Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 40. LA VOZ EN LA RENDIJA

El silencio en el interior del coche tras abandonar la residencia de los Del Valle era una losa pesada, Ángela observaba el paisaje urbano desfilar a través del cristal tintado con los guantes de piel aún ceñidos a sus manos y la respiración acompasada. La congelación de los fondos de sus padres adoptivos había sido un golpe limpio, una amputación financiera que los dejaba de rodillas en su propia villa en ruinas. La neblina que durante veinticuatro años había sepultado el trauma de Ciara se estaba disipando pero el vacío de información que la rodeaba seguía siendo su mayor vulnerabilidad.

Fue en mitad de ese silencio cuando el teléfono personal que Ángela guardaba en el bolsillo interior de su abrigo de cachemira comenzó a vibrar.

No era el aparato que Ignacio usaba para sus operaciones más oscuras, sino la línea privada de Ciara. En la pantalla táctil no apareció ningún nombre, ni siquiera un número oculto con prefijo internacional. La pantalla parpadeaba con una palabra simple y perturbadora: "Desconocido".

Ángela frunció el ceño, sintiendo un sutil cambio en la densidad del aire dentro, deslizó el dedo por la pantalla y se colocó el auricular en el oído, manteniendo su voz aterciopelada en una frecuencia baja para que el chofer no pudiera captar la conversación.

  • Habla Ciara Del Vecchio - dijo, usando la identidad oficial del tablero.

Al otro lado de la línea no hubo una respuesta inmediata. Solo se escuchaba el siseo estático de una conexión analógica de larga distancia y el sonido rítmico de un respirador médico o el goteo constante de un ambiente confinado. Entonces, una voz anciana, áspera por los años y el tabaco, pero con una cadencia arrastrada que denotaba una urgencia médica, rompió el silencio.

  • La señora Del Vecchio... o debería decir, la pequeña superviviente de la costa norte - la voz soltó una risa seca, un sonido ronco que heló la sangre de Ángela de inmediato - Rodolfo y Leonor hicieron un trabajo impecable lavándote el cerebro con esas mentiras sobre los sueños nocturnos, ¿verdad? Te obligaron a creer que el frío del agua era solo una fantasía para que nunca buscaras los restos de la madera rota.

Ángela se tensó en el asiento de piel del coche, apretando el teléfono con una fuerza que hizo que el cuero de su guante crujiera. El pánico existencial regresó con la fuerza de una descarga eléctrica, esta llamada no existía en ninguna de las páginas de la novela "Cadenas de Oro". El libro original jamás mencionó a ningún informante externo que conociera el secreto del naufragio, en el texto impreso, el pasado de Ciara era una nota al pie irrelevante. El guion de este mundo de ficción seguía mutando, cobrando una vida propia y salvaje que la dejaba completamente a ciegas.

  • ¿Quién eres? - exigió Ángela, forzando su tono a mantener la firmeza de un bisturí - ¿Y qué pretendes ganar llamando a esta línea?
  • Soy el hombre que firmó el informe forense original antes de que el dinero de los Del Valle lo convirtiera en cenizas, mi niña - respondió la voz, su respiración tornándose más pesada - Soy el doctor Méndez. Estoy en la habitación de un hospital del que no voy a salir con vida y mi conciencia pesa más que el oro que me pagaron hace veinticuatro años para mantener el sello legal sobre tu adopción. Tus padres adoptivos te dijeron que tu hermana menor murió en esa marea junto con tus verdaderos padres. Te dijeron que su cuerpo se lo había tragado el mar para que dejaras de llamarla en tus sueños.

La voz hizo una pausa prolongada, interrumpida por una tos de pecho que se filtró por el auricular, Ángela contuvo el aliento, sintiendo que el corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas. La imagen borrosa de la marea, la mano pequeña soltándose en la penumbra del agua que había sido desenterrado durante el almuerzo de negocios, regresó a su mente con la crudeza de una herida abierta.

  • Dime el nombre - susurró Ángela, y por primera vez, su voz trémula delató la agitación de la superviviente - Dime cómo se llamaba.
  • Su nombre real era Valeria - sentenció el anciano al otro lado de la línea - Valeria, tu hermana menor. Y el informe forense que Rodolfo Del Valle mandó a quemar no decía que se la había tragado el mar, el informe original detallaba que solo se encontraron tres cuerpos en las rocas aquella noche, tu padre, tu madre y una tripulante. El cuerpo de Valeria nunca apareció, Ciara. No hubo registro de fallecimiento para ella, alguien se llevó a esa niña antes de que las patrullas de rescate llegaran al naufragio. Tu hermana... tu hermana podría seguir viva.

La llamada se cortó de golpe con un pitido sordo y definitivo, dejando a Ángela con el teléfono pegado a la oreja y una verdad tan inmensa y peligrosa que la estancia entera pareció girar a su alrededor.

Se retiró el aparato lentamente, con las manos empezando a temblar de forma visible. El tablero de la novela no solo se había vuelto ciego, acababa de expandirse hacia un abismo completamente virgen. Si Valeria seguía viva, si la hermana de Ciara fue rescatada o secuestrada por otra facción antes de la adopción significaba que la línea sucesoria de su verdadera familia biológica estaba incompleta. Había otra jugadora en las sombras, un fantasma del pasado que ni el propio Ignacio Del Vecchio había logrado detectar en sus investigaciones encriptadas.

Ángela se reclinó en el asiento del coche, forzándose a respirar el aire frío del climatizador para recuperar el centro de su estrategia. El temporizador seguía avanzando, pero la lista de deudas de la supermodelo acababa de adquirir un matiz de sangre real. Ya no se trataba únicamente de domar a la junta directiva o de mantener a raya la obsesión posesiva de Ignacio, ahora tenía que desenterrar el rastro de Valeria antes de que las sombras que controlaban la mentira de este mundo descubrieran que la muñeca de porcelana ya conocía el nombre de su sangre.




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