Reescrita. El Eco De Otra Vida

CAPITULO 52. EL ÚLTIMO ALETEO DE LA AVISPA

El despacho de la secretaría de la planta presidencial era una pecera de cristal y tensión, Bianca caminaba de un extremo a otro, gastando las suelas de sus tacones de diseñador contra la alfombra de seda. El sudor frío le perlaba el cuello. Llevaba tres horas intentando comunicarse con Ignacio, tres horas en las que su línea privada, esa que solía responderle incluso en mitad de las juntas más herméticas, la devolvía una y otra vez al buzón de voz con una frialdad que le helaba la sangre.

Miró el reloj de pared, las once y cuarenta de la mañana. La auditoría interna estaba pactada para el mediodía.

  • No puede hacerme esto... Él no me va a dejar caer - susurró para sí misma, con la voz trémula del animal que empieza a oler el matadero - El va a perdonarme por lo de la gala, fue un error y el lo sabe. Ignacio me prefiere a mi.

Sin embargo, el recuerdo de la escena del jardín, Doña Soledad siendo humillada, Ignacio observando a su esposa con una fascinación oscura que Bianca jamás le había visto la obligó a aceptar la cruda realidad. La sumisa Ciara ya no existía, e Ignacio no la estaba protegiendo la estaba ignorando. Estaba dejando que el temporizador corriera para que la señora Del Vecchio la destrozara.

Desesperada, Bianca guardó su teléfono personal y tomó una decisión drástica. Si Ignacio le daba la espalda, ella no se hundiría sola. El imperio Del Vecchio no era un reino absoluto, había un parlamento, una junta directiva llena de viejos tiburones sedientos de sangre que detestaban la concentración de poder del magnate y que verían con pánico la repentina intromisión de una esposa inestable.

Salió de la secretaría a pasos rápidos y se dirigió al ala oeste del edificio, donde se encontraba la oficina de Matteo Varga, el socio minoritario más influyente de la junta directiva y un eterno rival táctico de Ignacio.

Entró sin llamar, cerrando la puerta a sus espaldas con un golpe seco. Matteo, un hombre de cincuenta años con ojos de reptil y el cabello canoso perfectamente engominado, levantó la vista de sus pantallas con una ceja arqueada.

  • Bianca. No recuerdo haber agendado una reunión contigo - dijo Matteo, con una sonrisa de lado que denotaba que sabía perfectamente que la asistente estaba en la cuerda floja.
  • No hay tiempo para formalidades, Matteo - escupió Bianca, apoyando las manos sobre su escritorio de cristal, perdiendo toda la compostura - Ciara Del Vecchio se ha vuelto loca. El accidente en el acantilado le destrozó la cabeza y ahora está jugando a ser la dueña absoluta de la corporación. Ha ordenado una auditoría interna ilegal en mi contra para desviar la atención de sus propios delirios.

Matteo soltó una risa seca, desprovista de empatía.

  • Los celos de la esposa de Ignacio no son un asunto de la junta directiva, querida. Resuélvelo como siempre en su cama, no en mis oficinas.
  • ¡No son celos! - le gritó Bianca, bajando el tono de inmediato al recordar dónde estaba, adoptando una frecuencia sibilina y peligrosa.- Hace unos días la escuché amenazar a Ignacio en el vestíbulo de la mansión. Mencionó cuentas secretas, desvío de fondos privados y manipulación de las acciones del imperio. Está dispuesta a reunir a la familia y a los medios de comunicación para hundir el valor de las Empresas Del Vecchio con tal de no conseguir el divorcio. Si ella presenta esa auditoría hoy, abrirá una caja de Pandora que la Comisión de Valores no va a ignorar. Nos va a arrastrar a todos, Matteo. Incluyéndote a ti y a tus inversiones en Milán y Berlín.

El rostro de Matteo Varga se mudó en el acto. La diversión desapareció de sus ojos de reptil, reemplazada por la fría codicia del socio que ve peligrar sus márgenes de ganancia. Se inclinó hacia adelante, entrelazando sus dedos sobre el escritorio.

  • ¿Estás diciéndome que la sombra de los Del Vecchio tiene información confidencial que puede congelar nuestros activos? -preguntó Matteo, con una voz que era un hilo de veneno.
  • Tiene documentos, Matteo. No sé de dónde los sacó pero está decidida a usarlos al mediodía -aseguró Bianca, encontrando por fin la alianza desesperada que buscaba - Si tú y los socios de la vieja guardia entran conmigo a esa sala de juntas y exigen la nulidad de la auditoría alegando la incapacidad mental de Ciara tras el trauma del accidente, podemos frenarla. Podemos enviarla a una clínica de reposo antes de que firme una sola denuncia, Ignacio no podrá oponerse si la junta en pleno vota para proteger el valor de las acciones.

Matteo permaneció en silencio por un segundo largo, sopesando el riesgo de desafiar al magnate pero la posibilidad de debilitar el control absoluto de Ignacio usando la locura de su esposa era una jugada demasiado tentadora para dejarla pasar.

  • La junta directiva tiene una sesión extraordinaria en diez minutos para revisar los contratos de Berlín - dijo Matteo, levantándose de su silla y ajustándose la corbata con una sonrisa gélida - Qué oportuno que la señora Del Vecchio decida presentarse hoy. Entraré contigo a esa sala, Bianca. Vamos a ver si esa reina de papel puede sostener la mirada frente a los verdaderos dueños del dinero.

Bianca esbozó una sonrisa de triunfo, sintiendo que el aire regresaba a sus pulmones. El último aleteo de la avispa había sido un éxito. Había construido un muro de contención político con la junta directiva. Ahora tenía un ejército para destrozar la altanería de la nueva Ciara. No sabía que, mientras caminaba hacia la sala de juntas del brazo del socio minoritario, Ángela e Ignacio ya venían descendiendo en el ascensor privado, listos para demostrarle que el veneno de una avispa no es nada contra la fuerza quirúrgica de los verdaderos dueños del tablero.




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