CAPITULO 54. EL PRECIO DE LA LEALTAD DE UN REPTIL
Al concluir la revisión de los contratos de Berlín, los socios de la junta directiva abandonaron la sala con una prisa poco habitual en hombres de su estatus. El ambiente seguía cargado con el eco del escándalo de Bianca y el despliegue de fuerza conjunta de la pareja presidencial. Ángela permaneció sentada en la cabecera de la mesa de caoba, guardando con movimientos lentos y precisos los folios de la auditoría interna en su carpeta. Ignacio, tras recibir una notificación urgente de su jefe de seguridad en el umbral, le dedicó a su esposa una mirada cargada de esa fijeza protectora que ya se había vuelto costumbre.
- Debo atender una llamada con la división Alfa sobre los servidores de Zúrich - dijo Ignacio, inclinándose para depositar un beso sutil en la sien de Ángela - No tardaré más de diez minutos. Mis hombres están en la puerta. Nadie va a molestarte.
Ángela asintió con una sonrisa gélida y letal. En cuanto la silueta imponente del magnate cruzó las puertas hidráulicas, la estancia quedó sumida en un silencio sepulcral.
Sin embargo, antes de que pudiera levantarse, un movimiento pausado en el extremo opuesto de la mesa ovalada capturó su atención. Matteo Varga no se había marchado, el socio minoritario permanecía de pie junto a su silla, ajustándose los puños de su camisa con una calma artificial que pretendía ocultar el pánico que le recorría el pecho. Sabía perfectamente que, tras haber respaldado el intento de emboscada de Bianca, su cabeza era la siguiente en la lista de la nueva señora Del Vecchio.
Ángela se reclinó en su asiento de cuero, cruzando las piernas con la sofisticación felina de quien domina por completo el escenario. Sostuvo la mirada del hombre con dos cuchillas azules que no transmitían el menor atisbo de compasión.
- La reunión ha terminado, Matteo - sentenció Ángela, y su voz aterciopelada cortó el aire - Si estás buscando los restos del contrato de Bianca para intentar salvarla, te sugiero que vayas a la calle. Seguridad ya debe haber terminado de tirarla a la acera.
- No me importa el destino de esa asistente insignificante, Ciara - replicó Matteo, dando unos pasos cautelosos hacia la cabecera, cuidando de mantener un tono sibilino y bajo para que los guardias del pasillo no pudieran captar la conversación - Bianca era solo una pieza prescindible en un juego mal calculado. He venido a negociar contigo. A salvar mi propio pellejo, si queremos hablar con la honestidad que ahora maneja esta planta presidencial.
Ángela soltó una risa irónica, un sonido suave desprovisto de humor que resonó en las paredes de cristal templado.
- ¿Negociar conmigo? Tienes una audacia preocupante. Hace veinte minutos estabas listo para firmar un acta de incapacidad mental en mi contra y enviarme a una clínica de reposo. ¿Por qué iba a dejarte conservar tus acciones en esta firma en lugar de destruirte junto con el resto de la vieja guardia?
- Porque los viejos tiburones de esta junta somos depredadores predecibles, pero el verdadero peligro para tu nuevo reinado no está en esta sala - Matteo se detuvo a un par de metros de ella, apoyando las yemas de sus dedos sobre la madera pulida, inclinándose con una seriedad quirúrgica— - Sé que la congelación de los fondos de los Del Valle fue tu obra, sé que estás limpiando la corporación de cualquier rastro del pasado pero si crees que tu suegra, Doña Soledad, se va a quedar de brazos cruzados viendo cómo reduces a cenizas el legado de su familia, estás muy equivocada. Ella ya empezó a mover sus propias fichas en las sombras.
Ángela entrecerró los ojos, sintiendo un sutil cambio en la densidad de la estrategia. La fría lógica de la supermodelo analizó el valor de la oferta en una fracción de segundo.
- Habla de una vez, Matteo. Mi paciencia tiene un cronómetro muy corto hoy.
- Doña Soledad no solo llamó a Ignacio esta mañana para quejarse de tu altanería en el jardín - confesó el socio minoritario, revelando el veneno con una sonrisa gélida - Después de que la echaste de la mansión, convocó a una reunión secreta en su villa de la costa. Se puso en contacto con un bufete de abogados en Ginebra para activar una cláusula de contingencia que el difunto padre de Ignacio dejó firmada. Una cláusula de salud mental que si logra demostrar que tu comportamiento tras el accidente pone en riesgo sistémico el valor de las acciones del imperio Del Vecchio, le permite revocar tus derechos matrimoniales y anular cualquier acceso que tengas a los activos de la firma.
Ángela se tensó levemente en su asiento pero no permitió que la máscara de hierro de sus facciones se alterara.
- Para activar una cláusula de ese calibre necesitaría el respaldo de la junta directiva y una evaluación médica firmada - replicó Ángela con una calma que resultaba aterradora.
- Exacto. Y yo tengo en mi tableta el borrador del documento que su bufete me envió a primera hora para obtener mi firma y mi voto como socio minoritario mayoritario - Matteo extrajo un dispositivo alternativo de su bolsillo interior y lo deslizó sobre la caoba hasta las manos de Ángela - Doña Soledad planea presentar esa orden judicial de evaluación obligatoria esta misma semana, justo en mitad de la gala anual de la Cámara de Comercio. Quiere que la seguridad pública te retire del evento bajo el amparo de una crisis psicótica inducida por el trauma del coche. Quiere destruirte frente a toda la alta sociedad para recuperar el control de su hijo.
Ángela tomó el dispositivo, revisando las líneas del documento legal digitalizado. Los sellos de Ginebra eran reales. La matriarca del clan estaba dispuesta a jugar sucio, usando los mismos métodos con los que habían sepultado la identidad de Ciara Rossi veinticuatro años atrás. Sin embargo, al entregarle esta información, Matteo acababa de sabotear los planes de la anciana aristócrata con tal de comprar su propia inmunidad corporativa.
- Te entrego a Doña Soledad en bandeja de plata, Ciara - susurró Matteo, con los ojos de reptil brillando por la codicia - A cambio, quiero que mi nombre quede fuera de la auditoría criminal de la división textil. Quiero tu palabra y el blindaje de Ignacio para conservar mi asiento en la junta cuando comience la reestructuración de Berlín. Tómalo o déjalo.