Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 44. ALIANZA EN EL ABISMO

El zumbido sordo del teléfono sobre la madera del escritorio interrumpió el torbellino de sus pensamientos, Ángela contempló el aparato parpadeante por una fracción de segundo. La lógica de su vida pasada como Ángela Ferreti le dictaba ocultar la jugada, guardar el dispositivo en el cajón y operar desde las sombras. Pero ella ya no estaba en las pasarelas, estaba en un tablero de juego real donde la información adulterada era un arma de doble filo.

Echó un vistazo a la carpeta de piel negra con el informe modificado de la muerte de Valeria Rossi. Ignacio le había entregado sus mejores archivos sin omisiones, cumpliendo su parte del trato en un despliegue de honestidad salvaje. Si ella quería mantener el control de los ciento ochenta días de su temporizador y forzarlo a respetarla como a una igual, no podía empezar el contrato con una mentira.

Deslizó el dedo por la pantalla del teléfono satelital, activando el altavoz justo cuando la puerta de su oficina se abría, Ignacio entró sin llamar con la mirada fija en ella, intrigado por el repentino aislamiento de su esposa en el ala este. Ángela ni siquiera se inmutó, extendió la mano hacia él en un gesto imperioso, indicándole con la mirada que guardara silencio y se acercara a la mesa.

  • Habla, Ciara Del Vecchio - dijo Ángela, manteniendo la voz firme frente al auricular - Adelante.
  • Tengo las coordenadas, señora - la voz monótona del rastreador de élite resonó en el espacio confinado del despacho, capturando la atención inmediata de Ignacio, quien se detuvo en seco al lado del escritorio, entornando los ojos - El doctor Alejandro Méndez está ingresado en el Hospital Central de la Costa Norte, pabellón de oncología terminal, cama 412. Entró bajo el alias de Alberto Mendoza hace seis días. No hay registro oficial de visitas en las últimas setenta y dos horas, pero el personal médico confirma que su estado es crítico. No pasará de esta semana.
  • Buen trabajo. Los fondos acordados están en tu cuenta - sentenció Ángela, cortando la llamada de golpe.

El silencio volvió a instalarse en la estancia. Ignacio se apoyó con ambas manos sobre el escritorio, inclinándose hacia ella. La electricidad entre ambos volvió a tornarse pesada.

  • ¿Un teléfono satelital encriptado, Ciara? ¿Un rastreador privado buscando al médico forense que firmó la autopsia de tu familia? - preguntó Ignacio, y su voz grave arrastraba una mezcla de fascinación oscura y sospecha - Hicimos un trato en mi despacho hace menos de una hora, me prometiste una oportunidad real a cambio de mi carpeta. ¿Y esto es lo que haces en cuanto te doy la espalda? ¿Ocultarme un cabo suelto?
  • No te estoy ocultando nada, Ignacio -replicó Ángela con una calma que desarmó la brusquedad del magnate. Deslizó el informe forense de la carpeta de piel negra hacia él, golpeando el papel con la yema del dedo - Si hubiera querido jugar a tus espaldas, no habrías escuchado esa llamada. Escúchame bien, tú informe oficial dice que mi hermana menor, desapareció en el mar con presunción de fallecimiento. Dice que el oleaje se la tragó.
  • Es el documento original sacado directamente del archivo central - afirmó Ignacio, frunciendo el ceño - Los investigadores y posteriormente mis analista confirmaron la veracidad de los sellos.
  • Pues tus analistas recibieron basura empaquetada con lazos de oro - Ángela se levantó de la silla, quedando a escasos centímetros de él, sosteniéndole la mirada con dos cuchillas gélidas - El doctor Méndez me llamó personalmente ayer, justo antes de que yo llegara a la casa. El informe real, el que Rodolfo Del Valle mandó a quemar antes de sembrar este duplicado modificado en los archivos, especificaba que en las rocas solo se encontraron tres cuerpos aquella noche. El cadáver de Valeria Rossi nunca estuvo en la costa. Alguien se llevó a esa niña de tres años antes de que llegaran las patrullas de rescate, alguien falsificó el documento que tienes en las manos para hacerle creer al mundo y a ti, que mi hermana estaba muerta.

Ignacio se quedó completamente estático. El impacto de la revelación golpeó su orgullo y su seguridad táctica de frente. Miró las hojas impresas y luego a Ángela, dándose cuenta de que la red de espionaje con la que controlaba su imperio había sido burlada por un fantasma del pasado. Alguien más poderoso que los Del Valle había movido los hilos veinticuatro años atrás.

  • ¿Me estás diciendo que Valeria Rossi podría seguir viva? - susurró Ignacio, y un fuego devorador, una devoción salvaje por la lucidez mental de su esposa, encendió sus ojos oscuros - ¿Y que hay otra facción en el tablero que no detecté?
  • Exactamente - concluyó Ángela, ajustándose los puños de su chaqueta - El forense va a morir muy pronto en ese hospital de la costa norte. Es la única persona viva que posiblemente sabe quién se llevó a mi hermana y dónde la llevaron. El temporizador de nuestro contrato acaba de pararse, Ignacio y esta es nuestra primera operación conjunta. Prepara el helicóptero privado de la firma. Nos vamos a la costa norte ahora mismo.




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