Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 50. LA LEY DEL HEREDER0

El sonido metálico y estridente del teléfon de Ignacio rompió la densa calma del vestidor del penthouse. Ignacio, que terminaba de ajustarse los gemelos de oro de su camisa, desvió la mirada hacia el aparato que vibraba sobre la mesa de noche. Ángela, de pie frente al espejo de cuerpo entero mientras cerraba la hilera de botones de un impecable vestido en negro azabache, observó el reflejo de su esposo.

Ignacio tomó el dispositivo, al ver la pantalla, una ligera rigidez endureció la línea de su mandíbula. Deslizó el dedo por la pantalla y activó el altavoz, permitiendo que la conversación flotara en el espacio confinado, en un gesto deliberado de transparencia hacia la mujer que ahora consideraba su igual.

  • Habla Ignacio - sentenció, su voz grave resonando con una sequedad militar.
  • ¡Ignacio, por fin! ,- la voz de Doña Soledad Del Vecchio brotó del auricular cargada de una indignación aristocrática que rozaba la histeria - Llevo horas intentando comunicarme con tu secretaría. Lo que ocurrió en el jardín es una absoluta desgracia. ¡Esa insignificante mujercita con la que te casaste ha perdido por completo el juicio! ¡Atreverse a echarme de tu propiedad, a hablarme de etiquetas y a amenazarme con el servicio de seguridad! ¡A mí, la matriarca de esta familia!

Ángela no se movió, continuó acomodando el cuello de su vestido con una parsimonia exasperante, manteniendo la fría lógica de la supermodelo. En el pasado, los gritos de su suegra habrían provocado que la verdadera Ciara se encogiera de miedo en un rincón pero el tablero ya no era el mismo.

  • Madre, calma el tono - interrumpió Ignacio, y su tono de voz bajó un octavo, adquiriendo una densidad helada que congeló el monólogo de la anciana - Estás hablando de la señora Del Vecchio. Y estás llamando a mi línea privada.
  • ¡No me pidas calma cuando esa aparecida está destruyendo el orden de nuestro legado! - exclamó Doña Soledad, omitiendo la advertencia - Y no es solo lo que me hizo a mí. Me he enterado de que tiene retenidos los informes de contabilidad y que ha amenazado a Bianca con una auditoría criminal. ¡Es ridículo! Bianca ha sido la mano derecha de esta firma por años, te ha sido leal en la cama y en el despacho. Tienes que poner un alto a estos delirios de grandeza, Ignacio, exijo que dejes de castigar a Bianca por los celos absurdos de tu esposa, que le devuelvas su puesto de inmediato y que regreses a Ciara al rincón del que nunca debió salir antes de la gala de la Cámara de Comercio.

El silencio que siguió a las demandas de la matriarca fue tan denso que el zumbido de la línea telefónica pareció amplificarse, Ángela levantó la vista del espejo y fijó sus ojos azules directamente en los de Ignacio a través del reflejo. Era el momento de la verdad. La prueba de fuego para la alianza que habían sellado con la piel y la sangre la noche anterior.

Ignacio dio un paso al frente, recortando su imponente figura al lado de Ángela. No apartó la mirada de su esposa mientras respondía al teléfono y la devoción salvaje, posesiva y honesta que gobernaba sus ojos oscuros se transformó en una sentencia de muerte para el viejo libreto de la familia.

  • Escúchame bien, madre, porque no lo voy a repetir - habló Ignacio, y cada una de sus palabras cayó con el peso de una losa de mármol - La residencia Del Vecchio no es mi propiedad, es el hogar conyugal de mi esposa y en ese hogar la única que dicta el orden, las visitas y las jerarquías es ella. Si Ciara consideró que tu presencia fue una indiscreción y una falta de etiqueta, estás en la obligación de disculparte antes de volver a solicitar una audiencia en esta casa.
  • ¡¿Qué estás diciendo, Ignacio?! ¡¿Te has vuelto loco por esa...?!
  • ¡Silencio! - el rugido contenido de Ignacio cortó la réplica de Doña Soledad de golpe - En cuanto a Bianca, no hay ningún castigo. Hay una auditoría por fraude y desvío de fondos que mi esposa está liderando de manera impecable. Si tu protegida confundió la tarjeta corporativa con su cuenta de ahorros de amante, estará esposada antes del mediodía. No me importa cuántos años lleve en la firma.

Ignacio se inclinó sutilmente hacia el espejo, cancelando la distancia con Ángela, rozando su hombro con el de ella en un gesto de blindaje absoluto.

  • A partir de hoy, Ciara está por encima de la junta directiva, de los analistas, de Bianca y de ti, madre. Es la reina de este tablero y quien intente pisotearla, rebajarla o usar una sola palabra cruel en su contra, se estará enfrentando directamente a mí. La gala de la Cámara de Comercio se llevará a cabo esta semana y entraré del brazo de mi esposa. Si planeas asistir para montar un espectáculo, te sugiero que te quedes en tu villa, porque no dudaré en usar a la seguridad para retirarte frente a toda la alta sociedad. Que tengas un buen día.

Ignacio presionó la pantalla táctil, cortando la comunicación de golpe y sepultando los gritos de la matriarca en el olvido. Dejó el dispositivo sobre el tocador y rodeó la cintura de Ángela con sus brazos de acero, pegando su espalda contra su pecho, enterrando su rostro en el hueco de su cuello para respirar su aroma.

  • ¿Satisfecha,? -.susurró Ignacio contra su piel, con una fijeza protectora que ya no pretendía ocultar - El escudo está colocado. Los monstruos de tu pasado acaban de entender quién dicta las leyes ahora.

Ángela sostuvo la respiración, sintiendo el latido acelerado de Ignacio contra su espalda. La jugada había sido magistral; por primera vez en la historia de este mundo de ficción, el magnate había despedazado su propio entorno para poner a su esposa por encima de todos ellos. Sin embargo, mientras saboreaba el triunfo de la estrategia, el pánico existencial volvió a rozar sus sienes. Ignacio estaba quemando sus barcos por una mujer que creía estar recuperando, sin sospechar jamás que la soberana a la que acababa de jurarle lealtad eterna era una extraña jugando con las reglas de un libro roto.




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