban escasos minutos para la junta con los proveedores, pero el magnate no estaba revisando las proyecciones financieras de la línea "Renacimiento". Sus ojos oscuros estaban fijos en la pantalla de su teléfono encriptado, esperando la llamada de la línea de seis dígitos.

El aparato vibró sobre el escritorio de caoba. Ignacio atendió de inmediato, presionando el altavoz.

  • Habla Del Vecchio. Informa.
  • Señor - la voz del investigador principal al otro lado de la línea encriptada sonó inusualmente tensa, despojada de la fría eficiencia habitual - Hemos terminado el rastreo profundo que ordenó desde el nacimiento. Rompimos tres niveles de seguridad en el registro civil central y desenterramos un archivo que fue sepultado bajo un sello legal de alta confidencialidad hace veinticuatro años.

Ignacio se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos en el escritorio. Cada músculo de su torso se tensó bajo el traje de sastre.

  • ¿Qué encontraron?
  • La mujer con la que se casó no es la hija biológica de los aristócratas arruinados que todos conocen - soltó el investigador con cautela - Ciara Del Vecchio fue adoptada a los cuatro años. El proceso fue blindado con un pacto de confidencialidad absoluta que costó una fortuna en su momento. Lo único que el dinero y los contactos no pudieron borrar por completo fue el informe del evento de origen.

El silencio en el despacho presidencial se volvió tan denso que el murmullo del aire acondicionado pareció apagarse. Ignacio entornó los ojos, sintiendo un vuelco en el estómago.

  • Continúa - ordenó, con una voz que bajó un octavo.
  • Su verdadera familia biológica fue borrada de la faz de la tierra en una sola noche -explicó el hombre al otro lado - Hubo un accidente. Una tragedia masiva en la costa norte hace más de dos décadas. El informe forense original, el que intentaron quemar, detalla que su padre, su madre y su hermana menor murieron en el acto. Ciara fue la única superviviente, rescatada de los restos del naufragio siendo apenas una niña. Los padres adoptivos la tomaron de inmediato, sellaron el expediente, le dieron su apellido y la criaron bajo la historia oficial de la niña frágil nacida en Suiza que toda la alta sociedad conoce. El resto... es la biografía pública.

La llamada se cortó tras una confirmación de recepción, dejando a Ignacio con el pitido intermitente del teléfono en la mano.

Se reclinó en su silla de cuero, clavando la mirada en el horizonte espejado de la ciudad a través del ventanal. Los nuevos informes no resolvían el misterio de la mujer letal que dormía en su ala oeste, al contrario le daban una dimensión trágica y profunda que lo dejó sin palabras. Ignacio no creía en las coincidencias. Que la verdadera familia de su esposa, padre, madre y una hermana hubiera muerto en el pasado y que ella hubiera sobrevivido a un segundo accidente en el acantilado solo para "despertar" convertida en una reina de hielo, empezó a cobrar un sentido perturbador en su mente analítica.

Para Ignacio, que desconocía el concepto místico de la transmigración de Ángela al libro, la explicación era otra, mucho más terrenal y peligrosa. El trauma del coche no había creado a un monstruo, había roto el candado de la amnesia o de la sumisión con la que la habían criado. La adopción sellada y la muerte de su sangre original significaban que la debilidad de Ciara siempre había sido una fachada impuesta, una mentira de diseño para ocultar la herencia de una superviviente.

  • Una hermana... - susurró Ignacio para sí mismo, recordando la furia y la altivez con la que ella había destrozado al doctor Rossi en la sala de juntas y cómo le había impuesto el plazo de los seis meses en el jardín - No eres una dócil muñeca de porcelana rota, Ciara. Siempre fuiste fuego. Solo estabas esperando que el hielo se rompiera para reclamar lo que es tuyo.

Se levantó del escritorio, acomodándose la corbata con una parsimonia decidida. El informe de la adopción no cambiaba sus planes, los intensificaba. El hombre que se había metido en su cama la noche anterior para obligarla a dormir abrazados ahora sentía una fascinación que rozaba la locura.

Ella creía que un temporizador y unas habitaciones separadas la salvarían de él pero Ignacio acababa de descubrir que el pasado de su esposa estaba tan lleno de sombras como el futuro que ella pretendía escribir. La cuenta regresiva seguía avanzando y él estaba más dispuesto que nunca a desenterrar cada secreto de la mujer que llevaba su apellido, pieza por pieza si era necesario.




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