Reflejo de un amor. Una oportunidad

Capítulo 16: Molly

Observo a Rachel dormida en el sofá de Tom y sonrío. Quedó planchada después de comer la deliciosa comida del abogado.

Tengo que admitir que Tom cocina muy bien, casi mejor que mi padre y eso es mucho que decir.

Ojalá yo tuviera el don de la cocina. Lo hago bien cuando alguien me dice que hacer, mas estoy sola, me olvido de todo, mezclo condimentos y no siempre es seguro comer el resultado final.

Mi madre dice que no todos nacemos para la cocina y preferimos darle prioridad a otras cosas. La diferencia es que a ella no le gusta cocinar, a mí sí, nada más no tengo el talento ni la paciencia para hacerlo.

Tom aparece desde la habitación con una manta y la acomoda sobre Rachel. Ese gesto llega a mi corazón y deseo besarlo en este mismo momento.

No hay dudas que juzgué mal a Tom. No es un arrogante privilegiado que no sabe lo que es el trabajo duro. Es un hombre que nació en el seno de una familia privilegiada que apenas le prestaba atención. Es bueno en su trabajo, le gusta y lo hace bien.

Yo siempre digo que no hay que juzgar a las personas y fui la primera en juzgarlo por causa de las habladurías de la oficina.

Él se incorpora, me ofrece más vino y acepto, aunque no debería, ya bebí más de la cuenta y debería ir a casa. Sin embargo, aquí es agradable y estoy cómoda, no quiero irme.

Él sirve el vino en las copas y me pide que lo siga al balcón, lo hago porque hay buena vista y la temperatura es agradable para estar afuera.

Tom dijo que no me besaría de nuevo hasta que yo diera el primer paso y podría hacerlo. No soy una santa que espera que el hombre haga todo el trabajo. Si debo ir de frente, voy sin problemas. La única diferencia es que Tom me asusta. Me da un poco de miedo lo que siento por él, el hecho de que trabajamos juntos y si las cosas salen mal entre nosotros, no sé si podríamos solucionarlas y seguir trabajando juntos.

Acepto la copa, le doy un trago al vino y dejo que el líquido dulce pase por mi garganta y refresque mi cuerpo.

Nos quedamos en silencio por largo rato observando las luces de la ciudad. Soy la primera en hablar al divisar una paloma en el balcón de arriba y me pongo bajo techo.

—¿Qué sucede? —pregunta Tom, preocupado.

—Ahí arriba—señalo arriba—, hay una paloma que me mira mal. Tengo mala experiencia con las palomas. Parece que me ven como un inodoro andante porque suelen defecar sobre mí.

Tom dibuja una sonrisa.

—¿Llamamos a la policía?

Ruedo los ojos.

—¿Qué le decimos? ¿Qué una paloma me está espiando y podría estar siguiéndome para defecarme?

—Sí—corta la distancia y me toma de la cintura—. También puedes permanecer cerca de mí, eso hará que la paloma se vaya.

—O que te tome como inodoro también.

Ríe.

—No me importa.

El aroma y el calor que desprende el cuerpo de Tom duermen todos mis sentidos racionales. Su mirada intensa y sonrisa blanca me atraen como una abeja a la miel.

Madeleine tiene razón, no puedo no hacer nada por temor a lo que pueda pasar. Si las cosas no funcionan y debo buscar otro trabajo, lo encontraré sin problemas y tendré la experiencia para no volver a involucrarme con alguien del trabajo.

Si no hago nada, en un futuro puedo arrepentirme y odio arrepentirme de algo.

Paso un brazo por el cuello de Tom y acerco mis labios a los de él, quien se anticipa a mi accionar atrayéndome más cerca.

Bajo la mirada a sus labios y termino por unir nuestros labios en un beso pausado y lento, cargado de pasión contenida.

No quiero ir muy deprisa y hacerle pensar que podrá llevarme a la cama. Al menos no esta noche. Yo dije que no soy mujer de una noche y que tiene aventuras. Él no sabe que tipo de hombre es, o eso me hizo entender, por lo que es mejor ir despacio.

Abro la boca para profundizar el beso, las manos de Tom se mantienen en mi cintura y las mías en su cuello. Aún tengo la copa de vino en la mano.

Tom sabe lo que hace, besa muy bien y no se puede negar, así como tampoco decírselo. Todo un límite.

No sé cuanto tiempo pasa, nos perdemos en el beso, en el uno y en el otro. Nos separamos en cuanto siento que el beso sube de nivel queriendo llegar más lejos y necesito tomar aire.

—Ahora que diste este paso, no hay vuelta atrás.

—No habrá besos en el trabajo. Me tomo muy en serio mi carrera.

—Me parece bien.

—Te dije que no soy mujer de aventuras. Mejor vamos despacio.

—Cariño, si no quisiera ir despacio, mi mano estaría en tu trasero en este momento y tendrías la blusa abierta.

Suelto una carcajada y volvemos a besarnos.

—¡No! ¡No!

Me aparto de Tom y corro al interior a buscar a Rachel, otra pesadilla. Me arrimo hasta donde está ella y la despierto poco a poco para luego abrazarla.




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