Regla #2: No Beses A Mejor Amigo

Capitulo 1: Mi Mejor Amigo

—¡Sophie!

Abrí los ojos al escuchar mi nombre.

—¿Qué?

—¡Vas a llegar tarde!

Miré el reloj y salté de la cama.

—¡No puede ser!

Era lunes.

Y odiaba los lunes.

Me vestí rápidamente, agarré mi mochila y bajé las escaleras casi corriendo.

Cuando abrí la puerta, Liam estaba apoyado contra su coche.

—Cinco minutos tarde.

—Buenos días para ti también.

—Buenos días.

Me miró de arriba abajo.

—¿Dormiste con la ropa puesta?

—No tuve tiempo de peinarme.

—Se nota.

Le lancé una mirada asesina.

—¿Quieres vivir?

Liam soltó una carcajada.

—Sube.

Sonreí.

Así era nuestra relación.

Él me molestaba.

Yo lo amenazaba.

Y cinco minutos después estábamos riéndonos como si nada.

Liam era mi mejor amigo desde que éramos niños.

Habíamos crecido juntos.

Conocía mis secretos.

Mis manías.

Mis inseguridades.

Incluso sabía cuándo estaba mintiendo.

Y yo conocía cada parte de él.

Por eso nuestra amistad funcionaba tan bien.

No había secretos.

No había complicaciones.

Y, sobre todo, no había sentimientos románticos.

Al menos eso creía.

—¿Vas a ir a la fiesta del viernes? —preguntó Liam mientras conducía.

—¿Qué fiesta?

—La de Ryan.

—Ah.

—¿Vas?

—No sé.

—Vamos juntos.

Lo miré.

—¿Como amigos?

Liam sonrió.

—¿Cómo más?

—No sé.

—Sophie, llevamos años haciendo todo juntos.

—Lo sé.

—Entonces no empieces ahora.

Me reí.

—Está bien.

—Perfecto.

Al llegar al instituto, vimos a Emma y Preston en la entrada.

Emma sonrió al vernos.

—¡Sophie!

Me acerqué a abrazarla.

—¿Cómo estás?

—Bien.

Preston miró a Liam.

—¿Otra vez llegaron juntos?

Liam levantó una ceja.

—¿Te molesta?

—No.

Emma sonrió.

—A mí me parece que hacen una pareja adorable.

—¡Emma!

Liam comenzó a reír.

—¿Ves? Ella sí nos entiende.

—No somos una pareja —dije rápidamente.

—Todavía —murmuró Liam.

Lo miré.

—¿Qué dijiste?

—Nada.

Emma nos observó con una sonrisa sospechosa.

—Ustedes dos son rarísimos.

—Somos amigos —respondí.

—Los mejores amigos —añadió Liam.

Me dio un pequeño golpe con el hombro.

Sonreí.

Claro que éramos mejores amigos.

Y nada iba a cambiar eso.

Durante el almuerzo, Liam se sentó a mi lado.

Como siempre.

Me robó una papa.

Como siempre.

Y me hizo reír.

Como siempre.

—¿Qué miras? —preguntó.

—Nada.

—Me estás mirando.

—Porque tienes una mancha en la cara.

—¿Dónde?

Señalé su mejilla.

Liam intentó limpiársela.

—¿Aquí?

—No.

—¿Aquí?

—Tampoco.

Me acerqué y limpié la pequeña mancha con mi dedo.

Cuando levanté la mirada, Liam estaba mirándome.

Muy cerca.

Por un instante ninguno dijo nada.

Sentí algo extraño en el pecho.

Entonces Liam sonrió.

—Gracias.

Me aparté rápidamente.

—De nada.

Sophie, me dije.

Es Liam.

Tu mejor amigo.

Nada más.

Después de clases caminamos juntos hasta el estacionamiento.

—¿Te pasa algo? —preguntó Liam.

—No.

—Estás callada.

—Estoy cansada.

—¿Segura?

Asentí.

Liam me miró unos segundos.

—Sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿verdad?

Sonreí.

—Lo sé.

—Bien.

Me abrazó.

Un abrazo normal.

De amigos.

Pero esta vez mi corazón volvió a hacer algo extraño.

Cerré los ojos.

Y por primera vez me pregunté algo que jamás había pensado antes.

¿Y si Liam dejaba de ser solamente mi mejor amigo?

Abrí los ojos rápidamente.

No.

Imposible.

Habíamos hecho una promesa.

Una regla.

Nunca besarnos.

Y pensaba cumplirla.

O al menos eso creía.




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