La mañana del día marcaba otro día de la cuenta regresiva que avanzaba con la precisión implacable de un engranaje suizo. Tras abandonar la habitación del ala oeste donde el aroma a café amargo y el calor residual del cuerpo de Ángela aún flotaban como un desafío, Ignacio se instaló en su santuario de cuero y madera oscura en el piso presidencial.
Faltaban escasos minutos para la junta con los proveedores, pero el magnate no estaba revisando las proyecciones financieras de la línea "Renacimiento". Sus ojos oscuros estaban fijos en la pantalla de su teléfono encriptado, esperando la llamada de la línea de seis dígitos.
El aparato vibró sobre el escritorio de caoba. Ignacio atendió de inmediato, presionando el altavoz.
Ignacio se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazos en el escritorio. Cada músculo de su torso se tensó bajo el traje de sastre.
El silencio en el despacho presidencial se volvió tan denso que el murmullo del aire acondicionado pareció apagarse. Ignacio entornó los ojos, sintiendo un vuelco en el estómago.
La llamada se cortó tras una confirmación de recepción, dejando a Ignacio con el pitido intermitente del teléfono en la mano.
Se reclinó en su silla de cuero, clavando la mirada en el horizonte espejado de la ciudad a través del ventanal. Los nuevos informes no resolvían el misterio de la mujer letal que dormía en su ala oeste, al contrario le daban una dimensión trágica y profunda que lo dejó sin palabras. Ignacio no creía en las coincidencias. Que la verdadera familia de su esposa, padre, madre y una hermana hubiera muerto en el pasado y que ella hubiera sobrevivido a un segundo accidente en el acantilado solo para "despertar" convertida en una reina de hielo, empezó a cobrar un sentido perturbador en su mente analítica.
Para Ignacio, que desconocía el concepto místico de la transmigración de Ángela al libro, la explicación era otra, mucho más terrenal y peligrosa. El trauma del coche no había creado a un monstruo, había roto el candado de la amnesia o de la sumisión con la que la habían criado. La adopción sellada y la muerte de su sangre original significaban que la debilidad de Ciara siempre había sido una fachada impuesta, una mentira de diseño para ocultar la herencia de una superviviente.
Se levantó del escritorio, acomodándose la corbata con una parsimonia decidida. El informe de la adopción no cambiaba sus planes, los intensificaba. El hombre que se había metido en su cama la noche anterior para obligarla a dormir abrazados ahora sentía una fascinación que rozaba la locura.
Ella creía que un temporizador y unas habitaciones separadas la salvarían de él pero Ignacio acababa de descubrir que el pasado de su esposa estaba tan lleno de sombras como el futuro que ella pretendía escribir. La cuenta regresiva seguía avanzando y él estaba más dispuesto que nunca a desenterrar cada secreto de la mujer que llevaba su apellido, pieza por pieza si era necesario.